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@0hjun-blog
eunhsl:
Estaba segura, su expresión de asombro había sido tan clara como el agua que tan bien sabía invocar y manejar a placer, pues en absoluto había esperado una respuesta como aquella pese a encontrarse a la espera de sinceridad pura de su parte. Sin embargo, intentó deshacerse de la misma con rapidez, pero su tarea parecía haber fallado. “Espera, está bien. No me molesta, y no realizaré comentario alguno sobre lo que acabas de contarme.” Alcanzó a pronunciar al fin, su mano encontrándose en la muñeca del chico sin haberlo planeado. Necesitaba que se quedara un poco más, y tampoco deseaba dejarlo de aquella manera. “Dime, ¿por qué actúas como si no supieras que he mandado cartas sobre ti a la radio de la universidad en el pasado?” en aquella oportunidad, una sonrisa sincera y que buscaba ser divertida decoraba sus labios. Aunque él pensara que no era más que una chica desconsiderada, Haseul tenía sus límites, y el forzarlo a hablar de un tema tan profundo como parecía ser su historial familiar, sólo para comprobar la efectividad de sus poderes, era uno de ellos.
Su temperatura se ha elevado, le cuesta mantener la mirada en la ajena y por eso busca una especie de distracción fijándola (inquieta) en el tronco del árbol más cercano. No es la primera vez que siente no tener completo dominio de su cuerpo, no es la primera vez que su ansiedad lo traiciona. Aún así, una parte de él logra seguir escuchando, y es el agarre femenino el que pone pausa a la tormenta de pensamientos que suma tensión a todo su sistema. “Porque sé que no piensas nada de lo que escribiste, no veo sentido al pedir explicaciones sobre bromas sin importancia...” una vez más, las palabras salen del surcoreano sin ningún tipo de filtro, tan pronto como las piensa. “Además, si te preguntara aumentarían las probabilidades de que deje de recibirlas.” explica, lo suficientemente sumergido en la situación como para en esos segundos olvidar su intención de huir a su habitación.
WINNER - I’m Young (Taehyun Solo)
eunhsl:
Cualquier sentir que la hubiera embargado hasta el momento de escuchada la respuesta de Junseong, desapareció por completo de su cuerpo para dejar paso al entusiasmo. Algo parecía haber cambiado en él, y sus palabras atropelladas no hacían más que confirmarlo. “Estoy bien, y no. Puedes tomar algo más para refrescarte; no tendrá el mejor sabor, pero está frío al menos.” respondió antes de sentir que volvía a encontrarse en una espiral. No podía creer que incluso siendo posiblemente afectado por un hechizo de la verdad, el chico se las arreglara para replicarle con vueltas. “Contesta de forma directa a mis preguntas… por favor.” agregó al notar el tono de su voz, echándose hacia atrás al tiempo en que pensaba que actuaba demasiado ansiosa para su beneficio. “¿Quiénes son las personas importantes de tu vida?” lanzó al final, pensando que conocía la respuesta a aquella preguntas, lo que la ayudaría a confirmar de una vez por todas si su brebaje funcionaba como debía.
Claramente, se rehúsa a volver a beber. A pesar de no estar al tanto de las intenciones con las que el trago fue preparado, lo culpa de su estado actual. “Te estoy respondiendo.” contesta, unas líneas se forman en su entrecejo y la comisura derecha de sus labios se eleva. No es la primera vez que recibe comentarios impacientes de su parte, por lo que habría sonreído abiertamente al respecto si estuviese en mejores condiciones. “Actualmente mis padres, mis primos- no, sólo mi primo menor, los demás me importan poco y nada. Con suerte nos saludamos en los cumpleaños, lo que no es una queja porque a fin de cuentas jamás me agradaron. Me recuerdan muchísimo a mis hermanos. ¿Por qué- por qué preguntas?” y por qué te estoy contestando, es la pregunta paralela que se realiza. Y ese pensamiento lo conduce a que cubra su rostro con las manos para restregarse los ojos: “Uh, no sé qué me pasa, no me soporto e imagino que para ti debe ser peor. Creo que... que lo mejor será que vaya a descansar, hablemos en otro momento.” deja de observar el césped para mirarla. “Espero haberte ayudado, sabes dónde encontrarme si necesitas algo más...” entonces se dispuso a encaminarse hacia su habitación..
