El clima plomo, brío gélido en las calles, espesos nubarrones formándose en el cielo, era de esas tardes grises que alimentaba a los nostálgicos, a los decadentes y los detractores, correspondientes a la supuesta inspiración de esa amenaza no cumplida de una tormenta esperada. Él también formaba parte del cuerpo que clamaba encanto y fascinación a aquel tipo de días, de no ser por su estado un poco desfachatado (migraña estrujando las neuronas, tos enjaulada en la garganta, síntomas que esperaba se esfumaran en cuestión de horas dado que mañana era un día más de trabajo), la incomodidad era tal que hasta contuvo la mano trémula de armar un cigarro de tabaco, los pulmones no estaban en condiciones de soportar el vicio— Eh, tú —directamente al primer ente que reconoció — conoces… ¿conoces de alguna farmacia por aquí, eh?
La tormenta estaba a punto de caer, Graham regresaba a casa con el deseo de estar en cama y dormir unas diez horas.... sueños tontos, seguramente la casa estaría echa un asco, Howard debía comer y Melissa tenía que trabajar de noche. Con pasos acelerados, y la cabeza abajo, paso frente al desconocido que fumaba, sin embargo se detuvo una vez que le escuchó. “Unas dos cuadras más y puedes encontrar el hospital... dudo mucho que una farmacia este abierta, ya sabes... la lluvia se acerca.” Comentó mientras con su dedo indice señalaba hacía las nubes.













