Tal vez puedas contarles un chiste —sugirió, encogiendo los hombros con una ligera sonrisa dibujada en los labios—. ¡Antes tenía catorce años! Ahora estoy más rellenito. Yo sólo lo hago por el bien de tu columna, no te quejes —le mostró su lengua, arrugando al mismo tiempo la nariz—. No te estaba toqueteando, eres un exagerado. Con respecto al permiso, no sé, aún no decido si lo quiero de vuelta o no —tocó su barbilla con aire pensativo unos segundos, mordiéndose el interior de la mejilla—. No, acabas de dejar de ser tierno, ahora eres un pervertido, sí, eso eres, aléjate de mí, no me toques —bromeó—. Si tienes cama o no, no lo sé, supongo que sí, pero creo que te verías bien aquí dormido en el sofá... sin mí, claro. Yo no dormiría aquí ni loco —carraspeó, fingiendo un tono de egocentrismo, y rió por lo bajo. Apagando lentamente sus risas, miró al chico, examinándolo unos segundos antes de volver a hablar— Pues, como dije, ya no tienes espinillas, así que digamos que te ves mejor. Y ese corte de cabello te queda bien —dijo, ahorrándose aún bastantes cosas que prefería no decir en voz alta, encogiendo los hombros para darle a entender que había finalizado—. Sí, mis padres siguen siendo iguales, que no se diga mi padre, en cualquier momento me echa desinfectante o algo así —bromeó, con más ánimos de los que en realidad sentía. Con sus mejillas aún enrojecidas, sonrió levemente después de separar sus labios, permaneciendo en silencio por unos segundos pues desconocía la respuesta, pero se encargó de idear una velozmente— Tú me besaste primero, era revancha —soltó lo primero que pensó, abriendo los ojos para mirar fijamente a los contrarios, todo sin alejarse demasiado del castaño—.