B.A.P - WAKE ME UP
onnottoko:
Lástima que no había traído consigo su botella de agua. “Aish… No es tan grande si quiera.” Bufó, un poco frustrada. La idea tampoco era hacerle pasar un mal rato. “Tienes que prometerme que nunca más cruzarás por el pasto o no te dejaré en paz el resto de tu vida como mi compañero de habitación.”
Verla ceder resulta sorpresivo y agradable por igual, por lo que no puede continuar molestando. “Me pusiste antes que a tus hojas, vaya.” señaló, y pierde la mirada en el camino que acaba de descartar recorrer. “Daré la vuelta, no te preocupes. Sólo espero no desmayarme en el camino...” añade, con tintes dramáticos.
eunhsl:
Sin poder evitar notar que resultaba ser la segunda vez que el chico rechaza su contacto, uno de sus dedos se alza para señalarlo en una silenciosa acusación, pues de su boca no salen palabras. En cambio, se limita a analizar su expresión amarga y recibir de manera despreocupada las señales que parece enviarle: desea que se largue. “Al parecer, no soy la única que está extraña el día de hoy.” comenta con el vaso en su mano una vez más, llevando el mismo a la altura de su nariz para comprobar si aún mantiene un aroma dulce. “¿De casualidad te sientes mal?” se percata entonces, observándolo por encima del objeto de plástico. No es como si el joven no actuase mayormente de aquella manera, pero en ese momento parece ser peor de lo habitual. “Junseong, ¿hace cuánto nos conocemos?” comenzó, queriendo que pensara en que aquello se trataba de una indirecta sobre su confianza en ella.
Alza las cejas sin hacerse cargo de la acusación, una ligera negación de rostro que no tiene gran intensidad acompaña, quizás teme negar con énfasis y delatar lo mucho que carece de seguridad: “Estoy bien.” y al rascarse el cuello nota que su temperatura se ha elevado. “Tengo algo de calor. Hace calor. ¿Tú estás bien? Aunque siempre pareces bien, pero no está de más preguntar. ¿No vas a tomar?” lo dice de corrido. Sus ojos se centran en el plástico salvador del laberinto en el que sus palabras lo introducen, pues logra vislumbrar que aún cuenta con bastante contenido. Controlar su frecuencia cardíaca es una habilidad que le encantaría dominar, se recuerda. “Mucho tiempo, ¿por qué? ¿es nuestro aniversario de vecinos?” es bueno con los números, aquella es una de las áreas en las que se tiene confianza pero fechas como la mencionada resultan difíciles de calcular, porque sí, ha tomado su pregunta de forma literal y busca la respuesta correcta. “Depende de a qué te refieres con conocernos.” es la contestación que elige dar, sintiéndose satisfecho de la misma.
hwaerim:
Si era sincera, era su culpa que los rumores se hubieran esparcidos y, como deformes sombras, se habían arrastrado a los oídos de la comunidad estudiantil. Había cometido un error al revelarle a una estudiante de leyes que su muerte se aproximaba. Lo había hecho casi por caridad y porque estaba harta del susurro de la muerte. Por obvias razones, ella no le había creído, pero la atropellaron al día siguiente y, por supuesto, el nombre de Aerim como adivina comenzó a salir a flote, pues parecía que la susodicha había compartido lo que la joven de artes le había dicho. “No me gusta mentir. No entiendo porque debería aprender a hacer algo que no disfruto.” Porque de verdad no lo hace. Ha tenido que lidiar con la dura realidad desde hace mucho tiempo y sabe que el tiempo es limitado y las mentiras sólo son una perdida del mismo. Pero sabe que él tiene razón, para los mortales las mentiras siempre son más dulces que las verdades. “Tampoco puedo ofrecer consuelo. Si eso es lo que viniste a buscar, de verdad lo siento…” Y casi siente culpa. Deja el silencio prolongarse, pero siente como su consciencia le traiciona por unos momentos cuando sus labios vuelven a formular palabras. “No puedo saber lo que va a pasar, pero sí cuando la muerte va a llegar a tus puertas o a la de tus allegados. No en estos momentos, pero sí cuando comience a asechar. Sí eso te sirve de algo, es en lo único que puedo ayudar…” Sabe que se está arriesgando demasiado, prácticamente le está gritando su naturaleza. En el mejor de los casos, la tomará como una loca más. En el peor, seguramente su existencia terminará en la boca de los cazadores.
