No me di cuenta en que momento nuestras miradas ya se comunicaban, en que segundo nuestras risas a mitad de la calle iluminaban la noche, y las pláticas se convertían en una manta contra el frío.
Tal vez sólo decidí ignorar que en algún momento caeríamos en el silencio, que la obscuridad nos alcanzaría y el frío nos congelaría.










