Capítulo 5: Terminemos.
Capítulo anterior | Capítulo siguiente
Seunghyun jamás imagino que llegaría a estar en ese momento, con sus manos temblando ligeramente, con un ambiente de tensión, mirando fijamente a la persona frente a él, sintiendo que cada pedazo de su corazón se rompía, irónicamente, mientras rompía el de esa persona. El vino se había terminado y Jiyong continuaba mirándolo con cuestionamiento, esperando a que Seunghyun se explicara, esperando a que dijera el porqué de sus mentiras. Era la primera vez que lo miraba así, tan molesto, muchas veces antes peleaban sin previo aviso, de repente Jiyong podía sentirse celoso y molestarse con el mayor, o viceversa. Seunghyun podía no asistir a algún evento importante con Jiyong, dejándolo plantado, y así provocando otra pelea. Pero en ese momento, Jiyong hacia todo lo que podía para ocultar el dolor que estaba sintiendo, porque como ya sabía, Seunghyun simplemente no le mentía.
—¿Y bien? —musito en el mismo tono.
El mesero afortunadamente para el mayor, interrumpió preguntando si necesitaban más vino u otra cosa —la cuenta, por favor.
Jiyong rodó los ojos y encendió otro cigarrillo, sus manos temblaron y le costó encenderlo, Seunghyun casi se acerca para ayudarlo, sin embargo, sentía que eso ya no era necesario, tendría que acostumbrarse. No pensó en más hasta que salieron del restaurante, subieron al Audi de Seunghyun y salieron de esa calle, en un profundo silencio que dolía lo suficiente. Jiyong pareció comprender que el silencio era por una razón, no pregunto ni dijo nada durante el camino, noto que Seunghyun condujo hasta su departamento, el que estaba más cerca, y no dijo nada tampoco. El alto bajo la ventanilla y saludó al guardia, las puertas se abrieron y entraron al estacionamiento, salieron del auto aun sin decir algo, cuando el castaño salió del auto, azoto un poco la puerta, Seunghyun giró a mirarlo y solo pudo ver su espalda caminando rápidamente hacia el elevador. El mayor suspiro agotado y corrió tras él, alcanzó a subir al elevador y se quedó de pie a su lado, metió las manos a sus bolsillos y apagó su teléfono sin mirar, lo que menos quería era ser interrumpido mientras hablara con el castaño.
Escuchó a alguien saliendo del departamento del frente, el único frente al de Jiyong, se dio la vuelta y evito darle la cara, el castaño abrió la puerta y casi la deja cerrar en la cara del alto. Dejó sus zapatos en la entrada y lo siguió en calma, lo miro dejar su teléfono y su cartera en la estantería de la cocina, se comenzó a quitar su abrigo y lo lanzó al sofá. Repentinamente el mayor no encontró que hacer, tenía más de un mes que no iba al departamento de Jiyong, tanto que lo sentía ajeno, temía acercarse de más, temía sentir esa familiaridad, y que esta le hiciera arrepentirse de su decisión. Porque pasar casi tres años a un lado de él, mantenía una gran costumbre, una serie de pasos que con el tiempo se volvieron monótonos, desde saber dónde dejar sus zapatos hasta tener un lado de la cama, en una cama ajena a la suya. Pequeños detalles que a Seunghyun no le gustaba compartir, y es que si, él era el tipo de persona que se ponía nerviosa cuando su pareja comenzaba a aumentar el nivel, cuando de repente su cepillo de dientes ya no era el único en el cuarto de baño, cuando la relación tocaba puntos serios. Seunghyun era así.
—Jiyong... —el menor encendió un cigarrillo más, Seunghyun quería pedirle que no lo hiciera, pero ¿con que fuerza lo hacía? si estaba a punto de lastimarlo. Y bien sabía, que desgraciadamente, para ambos el tabaco era algo relajante, algo que los distraía.
El otro soltó un poco de humo y mantuvo su actitud seria y molesta —solo dime... ¿es algo grave? ¿es alguien más?
—¿Por qué siempre crees que hay alguien más?
