Era un chico capaz de ver la bondad en las personas, todo favor que le pedían, lo hacía, jamás decía que no. Era muy positivo y lleno de energía. Entendía que su labor en el mundo era servir para los demás y que gracias a ello la sociedad sería mejor. Trataba de aprender de todo lo que pudiese. Ayudaba a un señor mayor en un restaurante de comida rápida en el área de la cocina, tenía su propia esponja, ésta estaba siempre reluciente y con gran brillo, como si estuviese acabada de comprar, ya no las fabricaban. Un día de esos, que nadie quiere tener, el joven se encontró un muchacho que no tenía pinta de ser buena gente y le quitó todo lo que traía encima. Al día siguiente, cuando el muchacho empieza a revisar todo lo que quitó al ayudante del señor del restaurante, descubre que hay una esponja muy bien conservada y brillosa. Decide tomarla y lavar su auto con ella. El auto queda impecable, como si estuviera acabado de sacar de la agencia de autos. Al cabo de un semanas, el auto empezó a tornarse oscuro y se oxidaba poco a poco. El chico, cometía muchos robos en él, llegó a caer en prisión varias veces. Pero, la verdadera pregunta es, ¿Por qué el auto cambió su aspecto, de reluciente a viejo y abandonado? Resulta que la esponja absorbía toda la forma de la persona que la obtuviese, como el primer chico era muy bueno con la gente, la esponja siempre se mantenía nueva y reluciente, pero como el segundo era muy malo y cometía muchos delitos, la esponja ensuciaba y dañaba todo lo que tocaba. Muchas veces las acciones de los seres humanos son como esponjas, mientras que nos mantenemos haciendo cosas buenas, esa energía positiva se transmite hacia los demás y puede hasta que los contagie, mientras que si nos mantenemos en caminos malos y cometiendo actos indecorosos, nuestro alrededor será oscuro y lleno de mala energía.