Si bien agradece interpretar suma transparencia de la otra parte, toda la mezcla de expectativa e ilusión que lo recorría se ha esfumado con tanta profundidad que resulta imposible de disimular. “Ah...” da un paso hacia la puerta, pero su otra pierna permanece en el lugar. La indecisión lo ataca. Con sus típicos comportamientos torpes se debate entre insistir o abandonar el lugar en aquél instante, tal como percibe que la contraria desea. Sin embargo, lo sorprenden nuevas palabras. Pasa a rasguñar el dorso de su dedo anular en busca de inspirarse tranquilidad, la idea que la sentencia femenina planta en su mente es más de lo que busca soportar. “¿A ti te gustaría vivir sabiendo esa información...?” pone en pausa su caótica mente bajo el pensamiento de que otra opinión es exactamente lo que precisa. Y es que, después de todo, una vez que escuche tal información no podrá borrarla de su cabeza. “O bueno, no sé, tal vez lo sabes quieras o no.” su mirada se centra en la mujer, de la que se da cuenta que posee pocos y ningún dato. No obstante, y por alguna razón, a continuación decide dejarse llevar por el impulso de seguir adelante, avanzar de la misma forma en que lo hacía cuando estaba en compañía de la persona que ahora se ve sonriendo en una foto de su celular. Así es como lo extiende, el perfil (de una red social) de la muchacha con la que mantuvo su única relación significativa figura en la pantalla: “Es ella.” deja el teléfono móvil en la mesa, escaneando cualquier expresión que pudiese plasmarse en el rostro ajeno. ¿Acaso preguntar es un error?
onnottoko:
“¡El pasto morirá, Junseong-ssi!” Exclamó como si no fuese obvio, buscando seguido de eso algo en su bolsillo. “Ten, es para el dolor. Pero fuera del césped.” Mencionó, pasándole un paquetito con una pastilla dentro.
Observa la pastilla, desconfiado de que haga algún efecto rápido en su sistema. “No puedo tomarla sin agua, me voy a atragantar.” evidentemente, sigue latente su intención de ir a resguardarse en el edificio lo más pronto posible. “Daré... siete, u ocho zancadas como máximo. ¿Por favor?”
eunhsl:
De un momento al otro, su cuerpo se inclinó hacia delante sin ningún tipo de disimulo, y es que, finalmente, lo observaba catar el brebaje que por primera vez había preparado. “No soy alérgica a la cerezas, y a nada dulce que puedas regalarme desinteresadamente en un futuro.” contestó al fin, agregando sin venir a cuento. Ahora sólo bastaba esperar un minuto que para ella parecería eterno. “Bien, al menos no tendré que intentar que lo cambien.” mintió, poniendo finalmente atención al muchacho. “¿Qué haces por aquí, solo una vez más?” sin pedir permiso, extiende su mano hacia el cabello que ahora nota despeinado, acomodando el mismo al tiempo en que piensa en la posibilidad de que su hechizo saliera mal. Igualmente, no puede ser nada fatal, pensaba.
Carraspea. Traga saliva. El líquido tarda en descender por su garganta.“¿Yo?” y sigue su mano con la mirada, sin comprender a dónde se dirige. Al entender el propósito se apresura a acomodar su cabello (nuevamente de forma desfavorable), mientras su diestra se encarga de devolver el batido y marcar una distancia más cómoda para ambos. “Buscaba un lugar tranquilo. Nadie acostumbra a venir por acá, ¿por qué tanta pregunta?” mira hacia la cancha de fútbol, a lo lejos, y su ceño se frunce. Se siente inquieto. “Ah, ahora tengo un pésimo gusto en la boca, como si acabara de beber un remedio de esos... esos con gusto a remedio, remedio.” las palabras escapan de sus labios de forma inconsciente, tan pronto como son pensadas. Es algo tan poco habitual en él, que logra percatarse y sellar sus labios. “Mejor ve a intentar cambiarlo, seguro ganas por cansancio.” propone tras devolver la vista a su vecina, de pronto no se siente bien y sólo quiere terminar con lo que venía a hacer.