Jiyong simplemente lo miro serio, dándole a entender su respuesta, puesto que solo una vez el menor había hablado sobre ese miedo. Seunghyun pronto recordó esa noche, donde él acababa de regresar de una cena importante, donde se encontró con varios pretendientes, estos conocidos por el castaño. Esa noche Jiyong estaba muy molesto, había estado mirando fotografías en internet donde el mayor posaba a un lado de todos ellos. El alto llegó pensando que los celos de Jiyong eran tiernos, pero conforme hablaron se dio cuenta de que esos celos realmente cargaban con una extraña inseguridad, cuando lo interrogo, Jiyong solo dijo un par de cosas, donde afirmaba esos temores que lo agobiaban... "Simplemente no puedo estar solo Seunghyun, me vuelvo débil, me vuelvo otra persona...". Con lágrimas en los ojos de ambos, se abrazaron y Seunghyun se prometió a sí mismo no dejarlo solo jamás, en ese momento, agradecía haber hecho esa promesa en su mente.
—No hay alguien más —negó una vez más.
La mirada del menor era fija e interrogante, buscaba con todas sus fuerzas un rastro de mentira en sus palabras —estas mintiendo —Seunghyun sintió su corazón acelerarse— otra vez me estas mintiendo, ¿Qué es Seunghyun? ¡Deja de ocultarlo!
—¿Necesitas tanto una razón?
—¿Una razón? ¡Quiero una explicación...! —sus palabras fueron interrumpidas por el timbre de su móvil, lo tomo rápidamente y respondió— ¿sí? —pregunto en el mismo tono de voz, molesto— cancela mi cita de las 5, probablemente tomare mucho tiempo revisando el nuevo lugar, y llama a Zhang Yixing... olvídalo, fui yo quien le di mi número. Gracias Chae.
—¿Zhang Yixing? —dijo sin pensar, sin pensar en que sus derechos de tener celos estaban terminando... que el menor ya no sería nada suyo, ni en lo más mínimo. Era estúpido sentir celos de alguien más en su vida, era casi una burla.
El castaño solo dejo de mirarlo —estoy cansado, hagamos esto mañana... —musito mientras se tumbaba en su sofá.
Seunghyun quería decir lo mismo, sin embargo, de una forma muy diferente a la que el menor se refería —yo también estoy cansado Jiyong —no guardó las palabras, si lo hacía, quien sabe cuánto tiempo más las arrastraría consigo.
Su mirada se enfocó de vuelta en él —entonces dime la verdad, dime cual es la razón de las mentiras y dejémonos de tonterías —se levantó de nuevo, dando varios pasos hacia él. De repente las palabras se cortaron en sus labios, Seunghyun no sabía que decir, ni un simple "quiero terminar" podía salir, ni que decir de una explicación larga como la que planeaba, simplemente no podía. Jiyong se río de nuevo, de esa forma vacía, porque comprendía que era algo difícil para él, y eso solo lo ponía más a la defensiva— ¿Quién es? ¿es un pintor? ¿un modelo? ¿un exnovio? —musito sonriendo.
—Basta —dijo retirando su mirada del menor.
—¿Acerté en alguna?
—¡Jiyong! —le gritó con sincero enojo, lo que hizo una de sus manos temblar, la impotencia se apoderó de él. Jiyong desgraciadamente no estaba equivocado, fuese lo que fuese que él pensaba desde hace un mes, eso no cambiaría el hecho de las mentiras que dijo, y de los días que paso junto a Kyungil, así no se tocaran siquiera. Seunghyun lo sabía, sabía perfectamente que eso significaba engañar, serle infiel al menor. Y que este se lo recriminara, lo hacía sentir avergonzado, por ser un cobarde, por no afrontar sus malditas decisiones. Tan solo ya no había vuelta atrás.
—¿Quién es? —el mayor lo ignoro a pesar de la repentina cercanía— ¿ah? ¿o es que acaso es una mujer? ¿es eso Seunghyun?
—¡Que no es eso!
Jiyong reaccionó al grito, de la forma en que siempre lo hacía, respondiendo igual —¡¿Entonces porque luces culpable?!
