You are annoying, thanks. || Daze + Aidan
—Al final lo mandaré a volar sin ningún remordimiento y así dejarlo en libertad para que tenga una bella vida, corta, pero bella al fin y al cabo. Podrá volar durante horas y horas antes de morir. Ver el mundo desde un ángulo de los que no muchos pueden presumir—. Permitió que un suspiro dramático y profundo se le escapara de entre sus delicados labios. Observó al globo son mucho interés mientras se dedicaba a dar cada paso que los alejaba del hombre con los globos. ¡Incluso había olvidado el diploma que adornaba el rostro de Aidan! Vaya que las cosas eran extrañas tan solo poner un pie dentro de un lugar tan divertido y animado como lo era la feria en sí. —He dicho que lo eres en ocasiones, no es mi culpa que no lo seas la mayor parte del tiempo. ¿Me estás amenazando? Porque estoy pensando muy seriamente en mantenerme alejada de ti las próximas horas. No quiero que nadie ponga en riesgo la vida de Carlos. Y sí, ya lo he bautizado—. Agregó por las dudas. A veces, muy pocas, podía nombrar a objetos inanimados a su gusto. Su cama se llamaba Magdalena y su móvil Ana. —Pero si ya me conoces a la perfección… Bueno, primero quiero recorrer toda la feria y luego comer algo. Ya sabes, para terminar mucho más hambrienta de lo que estoy ahora. Tengo que hacer mucho espacio para toda la comida que tengo contemplado ingerir—. Movió la cabeza de adelante hacia atrás. —¿No es mejor un circo? Digo, en uno hay más posibilidades de que descubran cualquier talento que tengas escondido—. Sugirió, bromista, pues no sabía qué tan en serio iba el muchacho; aunque siendo Aidan… —Y solamente por eso no te prestaré a Carlos—. Agregó tras inclinar la cabeza hacia atrás para poder observar con detenimiento al globo amarillo.
-Shh.- Colocó su índice en sus labios y se detuvo mirando al cielo.- Ahora está explorando este distorsionado mundo desde un ángulo del cual muchos no pueden presumir; déjame disfrutarlo por él y por mí. Su nombre era Steve, y fue un gran amigo.- Uso las palabras que recordaba que ella había dicho, para después alzar su mano al aire y despedirse hacia lo que tan solo se veía como un punto lejano, para después fingir romper en llanto y apoyarse en el hombro de Darcie. Y de la nada, como la mayoría de sus acciones, se separó de ella, y sonrío como si nada.- Traté de entrar a un circo, Darcie, no me lo recuerdes. Bueno, ni lo intenté, pero le planteé la idea a mi familia y mi abuelo me arrojó un tenedor. Ahí aprendí que debo permanecer callado en las cenas, o en cualquier lugar donde las personas puedan usar algo como una arma contra mí, y a guardarme ciertas cosas. Pero déjame decirte que ese día no solo hirieron mi brazo con un tenedor, sino que también destrozaron mis sueños de irme en un circo a recorrer el mundo, a ese día yo lo llamo el día negro.- Muy pocas veces había contado esa historia en voz alta, por eso que cuando escuchó las palabras salir de su boca no pudo evitar fruncir un poco el ceño; no le sorprendería que su acompañante pensara que la mitad de lo que le contaba era mentira, si sonaba completamente ridículo cuando no era más que la verdad (quizás un tanto exagerada, pero la verdad a fin de cuentas). -Ahora, volviendo al tema central después de unas desviaciones sin sentido, debo admitir que me siento aliviado de que no tengamos que recorrer cada puesto de comida primero. No sé tú, pero el show de los tipos piromanos, esos que tragan fuego y lo escupen, y lo vuelven a tragar para volverlo a escupir; siempre llama mi atención. O quizás quieras ir a los estafadores... -Murmuró mirando a su alrededor.- ¡Digo! A todo todos esos puestos de juegos que tienen premios de lo más cool pero que nunca te ganarás porque están arreglados. Y ¡no lo digo de resentido por no haber ganado nada jamás! - Si lo decía de resentido por no haber ganado nada jamás.













