“Tiny Toons Adventures: ACME All Stars”. Era por abajo Buster Bunny…
Durante la década de los 90, Sega y Súper Nintendo encararon una guerra de consolas de las que ya no se ven. Solo ellas dos hegemonizaban el mercado, y había que decidirse. No tengo dudas que en Argentina ganó Sega, dado que el precio de la SNES y de sus juegos era más elevado, además de conocer solo dos personas con dicha consola en mi vida (o vivo en una ciudad pobre, o me juntaba con gente con bajos valores adquisitivos, pero como sea, solo dos entre más de 50 personas). Pero a nivel mundial, el ganador fue la SNES. Y no era para menos: Donkey Kong Country y Super Metroid barrieron con la competencia al presentar gráficos y jugabilidad diferentes.
No obstante, se repartieron buenos golpes ambas consolas, cada una con sus exclusividades. Y si nos ponemos a hilar finos en ellas, encontramos rarezas. Para Sega, uno de los títulos propios fue el curioso “Tiny Toons Adventures: ACME All Stars”, un juego donde esos recordados personajes de la década del 90 se dedicaban a los deportes, lejos de su versión de NES donde había que pisar enemigos como cualquier aventura en 2D de la época. ¡Señor juez, cuando usted lo disponga!
PRÓLOGO: ¿QUÉ CARAJO ES UN TINY TOON? DEDICADO A LOS MÁS JÓVENES
Muchos de los que pisan los 30 como yo, pueden decir “¿hay necesidad de explicar eso?”. Y la respuesta es “si, viejo de mierda”. Porque quizás el tiempo no nos haga ver un detalle no menor: la serie de los Tiny Toons duró de 1990 a 1995. Poco tiempo para estar tan inmortalizada en la mente de algunos. De 1990 a 1992 se emitieron las 3 temporadas de la serie, que serían algo más de 100 capítulos. Luego la serie se cancela para dar paso a Animaniacs. De 1992 a 1995, salió algún que otro especial, al estilo película corta, y ya en ese año, se dio el cierre definitivo.
La idea de la Warner era un robo simple: una nueva generación de los famosos Looney Toons (que no era más que versiones infantiles/adolescentes de los clásicos Bugs Bunny, Pato Lucas, etc.) vivían en Ciudad Acme y aprendían a ser graciosos como sus predecesores. La serie funcionaba bien y fue un éxito, sobre todo porque ese paso de generaciones tenía un sentido: todos sabíamos que era un Looney Toon, pero generacionalmente un chico iba a sentir empatía con esas nuevas versiones que aprendían de las anteriores. Un golpe de márketing realmente eficiente. Era ver a Buster Bunny que era como… un Bugs Bunny chico… ¿genial, no? No, la verdad que no, pero bueno, sigamos…
Y como toda serie de la Warner, iba a tener su aterrizaje en el mundo de los videojuegos. Del 91 al 93 salieron 7 juegos para las consolas NES, SNES y Sega. Todos de aventuras, y similares entre ellos. Pero el éxito de la serie también repercutiría en el éxito de ventas. Obviamente, en la época de los 16 Bits las cosas eran distintas: hoy suele ser común que los juegos basados en series o películas fallen y viceversa. Pero en aquellos tiempos, un éxito de la televisión ganaba dinero fácilmente en los videojuegos, sobre todo teniendo en cuenta que sin ver videos en internet, había que comprarlo para saber como era. Y te la tenías que comer te llevabas un chasco…
1994, LAS DOS VERSIONES
En 1994 SNES y Sega en plena batalla, apelaron a una misma idea: los Tiny Toons tienen que ser deportistas. No obstante, los caminos fueron diferentes. Super Nintendo sacó “Tiny Toon Adventures: Wacky Sports Challenge”. El juego se basaba en estos personajes llevando a cabo una serie de diferentes deportes, pero de corte olímpico. Y como todos sabemos, las Olimpiadas nos importan un carajo. Este intento de deportes olímpicos en los videojuegos ya había visto la luz en un juego de NES sobre Barcelona 92. Fue pintoresco, pero no iba a funcionar con estos personajes de la Warner. Amén de eso, la consola daba para mucho más que un juego con unos gráficos bastantes flojos. Si bien a los norteamericanos les importa el medallero olímpico, a gran parte del mundo no. Verlos hacer salto en alto con gráficos dudosos, era sencillamente bajonero.