Seunghyun no quería discutir más, no quería gritar, no quería verlo mal... sin embargo, parecía ser tarde y lo mejor que podía hacer era dar ese paso de una sola vez. Doliera lo que tuviera que doler —quiero terminar, quiero dejar de estar contigo... —musito ahora correspondiendo esa mirada furiosa.
La expresión del menor fue imposible de leer, sus ojos continuaron mirándolo por unos segundos, segundos inundados de silencio, segundos que marcaban algo importante en ambos. Eventualmente Jiyong termino con la mirada, miro al suelo y Seunghyun vio sus manos temblar —vete.
—Jiyong... —repuso sin pensarlo dos veces.
—¡Vete! ¡No quiero verte! —Seunghyun dio solo un paso atrás, inseguro sobre lo que debía hacer— ¡Que te vayas! —le gritó de nuevo, con una voz que se notaba cortada, en esta ocasión levanto la mirada para que notara que hablaba en serio. Sus ojos parecían dos espadas afiladas, donde el solo brillo lastimaba con naturalidad, Seunghyun casi pudo ver fuego en esa mirada, antes que lagrimas o dolor. El mayor no pudo continuar mirando, entendió que no podía decir algo más, Jiyong estaba reaccionando de una forma desconocida para él, así que lo dejo solo. Caminó hasta la entrada y se puso sus zapatos con un rezago de duda, dejo su mano en la manija de la puerta principal y se obligó a salir de allí.
Lo había hecho. Las palabras habían abandonado sus labios, con más valentía de la que sentía en el momento, estando en el elevador cerró los ojos, afrontando su decisión, ese momento no era más que el inicio de una gran avalancha que vendría sobre él. Jamás creyó que Jiyong lo echaría, le había gritado muchas veces, pero echarlo de esa forma... con esa mirada tan diferente. Al abrir su auto se dio cuenta de que no podría conducir, su pecho dolía, y no se sentía tranquilo, no era prudente. Entró y se sentó frente al volante, encendió su teléfono de vuelta y miro varias notificaciones, entre ellas una llamada de Kyungil, lo que le dio escalofríos. Ignoro la llamada y envió un mensaje a su chófer de confianza. Y sobre Kyungil... no tenía mente para enfrentarse a él, su mente se sentía vacía, casi como si tuviera una inmensa resaca.
Una hora después ya se encontraba en el estudio, con una botella de vino y con la organización de su galería al frente, miro las fotografías y gracias a la mente en blanco y al alcohol en su sangre, es que pudo arreglar esos detalles que tanto detestaba y que lo tenían en pausa. Llenó su copa y salió a la galería, él solo no podía hacer el trabajo, sin embargo, coloco las hojas con las fotografías en cada zona, esperando que Tablo comprendiera eso al siguiente día y las cambiara. Suspiro con algo de tranquilidad al ver como ese orden era lo que necesitaba, regreso a la oficina y sacó la botella, eliminando rastro de su presencia, apagó la luz y le dio un último vistazo al orden. Termino con el vino y salió del estudio, ya había enviado el mensaje a su chófer desde hacía unos quince minutos, solo que no se había percatado de la hora que era. Era de día de nuevo, había pasado toda la noche trabajando y bebiendo, pensó en que solo iría a casa y tomaría una ducha, y... nada más, el término de la organización era el final de su lista de responsabilidades, el día viernes era la presentación y eso sería todo por unas semanas. Claro que su mente de inmediato viajo al siguiente día, el día sábado, la esperada boda de los padres de Youngbae.
Cuando termino de ducharse, se tumbó en su sofá mientras fumaba un poco, se dio cuenta de que ya no tenía más que hacer, los días pasados volaron entre el trabajo y ver a Kyungil, porque ni siquiera había dado atención al castaño. Seunghyun se sintió fatal de solo pensar en eso, había engañado a Jiyong, lo quisiera o no, por más que lo hubiera negado con el otro, de verdad había salido con su ex novio. Un ex novio del que Jiyong no tenía idea, del que solo Daesung había escuchado, una persona que lo había dañado tanto, que el mayor prefirió dejar esa historia para sí solo, hasta que una noche fue inevitable contársela a su mejor amigo. Tomo una calada más de su cigarro y lo apago en el cenicero del centro de la mesita, suspiro con pesadez y llevó sus manos a su cabeza, sintiendo un enorme cansancio, de no haber dormido y del desgaste que significaba estar pensando en tantas cosas a la vez.
