La Señal de Carmín
Cretinamente caen, como hojas que siendo eternas se desprenden, y en este mundo de despojos, mis pasos ya no se defienden. Me pierdo entre el vicio y el desperdicio de la gente, lejos del viento, ahogada en una nostalgia persistente; de sueños que se borran, de tactos que el tiempo no ha tatuado, en este reino de lo rancio, donde el juicio al loco es sentenciado. Bebo el agua estancada que hacia el cielo se ha filtrado, donde el pez carnívoro reina en un río sentenciado.
Me pierdo en el laberinto de tu mente y de tu foso, exprimiendo mi mirada para ver por tus ojos el reposo. Escalo muros que retumban, que resuenan y que vibran, mientras las placas de la tierra en su danza se desequilibran.
Escucho a los Dioses, mis ancestros de tiempos ya remotos, tan primitivos y humanos, con sus pasos siempre rotos. Caminan por el mundo, marchan con paso errabundo, y se pierden en mis vías, en mi rastro más profundo.
Me pierdo en el aroma a sal que nuestras lenguas compartían, cuando en proyectos e hijos nuestras almas se fundían. Recuerdo aquel color coral, el turquesa de aquel mar, en el ocaso de una vida que no pudimos heredar.
Contemplo ante mis plantas un continente en agonía, manchado de odio racial y de sangre todavía. Se escama la esperanza, se agrieta el suelo bajo el pie, lleno de almas que en el mar perdieron toda su fe. Esta Tierra se desgarra como se desgarra mi intención, donde el dolor se filtra y busca su propia absolución. Soy responsable ahora de sellar esa cloaca, ese subsuelo, de tapar la podredumbre que nos priva del consuelo.
Me pierdo y me reencuentro en el mortal de la caída, donde mis pasos son el mortero de la hoja ya vencida. Y nuevos aromas, especias que nunca antes conocí, inundan los caminos que jamás recorrí por ti.
Quisiera cerrar el libro, volver a ser esa niña, antes de que el fin del mundo nos atrape en su rapiña. Despertar de pronto un día, ver mis manos y encontrar un pequeño lunar rojo que me obligue a recordar. Que sea ese estigma escarlata el que me dicte la memoria, para no elegir las mismas grietas, ni la misma vieja historia.















