A contrarreloj
De pronto las agujas del tiempo comenzaron a moverse. Yo no puedo más que responder a su aceleración desenfrenada, saltando cada vez que las manecillas intentan pasar bajo mis pies para derribarme. Las esquivo quirúrgicamente y sigo. ¿Qué más puedo hacer además de seguir su juego? En la plataforma circular aparecen objetos, situaciones o propuestas como bloques de colores. Nunca lo hacen a mis pies, sino a la altura de mi tórax: levitan, coloridos, traslúcidos, inmateriales e inesquivables . Oscilan a la velocidad de esas manecillas que no dejan de girar. Me atraviesan y me transforman: se vuelven parte de mí y me impregnan de sus colores. Me pintan como un lienzo, cada vez menos homogéneo y más inestable.