...
Varias horas después la puerta de su departamento se abrió, el ruido apenas y lo despertó, se estiro sobre su sofá y busco sentarse, miro un par de tacones acercarse y sintió escalofríos —lo sabía —escucho en un tono cansado.
Era su hermana mayor, Hyeyoon —noona —dijo abriendo sus ojos con dificultad.
—Me dejaste una hora esperando Seunghyun, una hora.
Estiro su cuello a los lados y cayó en la realidad de la hora que era, pasaban de las 5 de la tarde —perdón, trabajé toda la noche, no supe en que momento me dormí.
—Jiyong me dijo que no sabía dónde estabas, deberías avisarle.
—¿Hablaste con él?
Ella asintió naturalmente, sin embargo, pudo notar la mirada diferente de su hermano menor, pudo adivinar con facilidad que algo no iba bien —¿pelearon otra vez?
—Algo así —musito con voz baja, lo que menos necesitaba era que su hermana se enterara y le diera un gran sermón sobre lo mal que había hecho— ¿sabes si estaba en el trabajo?
—Me dijo que iba de camino a su oficina, ¿quieres que te lleve? —el menor asintió y fue a vestirse.
Durante el tiempo que paso dormido, tuvo un sueño, donde él y Jiyong ya no eran nada, donde el castaño tenía éxito con su marca y terminaba viajando por todo el mundo a la vez que abría más tiendas. Donde a su lado había una hermosa mujer, que era su esposa, y quien a su vez sostenía las manos de dos pequeños, sus hijos. En su mente aun podía ver la sonrisa que el menor tenía, lucía tan pleno y contento... y sobretodo, lucía libre. No había un Seunghyun a su lado, quien lo ataba a la tierra, quien lo aferraba a una vida sin matrimonio y sin compromisos, sin la maldita monotonía. Y Jiyong estaba mejor así, sin él. Fue solo un sueño, lo sabía, pero de la misma forma sabía que ese futuro bien podía suceder, y que Seunghyun dejándolo, solo era el primer paso.
—No sé qué sucedió, pero mantente tranquilo Seung, no dejes que tres años se vayan a la basura —le dijo su hermana mientras sostenía su mano con cariño y con una mirada de sincera preocupación.
Si ella supiera que ya los había dejado ir, que estaba a punto de tirarlos por completo —perdón por no haber comido contigo, yo te llamaré después.
—No te preocupes.
La subida en el elevador se volvió complicada, Seunghyun sintió miradas por doquier, desde los pies a la cabeza, lo examinaban con sorpresa y se murmuraban cosas. El mayor lo pensó mejor, era quizá la única vez que había ido al edificio donde trabajaba Jiyong, otras veces había ido, pero siempre era de noche y cuando ya nadie quedaba. El elevador se detuvo hasta el quinto piso, el último. Él no fue el único en bajar, dio un par de pasos al frente y se enfrentó a lo mismo, más personas mirándolo de reojo y cotilleando entre ellas, ya habían anunciado su llegada desde la recepción, así que debían haber escuchado algo. Ajusto un poco su saco negro y camino hasta la pequeña recepción de ese piso, la recepcionista le sonrió nerviosamente —busco a Kwon Jiyong.
La chica asintió torpemente y tomo su teléfono —está aquí —Seunghyun no la miro más y metió las manos a sus bolsillos— en un momento lo atienden.
Inclino la cabeza como agradecimiento y se giró hacia el otro lado, donde un cuadro adornaba la zona del elevador, arte de decoración pensó, algo bastante usual. Se mantuvo viendo la pintura, no quería seguir recibiendo la atención de los trabajadores del lugar, lo que menos quería era eso. Escuchó un par de voces acercándose, se dio la vuelta cuando una fue muy familiar, era Seungri quien venía hablando con otra persona, quien resulto ser Daesung —¿hyung? —preguntó el pelinegro, Seunghyun asintió y se acercó hasta ellos —¿qué haces aquí?
