Hoy es el cumpleaños de mi padre. Cumpliría 100 años. Me parece que es un buen momento para recordar que le recordamos; y para rescatar, con muy poca edición porque poco más hay que añadir, este texto que publiqué hace unos años, un día de San José.
TODO SOBRE MI PADRE
Mi padre, Pedro Antonio Martínez Lucas, nació un 14 de febrero de 1922 y falleció 66 años más tarde, el 30 de marzo de 1988. Yo cumplí quince años dos días después, y no ha habido un solo día en que no eche de menos la posibilidad de hablar con él de tantas, tantas cosas. Mi padre provenía de una familia humilde, de convicciones republicanas, lo que les llevó a sufrir represalias en los inicios del franquismo. Fue militante socialista en la clandestinidad y luego, en la transición, un militante activo del PSOE. No sé lo que pensaría de la situación actual. Él básicamente era un socialdemócrata, ferviente admirador de Willy Brandt, de Olof Palme y de la idea europea de estado del bienestar que, pensaba él, había iniciado una nueva época en la que el futuro nunca iba a parecerse ya al pasado reciente.
Es curioso, pero visto con perspectiva su vida transcurrió en un hiato temporal: nació recién fundada la URSS, que parecía un bloque inexorable como referente político e histórico con vocación de eternidad; sin embargo, apenas dos años tras su muerte el bloque soviético se derritió como un cubito de hielo en el desierto. También tuvo la oportunidad de ser optimista respecto al futuro, pues si bien vivió la guerra civil, el auge de los totalitarismos y la dictadura, en general su experiencia vital le pudo generar la expectativa de que el progreso era una línea ascendente y que cualquier tiempo futuro sería mejor, con más calidad de vida, más cobertura pública de las necesidades de los que menos tienen, etc.
La prolongada enfermedad de mi padre fue un hecho que tuvo especial peso en mi infancia. Sufrió un infarto cuando yo tenía unos dos años, una trombosis en la pierna derecha un par de años más tarde, que le obligó a someterse a varias intervenciones para injertarle una vena; y una hemiplejia cuando yo rondaba los siete. Dicho así podría pensarse que su fallecimiento fue la crónica de una muerte anunciada, pero ni mucho menos; sus dolencias eran algo cotidiano, estaban ahí y parecía que lo iban a estar siempre. No fue así, la muerte siempre encuentra la forma de sorprendernos. No obstante pudimos compartir cosas: él me transmitió su admiración por Julio Verne y el mundo submarino, el interés por la ciencia, las películas de John Wayne, un sentido un tanto romántico de la justicia. Le gustaba, como a mí, el tapeo de barra de bar y alternar a la hora del aperitivo, costumbre que ahora yo comparto también con mis hijos.
Era un hombre profundamente moderno. Y con ello quiero decir que no llegó a verse concernido por la posmodernidad. Para las personas con perfil intelectual de su generación había un muro infranqueable que separaba el mero entretenimiento de la cultura "de verdad". Sus valores eran los de la Ilustración y el humanismo, y en el breve tiempo que compartimos me transmitió también un sentimiento que a veces pienso que ha jugado en mi contra: valorar el conocimiento y la formación per se, seguir el camino de la curiosidad por los más variados temas sin necesidad de repercusión práctica alguna. El saber por el saber y no como mera formación profesional.
Era, si no ateo, al menos agnóstico; lo cual no le impidió tener ocho hijos. Simplemente le molaba ese caos de familia mogollónica, pese a que mi madre y él habrían podido llevar una vida mucho más fácil, incluso acomodada, con tres o cuatro hijos.
Pero, ¿cómo era mi padre realmente? Visto desde la distancia, lo definiría por una cualidad que me fascina: su capacidad para ser referente de quienes le rodeaban, cualidad que compartía con sus hermanos y hermanas. Eran seres especiales, con un sentido de la ética que les daba un cierto aire de elegancia espiritual, si es que tal concepto existe. Mi madre, que tiene mayor capacidad para la síntesis, lo resume así: “tenía mucha personalidad”.
Así que sí: hoy, este 14 de febrero de 2022, se lo dedico a mi padre. Aún eres mucho más que una fotografía desenfocada.