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Hay muchos libros que tenía regados que podían ocupar el pequeño espacio de una esquina de mi cuarto.
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Pequeña instalación
Hay muchos libros que tenía regados que podían ocupar el pequeño espacio de una esquina de mi cuarto.
k tuqiv{k
La segunda forma que tengo de afrontar mi realidad son los sueños. Los sueños y pesadillas, como procesos mentales, tienen especial incidencia en los adolescentes, por sus características generales y evolutivas, lo que suscita un interés anexo de carácter psicopedagógico [...]
El problema del sueño es que para soñar hay que estar dormida, y no puedo estar dormida cuando mi cuerpo se rehúsa a dormir más de 5 horas o algún profesor deja una tarea de semanas en entrega de uno o dos días.
No puedo dormir mucho cuando la luz se fue todo el día y ahora tengo que estar despierta toda la madrugada para terminar el trabajo que se entregaba antes de las 12:00 p.m., pero que la falta de electricidad me impidió entregar.
No puedo dormir mucho cuando todo el día mi cerebro estuvo desconectado y tengo que investigar por mi cuenta la clase que no pude grabar porque estuve casi totalmente inconsciente en la tarde.
No puedo dormir cuando estoy a las 4 de la madrugada, leyendo mis historias de confort porque en todo el día no paré de temblar de lo estresada que estaba por no poder siquiera poner atención en una clase.
No puedo dormir si repentinamente me vuelvo consciente de que no recuerdo ni siquiera la mitad de lo que hice en el día, ni puedo dormir cuando despierto una mañana dándome cuenta que la semana que creí haber soñado fue real pero que no le registré como tal porque estaba desrealizando y ahora no puedo dormir porque la fecha límite llegó y yo no recuerdo haber vivido las últimas dos semanas, ni cuando en mi sueño había escrito un ensayo de 20 páginas que ya no recuerdo porque resultó no ser real.
No puedo dormir mucho cuando toda la frustración que siento ni siquiera puede conectarse entre lo que siento, lo que percibo y lo que quiero expresar.
¿Cómo se supone que busque algo cómodo de lo que hablar cuando mi única comodidad existe cuando ni siquiera estoy consciente en lo más mínimo?
¿Y cómo podría pensar en redactar sobre algo cómodo cuando mi incapacidad de conectar mi mente me impide permanecer en un estado de tranquilidad sin que la misma de repente comience a vagar?
¿Cómo extraigo un texto de un huracán sin mencionar en lo más mínimo vientos helados, vientos ardientes o el choque de agua con viento?
¿Cómo un desastre incapaz de conectarse a sí mismo podría siquiera intentar extraer un campo afectivo que no sea una representación de la bomba de tiempo que significa la mente del mismo?
En un mundo reducido a las cuatro paredes de una casa con una sola ventana al mundo, un desastre así no puede simplemente ser paseado por ahí sin supervisión. No sin que este destruyera algo que no pudiera ser reparado.
Algo que probablemente, ya se rompió.
A veces solo soy un huracán.
A veces solo soy un huracán.
Pero aún se siente.
La disociación que experimento no es una disociación “completa” (dígase de trastornos de Identidad tales como el trastorno de Identidad disociativa y trastorno de Identidad disociativa parcial) sino que se presenta más en lo que se conoce como desrealización y despersonalización.
La manera más cercana de describir una disociación de la realidad es algo similar al estado transitorio entre la vigilia y el sueño.
Es estar, pero no estar, ser incapaz de procesar adecuadamente lo que está pasando, pero ser capaz de percibirlo. Perder la noción del tiempo, del espacio, del yo, como si todo fuera una alucinación y todo fuera una especie de sueño extraño.
Pero es la vida real.
Aunque no se siente así.
A veces no siento lo que está pasando.
A veces lo siento, pero no del todo, no completo.
A veces lo siento todo, pero no lo entiendo y luego se me olvida o lo recuerdo todo el tiempo.
A veces siento que mi cuerpo no es mi cuerpo.
A veces lo que siento no está en mi cerebro.
A veces no pienso, me pierdo, olvido.
A veces no estoy en donde debería estar.
Nada duele
Tras desconectarme de lo que me hacía sentir, tuve la oportunidad de inyectarme a voluntad lo que quería sentir, y mi campo afectivo ahora vive ahí, en la ausencia de un espacio que no habito porque estoy desrealizando, y el rellenarlo con cualquier contenido que llene ese vacío.
Entretenimiento: historias, cortos, teorías, música e infinidad de historias imaginarias que pueden funcionar como un placebo ante la lejanía en la que estoy viviendo.
¿Es incómodo? Sí, ¿es seguro? Estoy muy segura de que no, ¿es estable? Por ahora lo es, pero algo dentro de mi sabe que es solo una bomba de tiempo que la pandemia desplaza y atrasa.
Una vez que el encierro acabe, espero ser capaz de disipar en la lluvia el desastre que creé, antes de que explote y vuelva a romper algo que no se pueda arreglar. Pero por ahora, a la altura del brazo, todo es seguro.