—Vine a ver a Jiyong —Daesung lo miro de otra forma, con preocupación y duda.
Entonces otro rostro familiar se apareció en el lugar —Seunghyun —musito Chaerin mientras lo saludaba con una reverencia— si quieres puedes esperar en su oficina, él ya viene en camino.
—Mejor espera en mi oficina, solo estaba despidiendo a Daesung —comentó el otro que vestía de traje.
Cuando el mayor quiso responder, las puertas del elevador se abrieron, y una de las asistentes corrió detrás de ellos para llegar a recibir a quien llegaba, la chica reverencio de inmediato y se miró sumamente nerviosa, los cuatro prestaron atención. Miraron como Jiyong salió del elevador, un nudo se formó en el estómago del mayor, el castaño miro a su asistente y luego al grupo de personas que obstruían el paso, con quien hizo contacto visual fue con el alto, por supuesto, quien sintió una pesadez enorme al ver la expresión que tenía.
—Hyung, llegaste justo a tiempo, estaba a nada de llevarme a tu novio —comentó Seungri inocentemente.
—Puedes llevártelo, mi siguiente cita llega dentro de poco —musito de forma seria y sin romper la mirada con el alto. El simple tono de voz dejo a todos fríos, la recepcionista bajo la mirada junto con los otros, Seunghyun deseo con todas sus fuerzas que no dijera nada más, no con toda la oficina mirando.
El mayor actuó sin más, se giró hacia los chicos —gracias por la oferta Ri, de cualquier forma, no me quedare mucho tiempo, y Dae, nos vemos después. ¿La oficina...? —le preguntó a Chaerin, quien ignoro la incomodidad y asintió, caminando hacia el lugar.
Chaerin abrió la puerta y dejo pasar al mayor, se mantuvo allí hasta que vislumbró a Jiyong en el pasillo, con una cara de pocos amigos —no quiero que nadie se acerque —le dijo con el mismo tono frío y él mismo cerró la puerta— creí haber dicho que no quería verte.
—Jiyong, por favor.
—¡No Seunghyun! Llevas mintiéndome quien sabe cuánto tiempo, te pido una explicación y lo primero que haces o que se te ocurre es decir que me dejas, que ya no quieres estar conmigo, ¿tiene sentido para ti? ¿acaso merezco esto?
—No lo mereces.
—¿Entonces que estás haciendo?
—No puedo explicártelo...
El castaño bufo y cerró los ojos, tratando de tranquilizarse —no puedes explicarlo... pero quieres dejarme. Esto no tiene sentido. No puedes hacerme esto, simplemente no, yo no he hecho nada para ganarme tus mentiras o engaños, y mucho menos para que quieras terminar sin una razón coherente.
—¿Quieres una razón?
—¡Merezco una maldita razón! —Seunghyun cerró sus manos formando puños, sentía a la perfección el enojo recorriendo sus venas, no por el menor, sino por él mismo. Por la estupidez que estaba cometiendo, por el error del que tal vez en algún futuro se arrepentiría, pero que, en ese momento, parecía ser la cosa con más sentido posible— me llevaste a un restaurante elegante, elegiste un vino excelente, pediste lo más costoso para ambos, quizá solo te falto llevarme al hotel y follarme en la suite presidencial, ¿eso planeabas también? ¿querías pagarme de alguna forma?
El dolor en sus palabras, eran como dagas pegando en el pecho del mayor, la lengua de Jiyong podía volverse la cosa más vil cuando se le encontraba herido, y por el momento, Seunghyun sintió que poco conocía de él —jamás te faltaría así al respeto, por favor Jiyong.
El castaño paso una mano por su cabello y comenzó a reírse —pues estas haciéndolo, más de lo que en mi vida alguien lo había hecho —el menor se acercó lentamente— dímelo, dime que fui para ti entonces. Dime porque carajo quieres dejarme sin una razón, luego de que descubrí que me mentías, ¿a quién ocultas con tanto afán?
