Basura y libros
Trabajo en una preparatoria federal. La escuela está a las afueras de la ciudad, en un barrio sin casas, sino lleno de fábricas y líneas de trailers. Al lado del terreno, hay un tiradero al cual llegan los carretones de basura para vaciar su carga.
Hace unos días que me di cuenta, pero entre trabajos por revisar y evaluaciones, no había pensado lo que esto podía significar.
¿Qué mensaje nos dará el estado cuando permite que la escuela esté junto a un basurero?
¿Qué nos transmite a los profesores, cuando llegamos a trabajar? O más importante aún, ¿qué les dice a los alumnos cada que van a estudiar?
En mi estado, las escuelas federales son para los que no tuvieron el puntaje necesario para entrar a la universidad autónoma, o no tuvieron el dinero necesario para entrar a una privada; mis alumnos son los que no fueron aceptados, y están aquí como su último recurso para poder estudiar.
¿Será acaso que la escuela, sus profesores, y sus estudiantes son basura igual que la del terreno de al lado?
Yo no lo creo.
En tres años, cuando los muchachos y las muchachas se gradúen y sean ciudadanos responsables y competentes, podrán decir con orgullo que vencieron todos los obstáculos.
Que salieron de la basura para ser grandes.










