no ha logrado dormir más de diez minutos en ese aeropuerto de mierda, gracias al montón de gente chillando, idiotas que se cruzan o gente que le habla… no hay chance, y está bastante harta. tiene el impulso de sacar un cigarrillo y encenderlo (aunque está adentro), sus audífonos demasiado fuertes como para a escuchar a la mujer que le había entregado su café minutos atrás diciéndole que no podía fumar allí. fue la mirada contraria lo que la detuvo, soltando un “¿qué tanto miras?” en su dirección.