—¿No has pensado que tal vez tú y yo ya no somos compatibles?
—¿Eso es lo que crees?
—No lo sé.
—¡No me vengas con eso Seunghyun! ¡Acabas de mencionarlo! ¿Crees que ya no somos compatibles? ¿Esa es una razón para ocultarme cosas y mentirme sobre dónde has estado? Eres demasiado —dio un paso hacia atrás, alejándose de él— más de una vez me dijeron que no me acercara a ti, me dijeron que eras un jugador, que las mujeres y hombres cambiaban día tras día en tus brazos, me dijeron que me cuidara. Como un idiota caí ante ti, me enamoré y tu juraste quererme también, y ahora, tres malditos años después, vienes a tratarme como a una puta y a decirme que ya no somos compatibles. Jódete Seunghyun, es obvio que hay alguien más.
—¡No hay nadie más, me da igual si lo quieres creer o no!
—Di lo que quieras.
—Y no fuiste el único idiota, yo también caí.
El menor casi lo atraviesa con la mirada —ya no lo parece.
Había algo importante que Seunghyun olvidaba, algo con lo que quizá no había contemplado antes de tirar toda esa montaña, más allá de lo hiriente que podía ser Jiyong enojado, el verdadero problema era su orgullo. El enorme orgullo que cargaba consigo, antes hacia lo imposible que verse débil frente a alguien. Por ello Seunghyun se sentía especial de vez en cuando, ya que él pudo ver lo débil que el menor era sin su orgullo, lo inseguro y temeroso que se volvía en cierto punto. Sin embargo, en ese momento, el orgullo era mayor, porque para él, Seunghyun ya no era la misma persona. Haber descubierto las mentiras fueron mucho para él, algo que no esperaba, y algo que debía haber aterrado al Jiyong inseguro que llevaba consigo. Y en ese momento, el orgullo se ponía al frente, siendo la mejor defensa de Jiyong. El alto solo esperaba que ese orgullo mantuviera el dolor que llegaría, que la inseguridad fuera menos, y que, por el orgullo, Jiyong se consiguiera un mejor futuro del que pudo tener con él.
—¿Y quieres terminar? Hagámoslo, terminemos Seunghyun.
—Terminemos entonces.
...
Las cosas habían pasado fugazmente, tres días después Jiyong había recibido un mensaje de Seunghyun, donde le decía que toda esa tarde estaría fuera de su departamento, que podía ir a recoger todas sus cosas. El castaño había lanzado el teléfono al suelo al leer el texto, sus ojos lagrimearon de vuelta, sintiendo el peso de la realidad, de que Seunghyun no regresaría arrepentido, no le rogaría por volver, y que recoger sus cosas era asegurar el asunto. Limpio sus lágrimas con su sudadera y se levantó, llevaba horas allí tirado, tan solo mirando los libros en su estantería, pensando en cuantos eran suyos y cuantos del mayor. Fue a tomar una larga ducha y a terminar de llorar, no soportaba más, desde ese día, cuando llegó a su departamento, era que sus ojos se encontraron llorando todo el tiempo, su orgullo no era suficiente, pasar el tiempo solo lo destrozaba, la soledad le pegaba con fuerza.
Se sintió como un niño pequeño de nuevo.
Llamó a Chaerin y una vez más, le pidió la tarde libre, dio un par de indicaciones y pidió recibir los bocetos y fotografías a su correo, seguiría trabajando en casa hasta que sus ojos decidieran dejar la hinchazón y las ojeras. El taxi se detuvo frente al conocido edificio, pago lo necesario y bajó, suspiro y pensó que lo mejor sería hacer eso rápido y sin detenerse a pensarlo. Cuando tuvo que dejar sus zapatos en la puerta, todo pareció alentarse, y su corazón comenzó a encogerse. En el desayunador de la cocina, la que estaba casi en la entrada, pudo ver una caja grande junto a una bolsa, se acercó y miro una nota: "Creo que todo esto es tuyo, ten la libertad de buscar por si me olvide de algo. S.H"
El nudo en su garganta volvió y sus ojos comenzaron a brillar cuando reviso dentro de la caja y la bolsa, cuando la conocida ropa apareció frente a sus ojos, los discos, los libros... su cepillo de dientes. Rompió en llanto de nuevo, un llanto incontrolable, que lo hizo tumbarse en el piso, siendo incapaz de creer eso, que tres años de una vida juntos se resumían en una caja y una bolsa, junto a una simple nota.
