Llevaba un tiempo acumulando monedas en una botella. La mayoría de esas monedas eran el resultado del cambio de sus batidos diarios. Y después de una larga temporada, se le ocurrió contar el resultado con la satisfacción de que le llegaba para comprar el móvil al que le había echado un ojo hace unos días. No se consideraba una persona caprichosa, pero de vez en cuando, sentaba bien regalarse algo.
Esa misma tarde, después de comer, fue a buscar el preciado teléfono y regresó a su casa con cierta impaciencia por poner en funcionamiento el aparato. Se sentó en el suelo mismo del salón y sacó el pequeño teléfono de la caja, mientras Nigou se le acercaba con curiosidad y olisqueaba la caja y la bolsa.
Kuroko dedicó una sonrisa al perrito y le acarició la cabeza antes de alzarlo y acomodarlo en su regazo. El cachorro se sentó entre sus piernas y con las orejas estiradas hacia delante, observaba con atención las manos de su dueño. Finalmente, Tetsuya logró poner en marcha el móvil y lo primero que hizo, fue pasar los datos del antiguo teléfono al nuevo.
Y entonces dio con ese vídeo...
Fue hace unos años, de cuando estaba en Teikou. Era el cumpleaños de Midorima y todos se había reunido en el gimnasio para darle una sorpresa y felicitarle. Midorima les deseó la muerte a cada uno, pero todos sabían que en el fondo disfrutó de aquel detalle. Momoi había cogido su teléfono y había hecho una pequeña grabación. Todos decían o hacían alguna tontería, salvo Akashi, que siempre estaba serio y observaba un poco distante al resto. Murasakibara no se separaba de la mesa donde habían colocado unos aperitivos y Kise perseguía e insistía a Midorima para que soplase las velas de la tarta y borrase esa expresión de enfado. Y al final del todo, sentados en el banquillo, estaban Aomine y él, hablando de algo. Aomine reía y cuando se percató de la presencia de la cámara, pasó un brazo por los hombros de Kuroko y mostró un par de dedos en señal de saludo. Momoi se sentó al lado de Kuroko y giró el móvil para que pudiese grabar a los tres. El vídeo finalizaba ahí, cuando los tres, se despedían con una sonrisa. Bueno, Kuroko no sonreía, pero se le veía animado.
Cuando el vídeo terminó, Tetsuya bajó la mirada hacia Nigou y luego otra vez a la pantalla del móvil. Volvió a reproducir el vídeo. Cuando terminó, sintió como las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
--¿Por qué estoy llorando? --dijo en un susurro para sí mismo. --Ahora tengo a mis compañeros de Seirin... a Kagami-kun... Ese momento sólo es cosa del pasado. --apretó un puño, porque sabía que eso era autocompasión, sentimiento que le hacía sentirse muy incómodo.
Soltó el móvil y se abrazó a Nigou, llorando en silencio. No supo cuánto tiempo pasó, pero cuando sintió molestia en la garganta, se secó las lágrimas y se levantó. Cogió su bolsa, la pasó por el hombro, guardó las llaves y salió a la calle, seguido por el perro. Necesitaba dar una vuelta.
El cielo tenía tintes dorados, señal de que la noche se estaba aproximando. Anduvo calle abajo hasta que finalmente llegó a la rivera de un río. Había una valla que limitaba el río y la pradera de la orilla, con el fin de prevenir accidentes. La vaya era baja y podía apoyar los brazos sobre la misma sin problemas. Recostó después la cabeza en sus brazos y miró el agua, pensativo. Tal vez, debería borrar ese vídeo.