El nuevo semestre me mira pesado, retador y un poco agobiante. Sé que esa es mi percepción, pero todavía me cuesta aceptar lo que significa, todo el camino que he recorrido y lo que ya tendría que haber aprendido. Sin embargo, continuo de pie, le regreso la mirada, no me marcharé tan fácil de aquí.
Estos días las clases se vuelven más dinámicas, de este lado y del otro participan. La opinión, el criterio y los conocimientos generados son forzados a salir de mi boca y de la de otros. Es una manera de desenpolvar la memoria y los cuadernos viejos, aquellos que se convirtieron en la evidencia del inicio de una nueva travesía, de una nueva esperanza.
Tengo un poco de miedo, al principió creí que eran los horarios, pero en realidad es todo lo que supone y debe hacerse. Aún me observo como una novata, nunca dejaré de ser esa persona que llegó a las 9 de la mañana y se perdió toda una hora buscando su laboratorio en el primer día de clases.