Siempre cuesta; era complicado, pero contigo fue tan sencillo, tan… real.
Hablar con aquella chica de ojos grandes y preciosos fue algo de lo que nunca me arrepentiré.
Yo era un poco desastre… y ella también, pero hablar era algo que nos ayudaba a nuestras almas.
A simple vista, era y es hermosa; por dentro, su corazón era el más grande que nunca antes había visto en toda mi existencia.
Nuestros mundos eran diferentes, pero al mismo tiempo paralelos.
Yo no confiaba en mí, pero tú si.
Tú no confiabas en ti, pero yo sí.
Fuimos y somos en este mismo instante y espero que sigamos siendo hasta el resto de nuestras vidas.
Niña, nunca dudes, no hay luz en el mundo que se pueda comparar a ti, a todo lo que eres.
Chica, cuando te sientas en las tinieblas, estaré contigo abrazando tu alma.
Si me preguntan por ti, diré que eres un universo maravilloso; y si me preguntan que eres para mí, les diré… Ahora que lo pienso, qué cosas no les diré…
Gracias, M.
-El del apellido raro

















