digo que no estoy rota, pero hay trocitos de mi por todas partes; en canciones, en recuerdos y en personas.
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digo que no estoy rota, pero hay trocitos de mi por todas partes; en canciones, en recuerdos y en personas.
most beautiful smile ♡
Su pequeña mano sujetaba fuertemente la de su madre, mientras que de su frente resbalaban gotitas de sudor. También tenía sed y un dolor en sus pies que se volvía casi insoportable.
“Saldremos a dar un paseo”, había dicho su madre. Pero, eso no parecía un simple paseo.
Sus sandalias de gusanito fue lo único que su madre le dejó ver durante todo el camino, aún así, podía sentir un ambiente familiar y su mente comenzaba a imaginar por dónde se encontraban.
Los auriculares todavía descansaban sobre su cabeza reproduciendo una tonada de la cual había olvidado el nombre... Pero le gustaba y era su favorita.
Fue un poco tarde cuando notó que su paseo había terminado. Su madre le indico en silencio que tomara asiento al pie de unas escaleras.
“No te muevas de ahí ”, le dijo en un tono inaudible.
La madre junto con otra mujer (que no supo de dónde salió) se aseguraban de cerrar bien la cortina y dejar bien puestos los candados.
Posteriormente, los tres subieron las escaleras (que eran estrechas), la desconocida de cabello corto y ropa oscura subió por delante, enseñándoles el camino.
En el segundo nivel, los ojos del niño brillaron de deseo, de ambición, de armonía, estaba tan extraviado que podía ahogarse en lo sublime. Cada repisa, cada estante, de derecha a izquierda, de arriba a abajo, donde quiera que mirase, todo, absolutamente todo estaba dedicado a una década de música.
Mamá le quitó los audífonos con delicadeza, dándole así permiso de caminar alrededor de la sala.
Ella después, comenzó a murmurar cosas que Jimin (el niño), no podía comprender.
“Se bueno con él cariño” escuchó que la desconocida decía.
Usaba una playera a rayas blancas y negras junto con un overol, tenis blancos e incluso usaba lentes.
En su afán de solo congeniar, ambos se unieron en un vínculo único e inseparable.
Juntos decidieron que parecía buena idea mirar a través de la ventana... A ambas mujeres no parecía importarles.
Al asomar los ojos, Jimin tuvo una impresión sobre la gama de colores tan opacos que pintaba el panorama y toda esa suciedad acumulada en el cristal...
Lo sabía, la plazuela (que ahora reconocía mejor) y todos sus establecimientos estaban hechos cenizas, los árboles botaban cenizas en lugar de hojas, creando una lluvia de recuerdos destrozados; todo aquello era la sobra de lo que alguna vez consideró como su lugar favorito en el mundo.
Cuando ella entraba a clases y tomaba asiento detrás, era entonces una constante batalla; de miradas ambiguas pero que significaba mucho más, el sentimiento de deseo.
HoSeok amaba esos momentos lentos y dulces. En donde todo lo que predominaba eran las miradas apasionadas y con detalles de timidez, una timidez única, especial y pura.
Literatura era por supuesto, su asignatura favorita.
De nuevo, mirar atrás y toparse con esos ojos gigantes y brillosos era en si, la desición más buena que Hobi pudiera tomar. El cabello de Hyuna le brindaba una sensación de comodidad, porque el verlo bien peinado, brilloso y esponjado era sin duda una de las mejores vistas, después de su rostro, obviamente. Y sus labios, esos labios... Rojizos, gruesos y sedosos igual que dos pétalos de rosas recién cortadas.
No podía evitarlo, ella igual hacia lo mismo con él. Lo miraba fijamente por mucho tiempo hasta que seguramente había memorizado cada uno de sus rasgos masculinos y finos. Hasta que había contado con precisión cada lunar y marca en su piel, o hasta que sus ojos ardían por mantenerlos céntricos en un sólo lugar.
Sus miradas se podían definir como necesidad.
Cada uno, quería tener el calor del otro.
Querían acariciarse la piel.
Querían verse a los ojos por mucho tiempo hasta que... Hasta que el tiempo se lo permita.
Y querían tocarse, por todas partes, susurrar cerca de sus oídos y después compartir pensamientos profundos y personales, y mucho después, tomar sus labios como dos engranajes exactamente diseñados sólo para que encajen así mismos y no con nada más... Por qué así lo sentían ellos, sus labios eran dos piezas inseparables.
No tardó mucho su lejanía, cuando el profesor decidió que era mejor si ambos trabajaban juntos en la actividad para un mejor desempeño. Y bueno... No podía ser mejor para los dos.
El bálsamo suave y dulce que tanto le gustaba, ahora estaba solo para él, y para Hyun-Ah estaba esa esencia de vainilla, pura vainilla que le llenaba el alma de serenidad, de tranquilidad, de bendito amor... Le encantaba tanto.
Los trabajos de clase eran mejores cuando se tenían el uno al otro, y mucho más, cuando por debajo de la mesa, sus manos se entrelazaban tímidamente, con delicadeza para no lastimarse y no incomodar al otro. Pero al final, cuando ambas manos estaban tiernamente unidas, en un hechizo amoroso, era entonces cuando todo estaba perfectamente bien... Cuando ellos se sentían bien.