Me gusta tu aroma,
y el peculiar calor de tu cuerpo.
Hay algo curioso en tu pecho
¿quizas por eso abrazarte siempre me trajo paz?
Es como si tu cuerpo
hubiera aprendido el lenguaje del mío,
como si el universo, en un instante de calma,
hubiera decidido que encajaríamos muy bien.
A veces me gusta observarte,
cuando estás completamente absorto en tus pensamientos.
Hay algo profundamente hermoso
en la seriedad de tu mirada,
en la curva de tus cejas,
en la forma en que tus ojos sostienen tu pequeño acertijo,
mientras todo al rededor parece desaparecer.
A veces pienso,
qué afortunados somos de habernos encontrado.
¿Es por eso que algunos sueñan despiertos?
Porque hay personas
que llegan a nuestra vida
y se convierten en el lugar al que siempre queremos volver.
Quizá esa sea la respuesta.
Ahora entiendo completamente que en tu analogía,
la respuesta a todo siempre haya sido amor.















