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“¿Disculpa?” inquirió intentando no sonar ofendido, pero lo estaba. Claro, era imposible competir con la ternura de Ddeok, necesitaba al menos veinte kilos de más para verse así de abrazable, pero él era bello y tierno. Lo era. Y no iba a dejar que ninguna princesa lo contradijera. “Más cuidado con lo que dices, o podrías terminar lavando mi ropa” espetó con lo que esperó fuera un tono amenazador, pero perdió cualquier efecto cuando una ventisca helada revolvió su cabello con un montón de hojas que habían volado por el jardín. Fue ahí cuando apareció un guardia y se aclaró la garganta para informarles que se aproximaba una tormenta. “¿Tormenta de nieve?” cuestionó confundido, pero no necesitaban decírselo dos veces. No iba a arriesgar a Ddeok a enfermarse. Y a la princesa Xiaoqing, por supuesto. “¡Está bien, la hora del baño terminó!” anunció levantándose de su silla de playa. Le dio órdenes al guardia para que se llevara la silla y Taeil se acercó con dos toallas hacia la princesa y Ddeok. “Esta es para ti” dijo con cariño y envolvió al cachorro con todo el cuidado que sus manos poseían. Y luego tiró la toalla sobre la cabeza de Xiaoqing conteniendo la risa. “Y esa es para ti, esclava”.
❝ Lo lamento, ¿sí? No me hagas lavar tus prendas por una simple broma, por favor. ❞ pidió, juntando ambas manos y cerrando fuertemente los ojos, como si le estuviera orando a una fuerza superior para que aquello no sucediera. No pensaba ni deseaba que sus palabras tuvieran tal efecto en el príncipe. Iba a disculparse nuevamente, mas un guardia se acercó. ¿Tormenta de nieve? Se levantó rápidamente, ya que antes se encontraba en cuclillas para asemejarse, aunque sea un poco, a la altura del cachorro. Observó la escena que ocurría ante sus ojos con ternura hasta que todo se volvió negro. ❝ No sabes lo gracioso que eres, Taeil. ❞ rió falsamente, sacándose la toalla de la cabeza. Sus piernas se movían rápidamente hacia los adentros del palacio, echando un pequeño vistazo hacia atrás de vez en cuando para saber si sus acompañantes le seguían el paso. Una vez que estuvieron seguros dentro de cuatro paredes, habló. ❝ Pediré dos tazas de chocolate caliente, ¿o prefieres café? ¿Té quizás? Tú dime. ❞