Además, 1994 era momento de algo más grande: el mundial de fútbol, que se llevaba a cabo justamente en la Meca del odio al fútbol, Estados Unidos. Un juego con deportes olímpicos tiene que venderse en plena olimpiada, de lo contrario, será condenado al fracaso.
El 20 de mayo de 1994 Konami saca para Sega Génesis “Tiny Toons Adventures: ACME All Stars”, donde los desarrolladores percibieron que los gustos de la gente trascienden a los límites de baseball y “fútbol americano” estadounidense, por lo que crearon un producto no solo acorde con la fiebre de “soccer” (palabra de mierda) de norteamérica, sino del resto de los países en general. En este round, Sega ganaba claramente.
GANEN O MUERAN
“Tiny Toons Adventures: ACME All Stars” es uno de los títulos que más me llaman la atención hasta hoy. Lejos de esos clásicos donde Buster agarraba zanahorias y pisaba enemigos a lo Súper Mario, ahora él y el resto de los personajes se verían en competencias de distintos deportes. Buster Bunny, Babsy Bunny, el Pato Plucky, Hamton J. Cerdo, Max Montana, Elvira Duff, Shirley McLoon, Fifi La Fume, Coyote Calamidad, y Dizzy Terremoto eran los personajes seleccionables para llevar a cabo 5 competencias: fútbol, básquet, carrera de obstáculos, bowling, y el Montana Hitting o “pegarle al topo”. Cinco sencillos pero conocidos juegos que a la mayoría de la gente le gusta, a diferencia de un salto en alto o alguna de esas cosas que solo servían para que EE.UU. y la URSS se sacaran chispas.
El juego constaba de dos estilos. El libre, donde uno elegía cualquiera de las disciplinas y armaba su equipo a gusto, o el modo historia, donde debíamos seguir en un orden las competiciones, casi siempre sin poder elegir los miembros del equipo, y con un hilo conductor que le daba un sentido (el cual ya ni me acuerdo para ser sinceros).
FÚTBOL Y BASQUET
El fuerte del juego iba definitivamente por este lado. A quien no le gusta el fútbol, le gusta el básket, o viceversa (y al que no le gusta ninguno de los dos, no sé, que agarre una muñeca). En ambos podíamos seleccionar como iba a ser nuestro equipo y el rival, y además, el lugar donde lo haríamos.
En cuanto al fútbol, los equipos eran de 4. Se seleccionaba al arquero, y a los otros 3 que los ubicábamos en diferentes puntos de la cancha (izquierda, centro, o derecha, más eficaz que Bielsa). Efectivamente, era un arcade y no un simulador de fútbol, lo cual le sacaba seriedad pero… ¿quién iba a buscar eso en un juego de los Tiny Toons?
Los controles eran simples: con uno se pateaba, con otro se tiraba el centro, y con el otro era el súper movimiento. El tiro al arco solía ser gol en 3 o 4 ángulos, dependiendo casi siempre de un rebote que iba a dar el arquero para convertir. En mi experiencia, un tiro cruzado desde la línea lateral al arco o uno de lejos en línea recta al palo, era lo más eficaz. Los centros tenían dos maneras de resolverse. O esperábamos que la pelota bajara y metíamos un cabezazo (solo había que apretar el A que era el botón del tiro al arco), o saltábamos (apretando el B que era el centro, pero había que hacerlo cuando se sabía que estábamos manejado el receptor del centro) y en el aire hacíamos una chilena que agujereaba literalmente la red. En ocasiones, la pelota quedaba picando y si a la carrera intentábamos patear, un cabezazo al ras del piso era un tiro violento que sacaba al arquero de combate.
Justamente, ese era otro detalle. Efectivamente no estábamos frente al FIFA o el Winning Eleven. Robar una pelota se hacía mediante darle una murra al rival. Nada de quite limpio: piñas, patadas, empujones. La víctima solía ser el arquero, quien generalmente terminaba en el piso con estrellas en la cabeza dejando el arco solo (algo que pasaba también con el resto de los jugadores). De ahí que cada personaje tuviera su barra de energía: cuando bajaba, terminaba en el piso, previo a que se notara que corría más lento y fallaba en pases y definiciones. Pero además, esa barra servía para el movimiento “súper”. Apretando el C, cada personaje ejecutaba un movimiento propio. Buster corría llevándose puesto todo y pateando de forma tal que el arquero quedara inconsciente y fuera gol. Max Montana pelaba un auto en pleno estadio para atropellar y tirar un disparo incontenible. Calamity Coyote sacaba uno de sus tantos inventos que aplastaba jugadores y hacía otro disparo fuerte. En fin, cada uno con un movimiento que era casi un gol cantado.