hwaerim:
Sus orbes, caramelo líquido, deciden elevarse. Sus manos se mantienen estáticas en el dibujo que tan sólo constituye líneas oscuras que se cruzan entre sí. Y presta atención a unos rasgos que desconoce, pero decide grabar en su memoria por el habito. “¿Por qué?” Cuestiona, aunque quiere preguntar por qué hay personas que se obsesionan tanto con el por venir. Saber lo que va a ocurrir siempre resulta contraproducente, una preocupación, casi una carga. No es que ella pudiera decírselo de todas maneras. “¿Cambiará algo para esa persona si lo hago?” Y suelta el carboncillo que ha tiznado las puntas de sus dedos. “Hmmm.” Sus labios responden con una suave mueca cuando eleva sus hombros con delicadeza. “Sólo adiviné.” Termina por insistir. Las falsas esperanzas no es algo que le guste alimentar. “… de verdad no deberías creer en todo lo que te dicen. Te puedo asegurar que la mayoría son mentiras.” Lo único real que Aerim podía decir era cuando las garras de la muerte estuvieran cerca, besando los pasos de aquel que era reclamado por la oscuridad. Pero, en realidad, no podía sentir la llama de la vida saliendo de él. Lo cual ya revelaba bastante sobre la nula condición humana en su nuevo acompañante.
A cambio de su pregunta, obtiene otra interrogante. Un trato poco atractivo para cualquiera, un roce a la estafa. “En lo absoluto, pero para mí cambiaría mucho.” vivir su eternidad en paz es más que suficiente, poder dormir pensando en que la distancia que lo separa de aquella persona tiene una justificación más relevante que cualquier sentimiento que aún lo acompañe o atormente, lo conduciría al mayor de los consuelos. Sin embargo, la negativa es clara. Tan clara como su pálida piel. “No, no tiendo a creer en todo lo que dicen.” sólo en lo que le gusta escuchar, se abstiene de aclarar. “Pero a veces los rumores existen por algún motivo. ¿Son tan infundados sobre ti?” hace pocos minutos fantaseaba con encontrarla y que tuviese la respuesta a muchas de sus incógnitas, ahora los pocos ánimos vuelven a caer sobre sus hombros. “Deberías aprender a mentir. Apuesto a que la mayoría de la gente que te busca no quiere verdades, más bien consuelo.”
eunhsl:
“Eso no es verdad,” no pudo evitar refutar, frunciendo ligeramente su entrecejo. “si fuera así ya hubiese acudido al lugar, pero en cambio estoy aquí esperando una segunda opinión.” por alguna razón, quizá simplemente para continuar contradiciéndole, su voz se volvió lenta, más no se sentía de esa manera. La realidad era, se contenía para no empujar la bebida por la garganta del chico. ”Podría ser alérgica a las cerezas, ¿sabes?” agregó, clavando su mirada en la boca masculina mientras sentía crecer su expectativa. “Sólo quiero un batido de fresas… ¿Lo es?” Si hubiese sido otra la situación, le hubiese recriminado su manía por rondar una y otra vez sobre las mismas cosas, pero se abstuvo por el simple hecho de que, sabía, aquello sólo lograría que él no ingiriera su mezcla hasta el otro día si le era posible. “¿Hmm?”
“Sólo porque te topaste conmigo en el camino.” responde, su atención puesta en tambalear un poco el batido para observarlo con mayor claridad. “¿Eres alérgica a las cerezas?” sus cejas se alzan ante la posibilidad, una que no le suena verdadera pero aún así prefiere despejar cualquier duda. Imposible le resulta el pasar por alto los silencios, o más bien, sonidos reprimidos que parecen existir del otro lado: “Hoy estás más extraña que nunca.” y percibiendo la presión de su mirada, no le queda otra que beber. Degusta el sabor en su paladar por un momento, puesto que nota ingredientes que no sabe diferenciar. Sin embargo, al cabo de unos segundos da una respuesta: “Fresas. Horrible, no vuelvas a ese lugar.”