A la altura del brazo
No es un secreto ni noticia nueva que la pandemia ha desatado olas de pánico y estrés que ha llevado a las masas a severos problemas de salud mental, tales como la ansiedad, el trastorno obsesivo compulsivo y trastornos de estrés post traumático, por mencionar algunos.
Siendo una situación claramente inestable, un desastre ya contenido siendo encapsulado de nuevo no sonaba como nada bueno, así que tomé la inconsciente decisión de hacer algo que toda mi vida he hecho debido a varias situaciones neurológicas: Disociar de mi desastre interno.
Un mecanismo de defensa es una reacción inconsciente que tenemos ante situaciones emocionalmente difíciles para evitar el malestar psicológico que las mismas puedan llegar a causar. La disociación como mecanismo de defensa desconecta nuestra mente de la realidad cuando nos encontramos en situaciones límites que sobrepasan nuestros recursos de afrontamiento; siendo el papel inicialmente adaptativo de la disociación, amortiguar el impacto de la experiencia traumática.
Es una reacción inconsciente e incontrolada, y su duración varía de persona a persona, así que siempre que siento algo acumulándose, mi mente se desconecta de mis emociones, de mis pensamientos y tiende a vagar en el ojo del huracán a forma de vacíos, lagunas mentales e historias que ya no recuerdo. (De hecho, estoy escribiendo este texto en un estado de conciencia inestable).
Naturalmente, la incapacidad de procesar mi realidad como un ser humano sano derivaría en más y más problemas de conexión de los que yo creería que podría ocasionar. Desrealización en clases virtuales resulta en olvido de las lecciones, en la falta de conexión emocional con mi familia, distorsión del entorno y claramente, la desconexión de las emociones y la afectividad.
Nuevamente, ¿De dónde saco un campo afectivo cuando mi cuerpo se está deshaciendo de la capacidad de sentir?
En referencia a esto, Le Doux acota lo siguiente:
“Cuando cierta región del cerebro se daña, animales y humanos pierden la capacidad para apreciar la significación emocional de ciertos estímulos sin pérdida en la capacidad para perder el estímulo. La representación perceptual de un objeto y la evaluación de la significación emocional de ese objeto son procesados por separado en el cerebro”
A la altura del brazo…
El espectro del desastre
Me gusta pensar en la vida y sus derivados como una serie amplios espectros. Antes de definiciones, antes de cajas o etiquetas, prefiero la visualización de las cosas como una condición que no se limita a un conjunto específico de valores, sino que varía a lo largo de un flujo continuo. El flujo constante dentro de un espectro es lo que me permite la libertad de dar algo cercano a una definición, pero suficientemente flojo para no apretar en etiquetas. Yo misma en mi vida cotidiana me encuentro dentro de un espectro muy conocido.
Si soy completamente sincera, a mi la Real Academia de la Lengua Española me chupa los pies cuando me parece conveniente, por lo cual mi concepto de desastre nacerá desde mis propios intestinos.
Un desastre, en propósitos de este escrito, es simplemente el exceso de todo.
El espectro de mi desastre fluctúa en el huracán de todos los sentimientos, emociones, ideas, sensaciones, vacíos, arrepentimientos y demás conductas mentales que el hecho de estar vivos acarrea en su cotidianidad. Naturalmente, un desastre así no puede ser dejado a la intemperie sin que el mismo cause estragos.
En un mundo reducido a las cuatro paredes de una casa con una sola ventana al mundo, un desastre así no podía simplemente ser paseado por ahí sin supervisión. No sin que este destruyera algo que no pudiera ser reparado.
Hubo dos maneras principales con las que lidié con ello por los últimos dos años.
La primera menos interesante que la segunda, sin embargo, menos dañina: La disociación de la realidad.
I’m very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very very tired.
DISCLAIMER
Para nada promuevo las actividades descritas en este campo afectivo. Soy consciente de lo poco saludable que las mismas son, esta exposición no es con propósitos educativos sino expresivos.
Si alguien por alguna razón está leyendo esto y tiene la oportunidad de buscar ayuda, sea mi huésped, por favor
Nuevamente, la información psiquiátrica y psicológica incluida en este escrito no funciona para nada como un autodiagnóstico. No me estoy diagnosticando ningún trastorno puesto que no tengo los recursos de lo mismo, ocupo conceptos psiquiátricos que reconozco en mi persona (y que profesionales de la salud han reconocido en mí) de manera extra-trastorno. Un trastorno psiquiátrico solo puede ser diagnosticado por un profesional de la salud y se determina como tal tras una serie de criterios diagnóstico entre las cuales está el impedimento de seguir con la vida cotidiana del individuo. Lo cual funcionalmente hablando creo que no es del todo mi caso. El padecimiento de ciertos síntomas de algunos trastornos puede presentarse en la cotidianidad sin necesidad de escalar a uno. Una vez aclarado esto, continuamos con el texto.
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Stormboard
A la altura del brazo, nada duele y todo aún se siente.
A.M.