— Una lástima, aunque tal vez pueda haber una cura para tal mal. — Rió leve mientras se dedicaba a terminar de limpiar el cuchillo para pasar a un par de dagas. — No puedo esperar a que me deleites con tus habilidades narrativas. — Sonrió de lado con la vista centrada en las dagas mientras lo escuchaba leer. Resistió las ganas de soltar una carcajada al reconocer el relato que había escuchado (en secreto) a su parabatai leer tantas veces.
-- Lo dudo, James. Lo dudo muchísimo. -- Se sonrió, disfrutando el tono juguetón que ambos usaban, que le recordaba a cuando tenían sólo doce años y disfrutaban irritarse el uno al otro. Jem había perdido la costumbre, él... no tanto. -- ¿Qué fue eso? -- Preguntó sonriendo, al oír el sonido ahogado que Jem había producido accidentalmente -- ¿Te estás riendo de mí?