El básquet no se diferenciaba tanto en la jugabilidad. Piñas, patadas y movimientos “súper” pero ahora adaptados para este deporte para ahora, equipos de 3 jugadores. Obviamente contaban dobles y triples, pero el detalle de las volcadas y grandes saltos que terminaban en robos aéreos de pelota.
Para que los juegos no sean monótonos, podíamos elegir entre 5 escenarios con su propia dinámica. Para empezar, estaba el estadio, el cual se llevaba a cabo un partido normal. Luego estaba el bosque, donde los cardos del piso te hacían tropezar si no los veías. Algo similar en el callejón, donde tanto arco como aros de básquet eran rústicos, y las manchas de aceite complicaban jugar. Un escenario al estilo oeste parecía más tranquilo excepto por los caballos que te daban una buena patada en los dientes si llegabas cerca de la línea final, y barriles que te tiraban cada tanto. Y por último, la habitación de Max Montana, el multimillonario. No solo unos trenes eléctricos de juguete te podían arruinar un ataque, sino que nunca sabíamos cuanto valía un gol en el fútbol, o un doble o triple en el básquet. Después de hacer cualquiera de esas cosas, una ruleta te indicaba cuanto valía lo que habías hecho. Podía ser 5, podía ser nada. El detalle de cinco lugares distintos le daban mucha variación al juego, haciendo que pasara mucho tiempo antes de sentirlo repetitivo.
LOS OTROS DEPORTES
Tres tipos de juegos más completaban el titulo, pero a diferencia del resto, no se podía elegir con quien jugar (jugador 1 siempre era Buster Bunny) y tampoco el lugar.
La carrera de obstáculos era sencilla: había, como cualquier juego de este estilo, que apretar continuamente un botón. Pero a esta altura, ya nos podemos imaginar el estilo de obstáculos. Desde plataformas que nos tiraban más adelante, hasta piedras y paredes que nos perjudicaban, pasando por paquetes que se pisaban para un premio a un castigo. No importaba que tan bueno podías ser, la suerte era la que decidía.
El “Montana Hitting” era el típico “pegarle al topo”. El jugador y 3 más, con martillos de goma, tenían que pegarle a la mayor cantidad de Max Montana que pudieran. Sencillo… o no tanto con las bombas que te caían.
Pero sin duda, el mejor de estos 3 era el bowling. Para ser un juego de sega estaba muy bien armado. Desde elegir la dirección hasta en donde pararnos, la velocidad y, obviamente, acertar el momento exacto de apretar el botón. Podían pasar semanas hasta que ganaras un partido. Cuando el tiro iba muy bien dirigido, algo solía suceder: se multiplicaban las bolas (¡ja!), explotaban los pinos, o la bola giraba para barrer con todo (o casi siempre, de los pocos bugs que recuerdo, la pelota podía girar y dejar un pino en pie) con los cuales era un “strike”. O a veces no pasaba nada, y era un “strike” igual. Al igual que los otros dos minijuegos, era un enfrentamiento entre cuatro. Posiblemente, junto al fútbol y el básquet, el más entretenido.
CONCLUSIÓN
Tiny Toons ACME All-Stars es una joya del Sega Génesis. Obviamente, si uno buscaba un juego serie de fútbol iba a ir al FIFA o al ISS Pro Deluxe (aunque este tampoco era un simulador sino un arcade, y en algún momento hablaremos del asunto). Lo mismo con un juego de básquet. Sin embargo, el título funcionó.
Lo simple y por momentos bizarro lo hacían bastante divertido. Lo absurdo de no saber en determinados estadios cuanto podía valer un gol, romperle la cara al rival para sacarle la pelota y hacer una volcada, explotar pinos de bowling, todo era parte de una propuesta distinta para encarar un juego de deportes con personajes de moda de la época. Algo que otras sagas han hecho y mucho más cerca en el tiempo.
Buen juego del que uno no se cansaba rápido dada la variedad de escenarios y deportes. ¿Por qué triunfó frente a la propuesta de SNES? Sencillo: ¿quién paga por fuera de EE.UU. y algunos países más para jugar al baseball? Pocas veces Sega superó a la Super Nintendo… aunque después se comería una paliza. Como las que se comería Nintendo cuando Sony le hizo frente. Pero esa es otra historia.










