Por fin...
Gruñó un poquito al escucharle y se pegó más, cariñosa.—Déjame dormir como yo quiera —refunfuñó, dando un beso en su cuello.—Si tengo calor, me alejaré —aseguró divertida, sonriendo un poco.—Descansa, cariño.
--Ah, si ¿no? Te alejarás y me darás la espalda--. Se quejó él entonces, ya con los ojos cerrados, pero con una sonrisa. --Entonces te buscaré en medio del sueño y me pegaré a tu espalda y volveré a darte calor y no te quedará cama para escapar--. Bromeó, soltando una risa. --Te amo, princesa--. Besó su mejilla y se acomodó. --Descansa también--.













