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@wibkinna
Otra mina muerta, una mina con vida, nombre, con sueños o sin ellos, esperanza o sin. El nombre de ella es Agostina, pero grábense el nombre del femicida, CLAUDIO BARRELIER, que no muera la memoria, un tipo con antecedentes que estaba libre.
No dejemos morir los nombres, y que la culpa cambie de bando.
(Luis Cernuda)
Mi primer primero de mayo militando. No puedo explicar lo feliz que me hizo sentir, el formar parte de esto como comunista, palabra que en mi hogar era mala palabra y en mi pueblo sinónimo de mamarracho. Desde que leía a Marx sabía cuales iban a ser los principios que rigieran mi vida, encontré mucho de mi fe cristiana en sus ensayos, sabía que serían parte de mi brújula. Una a veces puede parecer incrédula creyendo en que el humano puede ser realmente bueno y en que una sociedad puede encontrar su bien en lo común, en lo solidario, pero el mundo me mostró siempre su amabilidad para que no perdiera mi amor. Desde las ollas populares organizadas en el barrio, que salvaron a mi familia más de un domingo al mes, la maestra de seminario que hizo de madre cuando no tuve refugio emocional, las amigas que sin segundas intenciones me compraban meriendas, ignorando que habían salvado mi estomago ese día, y las vecinas que más de una vez salvaron mi salud menstrual (una realidad difícil que en las pobres los de afuera ignoran). Me niego a lo que imponía Hobbes, y de lo que presumía Maquiavelo, porque siempre encontré una mano, un abrazo, un plato caliente, incluso en desconocidos.
En días donde la realidad mundial adormece la cabeza y oscurece el alma, encuentro en mi fe la esperanza de que aunque no este para verlo, un mundo mejor es posible.
Amén; seguiré orando, pero luchando también.
Cuanto dolor hecho resistencia.
Rompamos todo, hasta que no falte ni una.
Abrazos antiimperialistas
Sarita siempre al pie.
Mi postura política en una foto:
Asi se siente militar.
Si muero quiero que sea en mi ciudad. Sé que mi sangre es roja como flor de abril y mi gente blanca como hueso de bagual, no reniego de a quien amo ni de la bandera que levanto.
Me contó mi padre que un cura le dijo que Melo estaba maldito, que la energía era pesada y se tenía que exorcizar; si es así que mis gusanos alimenten un ceibo, volvere como luz mala cuando camines lejos del rancho, seré parte del mito local, pero quiero morirme en mi ciudad.
No solo morirme, también trabajar. Quiero que todo lo que me nutre sea devuelto a lo que me regó, al amor de mis vecinos, al cuidado de mis amigas, al como me enseñaron que se hace comunidad. Quiero que el amor que milito abrace también a mi Melo, que la utopia que sueño no este solo en mi cabeza.
Que leerle cuentos al abandonado y juntar para el que se quedo sin nada sea la norma, que reclamar por lo injusto no sea un grito ahogado ni alarma de persecusión.
Quiero morirme en mi Melo, en mi ciudad. Quiero morirme y quiero habitarlo. Que sea posible para otros también existir en una realidad donde el contrabando no sea lo definitorio.
Poder clavar mis dedos en la tierra y que se hagan raíz. Fundirme en la siesta eterna de mi india. Que cuando mis ojos se cierren, lo ultimo que vean sea mi cerro.
Levantar el nombre de la ciudad desde dentro, que ser del interior no es bastardeada, que tenemos derecho a no morir en la capital.
Que no muera la historia Arachana, que me la quiero aprender para antes de morirme, poderla contar.
En mi barrio hay mil ausencias en una olla que dejó de calentar, pero el fogón siempre puede volver a encenderse, a la gente siempre se la puede volver a invitar.
Aun prendo velas por los fantasmas; por los que vienen, que siga siendo fertil mi suelo arachan. Saravia sigue plantada para cada desfile, la batucada aun se escucha en enero, y en algunos barrios perdidos todavía hay canto popular.
Como Juana pidió, le pido yo a mi amante, si muero que me arroje semillas y a flor de tierra me haga enterrar, para subir por las raíces vivas y poder a mi Melo adorar.
Quiero comerme el mundo pero lo vivo a través de una pantalla.
Quiero volver al campo,
al verde,
al sonido de grillos.
La bosta de vaca,
el ruido del cable,
la poca polución ambiental.
El ruido a la nada,
los gatos corriendo,
la perra bajo el sol.
Quiero comerme el mundo de la forma que sé, sentada bajo un árbol ajeno, en tierra de nadie, sin sucesión.
Asi salgo a la calle.