Jiyong había tenido otras relaciones un tanto largas, había tenido que recoger sus cepillos de dientes de otros departamentos, o simplemente se los habían devuelto. Pero en esa ocasión, todo se sentía tan diferente, cuando él dejo ese cepillo en casa del mayor, sinceramente creyó que sería la última vez que lo haría, ilusamente pensó que como en los dramas y las películas románticas, él sería el amor de su vida, el indicado.
Pero la vida daba mil vueltas, y desgraciadamente, su relación con Seunghyun había terminado. Tomo la caja y la bolsa y salió sin más, sin revisar siquiera, ya le daba igual lo que hubiera olvidado. Pensó en que bueno sería poder recoger las memorias de las personas como si fueran bienes físicos, y que pudieran ser desechados sin problemas... sí tan solo. En cambio, allí estaba, dejando ese apartamento con sus cosas físicas, y teniendo en mente los miles de recuerdos que formo en ese lugar, el tiempo que fue feliz y pleno.
Cuando llegó al elevador se encontró con una señora, quien le ayudo a mantener las puertas abiertas, inclino su cabeza y agradeció —¿tú novio se está mudando? —le pregunto.
—No, no... solo estoy sacando unas cosas —dijo cortésmente.
—Oh, lo que pasa es que he visto a otro chico entrar al lugar, pensé que estaban cambiando de apartamento —las puertas se abrieron y la planta baja los recibió— nos vemos después entonces.
Jiyong esbozo una media sonrisa e inclino la cabeza, camino hasta la avenida y detuvo otro taxi, una vez subió se quedó pensando en lo que dijo la señora. Ella mencionó a otro chico. Su mente viajo mucho, sobre quien podría ser, pensó en sus amigos por supuesto, sin embargo, con lo sucedido, era claro que dudaba. Sonrió vacíamente al darse cuenta de que, si existía alguien más, de que eso debió ser la causa. Y su corazón pesaba más al saber que él le había mentido a ese grado, al saber que tenía tanto amor por esa persona, como para ocultarla tanto. Por suerte llego a su destino, de lo contrario su mente seguiría comiéndose entre malos pensamientos, subió hasta su departamento y abrió con pocas ganas, empujo la caja con el pie y la dejo en el descanso.
Abrió los ojos y parpadeó con más rapidez, todo su departamento estaba a oscuras, la luz automática de la entrada no encendía, y había dejado las cortinas cerradas, por lo que la oscuridad era profunda. Su respiración comenzó a acelerarse, la oscuridad era demasiada, su mente se nubló y se sintió mareado, abrió de vuelta la puerta y salió, su corazón latía más rápido, tenía miedo, mucho miedo. Tomo su teléfono y con temblores en las manos llamó a Daesung, el último que aparecía en el registro, ya que tenía una llamada perdida suya. Una ventisca de viento le hizo recordar que no llevaba más que su camiseta y ya era de noche, también era otoño, por lo el frío llegaba de golpe.
—¿Hyung? —escuchó al otro lado de la línea.
Se pegó a la pared contraría a su puerta y se dejó caer en el suelo —Dae... Dae, no hay luz en mi departamento...
—¡Sal de allí y no te muevas! ¡Voy para allá!
Se aferró a sus piernas abrazándose a sí mismo, sintiendo el mareo continuo —estoy en el pasillo.
—Recuerda respirar hyung, cuenta hasta diez y respira profundo, todo estará bien Ji, ya voy para allá.
"El golpe de la realidad llegó, terminaste con mi cuento de hadas Seunghyun."












