Eres aburrido, las cámaras que te han estado grabando dormido pueden probarlo —replicó, arqueando las cejas como si hubiese ganado ya la discusión—. Te quebraría toda la columna, Niko, y por mucho que me parezca interesante hacerlo, no lo haré. ¡Y no te estaba tocando! Sólo quería mi juego de vuelta, aunque tú y yo sabemos que tengo ese permiso desde hace mucho —asintió con la cabeza velozmente mientras dibujaba una ladina sonrisa, reprimiendo un par de risas en el fondo de su garganta—. Yo estaré loco pero soy adorable, tú no lo eres y también eres aburrido; dime quién tiene mejor potencial —bromeó, volviendo a reír—. ¿Podrías dejar de pensar en sexo por unos minutos? Estamos teniendo nuestro reencuentro emotivo, Dios Santo, Niko, nada se puede contigo —bufó con fingido fastidio, poniendo los ojos en blanco, en cambio terminó por volver a reír, tal como de costumbre— No me importaría dormir contigo pero si es en éste sillón, olvídalo —negó rotundamente, decidido a no pasar su noche en aquél pedazo de mueble—. Exacto, estamos más grandes, es diferente. Te digo, ya no eres un enclenque adorable, ahora eres… eres más… uhm, en cuanto pueda describirte sin sonar demasiado gay, te lo haré saber —concluyó, mordiéndose el interior de la mejilla. Frunció un poco el ceño ante el repentino silencio del chico, sorprendiéndose verdaderamente cuando sus labios estaban siendo ocupados por los contrarios. Abriendo sus ojos con asombro, se quedó paralizado por unos segundos hasta reparar en que estaba siendo besado por el mayor. Dejándose llevar por el momento, cerró los ojos, correspondiendo a su beso, moviendo sus labios primeramente lento y después aumentando la intensidad, siguiéndole correctamente el ritmo al otro. Tenía meses sin besar a nadie y años de no besarlo a él, lo cual era extraño pero bastante agradable a la vez. Cuando se separó, hizo una rápida mueca por ello, volviendo a fijar sus ojos en los ajenos, escuchando perplejo lo que le decía—. ¿Por eso te cambiaron? Vaya… —murmuró con desanimo, no esperándose esa respuesta— Si te hace sentir mejor, cuando mis padres se enteraron casi me sacan a patadas de la casa —confesó, realmente intentando aligerar el momento, tal vez utilizando el erróneo comentario. Sonriendo levemente, negó con la cabeza sin llegar a responder, haciéndolo mejor de otra forma, tomándolo como venganza por lo sucedido minutos antes. Acortó de nuevo la distancia entre sus rostros, uniendo sus labios, con la necesidad y deseo que le había dejado antes, al terminar con esa acción—.