eunhsl:
El alivio había bañado su cuerpo al toparse con junseong, por lo que no realizó comentario alguno al tocarle tener que seguir sus pasos nuevamente al lugar que había abandonado. “Vaya, ¿crees que no sé diferenciar las frambuesas de las cerezas?” cuestiona incrédula, tomando lugar frente a él antes de extenderle su bebida para que pueda probarla. “Y no, no es de la cafetería de la universidad, por lo que si confirmas mis sospechas, podré ir a reclamar por lo que en verdad quiero.” internamente rezaba para que lo aceptara sin tener que intentar algo más para forzarlo a ello.
“No me sorprendería, a veces pareces hacer todo con demasiada prisa.” pone en palabras lo que ha observado desde que la conoce. A continuación, busca la otra mirada antes de llevarla hasta el trago que le extienden. Ajeno a lo que sucede paralelamente, está detenido en algo singular: "¿Irás a reclamar? ¿tanta diferencia significa para ti?” su ceño se frunce un poco al agarrar el batido, se sume en el pensamiento de que, de hallarse en su posición, probablemente lo bebería aunque se trate de su fruta menos favorita. “No te lo cambiarán ni devolverán el dinero.” justo antes de probarlo, se detiene para aclarar lo que cree.
El espacio debajo de las gradas en el campo de deporte era el refugio que la joven había elegido para abrir su libro de hechizos y comprobar que tenía todos los ingredientes necesarios para terminar el líquido de la verdad que deseaba crear. Una vez hubo terminado, salió de allí con lo que parecía ser un batido de fresas, sus objetos ya resguardados en la mochila a su espalda, y sus manos empapadas. Sin embargo, aquello no duró, pues en un segundo su piel volvió a encontrarse seca tras absorber el agua, lista para enfrentar a quien en un segundo tuvo delante de sí. “¿Puedes decirme si esto en verdad está hecho de fresas? Porque sabe bastante a cerezas para mí.” con suerte, no había sido vista y su confusión parecería auténtica.
Recibe la pregunta con tanta velocidad que no puede hacer más que continuar con su (restante y pequeño) camino hasta la sombra que otorgan las gradas, el espacio que había creído tener reservado para sí mismo. Una vez allí, despeina su cabello, en un intento de aplacar el malestar que arrastra hace horas y enfocarse en lo que le plantean. “¿Lo hiciste tú?” es la pregunta que realiza. “Porque si lo sacaste de la cafetería no me sorprendería que le hayan puesto otra cosa...” entonces le echa una mirada al batido, que parece estar en perfecto estado.
Decidió saltarse la clase de ese día, tenía demasiada sed como para ir a encerrarse a un salón lleno de humanos –y otras cosas más, porque era casi imposible ignorar el extraño aroma que había en el campus y que no era de humano–. Se sentó en el rincón más apartado de la cafetería, esperando a que su donador de sangre llegara en cualquier momento (y tenía suerte de haber encontrado uno que supiera guardar secretos, o habría muerto en la primera semana de clases) para ir a su habitación.
Según lo pactado el día anterior, el sujeto tendría que haber llegado con la bolsa a la cafetería hace unos cuántos minutos. Barre el entorno con su mirada, una ligera ansiedad lo recorre, nervios, no confía en el (los) humano(s), y por un momento desea echarse atrás y continuar sobreviviendo con la insaciable sangre de animales. Se pone de pie, de hecho, dispuesto a salir, y ahí es cuando se percata de una figura que a lo lejos espera, también espera, y al esforzarse por agudizar su olfato (se encuentra débil, su alimento no es suficiente) nota que pertenece a su misma especie. “Hola.” suelta, tras haberse cambiado de mesa. “Lindo día, ¿no?” afuera, llueve.
“¿Podrías por favor respetar el cartel?” Hay un obvio tono de molestia en su voz cuando le pregunta al extraño, mientras señala el aviso de Prohibido Pisar el Césped.
Se detuvo en seco, levantando la mirada perdida hacia la muchacha. “Uh, necesito llegar rápido al edificio. ¿Podrías por favor respetar mi dolor de cabeza? Nadie morirá por unas pisadas más...”