El recreo acababa de comenzar.
Zoey salió corriendo del aula directo al arenero, riendo bajito mientras se quitaba los zapatos. Esperaba a que Mira y Rumi salieran también, pero por ahora solo había silencio: el viento movía los columpios y el sol tibio calentaba la arena.
La paz duró apenas unos segundos.
Dos chicos se pararon frente a ella, bloqueando su paso. Zoey no tenía ganas de escucharlos, pero igual empezaron con sus burlas. Sus palabras eran como piedritas en el zapato: pequeñas, pero molestas.
Zoey bajó la mirada, sintiendo las lágrimas arderle en los ojos.
El profesor, sentado en el banco, seguía mirando su celular como si el mundo no existiera.
—¿Y tus perritos falderos? —se burló uno.
—Parece que te dejaron sola —añadió el otro, riéndose—. Sin ellas no eres nada. Hoy es nuestro día de suerte, el perro rosa rabioso no está, jajaja.
Eso fue la gota que colmó el vaso.
Zoey no iba a dejar que hablaran así de sus amigas.
Apretó los puños, gruñó… y de repente, ¡se lanzó y mordió la pierna del idiota!
—¡Aaay! ¡Me mordió! —gritó el chico, empujándola con fuerza.
Zoey cayó de espaldas, y el otro aprovechó para darle un golpe en el ojo mientras la insultaba.
En ese instante, Mira y Rumi salían del aula.
La escena se congeló en sus mentes, como si todo ocurriera en cámara lenta.
No hizo falta que nadie dijera nada.
Mira corrió directo hacia ellos. Le dio un puñetazo al que golpeó a Zoey, tirándolo al suelo, y sin pensarlo se lanzó sobre el otro, soltando golpes furiosos entre gritos.
Mientras tanto, Rumi ya estaba al lado de Zoey, abrazándola con fuerza.
—Shh, tranquila, ya está —susurraba, limpiándole las lágrimas con la manga—. Nadie te va a tocar otra vez, ¿sí?
El profesor, recién entonces, levantó la vista del celular.
—¡Eh, eh! ¡Se separan todos! ¡Ahora mismo! —gritó, corriendo hacia ellos.
Separó a Mira de los chicos y la empezó a retar solo a ella, ignorando completamente a los demás.
Mira temblaba de rabia. Tenía el labio partido, los nudillos rojos y una mirada que podría incendiar el aire.
—Voy a llamar a tus padres —le dijo el profesor, señalándola con autoridad.
Mira soltó una carcajada seca.
Estuvo a punto de pegarle también, pero Rumi la tomó del brazo justo a tiempo.
Por suerte —o por desgracia— apareció el director.
Miró la escena sin sorpresa, suspiró y dijo:
—Déjalo, no tiene sentido. Esos padres nunca vienen. Solo curá a los demás niños.
Le lanzó una mirada condescendiente a Zoey y Mira… y una sonrisa cálida a Rumi.
—Tu mami me dejó tu almuerzo, pequeña. Está en tu mesita. ¿Querés algo más? —preguntó, con tono empalagoso.
Céline contribuía mucho económicamente a la guardería, y el director quería mantenerla contenta.
Rumi lo observó con desconfianza.
“Lamebotas”, pensó, pero sonrió igual.
—Solo mi mochila, por favor.
Todavía quedaban treinta minutos de recreo.
Tiempo suficiente para usar el botiquín que Céline le hacía llevar todos los días.
“Siempre hay que estar preparadas para cualquier cosa, bebé”, solía decirle Céline.
Antes, Rumi lo consideraba una molestia…
Ahora, desde que conoció a Mira y Zoey, ese botiquín era casi un milagro.
Y los almuerzos extra que Céline le preparaba “porque siempre tenés mucha hambre”, también.
Ella creía que era por ser medio demonio y necesitar más comida…
Pero lo que no sabía era que se los daba a Mira y Zoey.
“Un pequeño secreto no hace daño”, pensaba.
Con las heridas curadas y el recreo ya terminado, tuvieron que despedirse e ir a sus aulas: Mira y Rumi por un lado, Zoey por el otro.
Al final del día, Rumi se fue a casa con Céline.
Mira esperó un rato más, por si aparecía la mamá de Zoey, pero al ver que no venía, la acompañó hasta su casa.
Se aseguró de que entrara, esperó a que la puerta se cerrara y recién entonces se fue.
Zoey miró por la ventana un instante más, con un ojo morado y una sonrisa chiquita.
Sabía que mañana volverían a pelear, a reír, a correr.
Todos los dias eran caoticos e imperfectos, pero no importaba cuantos golpes les de la vida, ellas estarian bien, porque estaban unidas y eran una familia en todo menos en sangre, aunque nadie las entendiera.