Acuario Vynil - Nev.Era
Fotos: Nev.Era / Ed. digital: Strngkitten
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
Three Goblin Art
almost home

祝日 / Permanent Vacation
TVSTRANGERTHINGS
styofa doing anything
Sweet Seals For You, Always
YOU ARE THE REASON
Alisa U Zemlji Chuda
Misplaced Lens Cap

tannertan36

roma★

#extradirty
wallacepolsom
Claire Keane
sheepfilms
No title available
he wasn't even looking at me and he found me

Andulka

seen from United States
seen from United States

seen from Türkiye

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from Brazil

seen from Kazakhstan

seen from Indonesia

seen from Malaysia
seen from Lithuania
seen from United States
seen from United States
seen from Iraq
seen from Iraq
seen from Iraq
seen from Iraq
@17scds-blog
Acuario Vynil - Nev.Era
Fotos: Nev.Era / Ed. digital: Strngkitten
Drawing Hands, 1948 - M.C. Escher
MC Mechanic, 2007 - Shane Willis
lostobjects k7
Shyness is nice, and Shyness can stop you From doing all the things in life You'd like to
Nature is a language - can't you read?
crows
atardecer en el montseny
cemetery's stockholm
Sortilegio [Clive Barker]
Para él, aquello era un ritual de crimen y castigo que lo mantendría en erección durante el resto del día.
Para ella, el poder que el deseo de aquel hombre le prestaba seguiría siendo nada más que una curiosidad divertida. Los hornos, al fin y al cabo, se enfrían si no se alimentan. Incluso las estrellas se apagan después de algunos milenios. Pero la lujuria de los Cucos, como tantas otras cosas características de esa especie, desafía todas las reglas. Cuanto menos se alimenta más se enciende.
a forest - intothe3's
allstar
Stockholm metro
en los barrios de oskar [déjame entrar]
bcnlab at Casa Batlló @ lovethechaos
trees are not what they seem
—¿Tiene trabajo? —preguntó. —Soy escritor —respondí—. Espere, puedo demostrárselo. Abrí la maleta y saqué un ejemplar. —Yo lo escribí —le dije. En aquella época yo era muy impaciente, muy soberbio—. Se lo voy a regalar. Se lo dedico. Tomé la pluma del escritorio, pero estaba seca y tuve que mojarla en el tintero; moví la lengua mientras pensaba en algo simpático que ponerle. —¿Cómo se llama usted?— le pregunté. —Soy la señora Hargraves —me dijo sin el menor entusiasmo—. ¿Por qué? Como le estaba haciendo un favor, no tenía tiempo de responder a ninguna pregunta, así que escribí en la parte superior de la página donde comenzaba el relato: “Para una dama de encanto inefable, de maravillosos ojos azules y sonrisa generosa, del autor, Arturo Bandini”.
[ John Fante - Pregúntale al polvo ]
me @ ireland
uno de mis libros favoritos
El ratón gris de los bigotes negros hizo un último esfuerzo y consiguió pasar. Detrás de él, el techo se juntó con el suelo y surgieron largos gusanos que se retorcían lentamente por los intersticios de la sutura.
El ratoncillo saltó a toda prisa a través del pasillo oscuro de la entrada cuyas paredes se aproximaban temblando una y otra, y logró salir por debajo de la puerta. Llegó a la escalera y la bajó; ya en la acera, se detuvo. Titubeó un instante, se orientó y se puso en camino en dirección al cementerio. En realidad -dijo el gato-, el asunto no me interesa demasiado. Te equivocas -dijo el ratón-. Todavía soy joven y, hasta el último momento, he estado bien alimentado. Pero yo también estoy bien alimentado -dijo el gato-, y no tengo ningunas ganas de suicidarme; esa es la razón por la que todo esto me parece anormal. -Es que tú no le has visto- dijo el ratón. -¿Qué hace?- preguntó el gato. -No tenía demasiadas ganas de saberlo. Hacía calor y todos sus pelos estaban bien esponjosos. -Se queda en la orilla del agua- dijo el ratón-, espera y, cuando es la hora, echa a andar por la plancha y se para en el medio. Ve algo. -No puede ver gran cosa- dijo el gato-. Un nenúfar, tal vez. -Sí- dijo el ratón-, espera a que suba para matarlo. -Eso es una idiotez- dijo el gato-. No tiene ningún interés. -Cuando ha pasado la hora- continuó el ratón- vuelve a la orilla y mira la foto. -¿No come nunca?- preguntó el gato. -No- respondió el ratón-. Se está quedando muy débil y yo no puedo soportarlo. Un día cualquiera, va a dar un traspiés en esa plancha grande... -¿Y a ti qué te importa?- preguntó el gato-. ¿Qué pasa?, ¿es desgraciado?. -No es desgraciado- dijo el ratón-, sino que tiene una pena muy grande. Y eso es lo que no puedo soportar. Además, se va a caer al agua, se asoma demasiado. -Bueno- dijo el gato-, siendo así, estoy dispuesto a hacerte ese favor, aunque no sé por qué digo cuando no comprendo nada en absoluto. -Eres muy bueno- dijo el ratón. -Mete la cabeza en mi boca- dijo el gato- y espera. -¿Habré de esperar mucho?- preguntó el ratón. -El tiempo que tarde alguien en pisarme la cola- dijo el gato-; me hace falta un reflejo rápido. Pero ya la dejaré extendida, no tengas miedo. El ratón separó las mandíbulas del gato y metió del todo la cabeza entre los agudos dientes. La retiró casi inmediatamente. -Dime, ¿has comido tiburón esta mañana?- dijo el ratón. -Escucha- dijo el gato-, si no te gusta esto, te puedes largar. A mi, este asunto me carga. Te las tendrás que arreglar tú solo. Parecía enojado. -No te enfades- dijo el ratón. Cerró sus ojillos negros y volvió a colocar la cabeza. El gato dejó caer con precaución sus aninos acerados sobre el cuello suave y gris. Los bigotes negros del ratón se confundían con los suyos. Desenroscó su espeso rabo y lo dejó arrastrar por la acera. LLegaban, cantando, once niñas ciegas del orfelinato de Julio el Apostólico.