Sus palabras le hacen gracia y casi le sorprende la facilidad con la que se le escapa una sutil carcajada. Esos últimos días no han sido los mejores, pero Teresa parece tener algo que le mejora el humor con apenas su presencia. “Claro que quiero saberlo. No sé si ya lo notaste, pero a veces soy un poco fisgona. La curiosidad siempre gana” responde a su pregunta, incapaz de apartar la mirada del rostro ajeno y esa expresión de indiferencia que le resulta divertida. Sin embargo, la sonrisa se atenúa con las siguientes palabras de la muchacha. Por un momento no sabe qué decir, así que no hace más que bajar la mirada hacia esa mano que toma la suya. “Bueno… tienes que saber que es recíproco, todo eso de–” Deja la frase a la mitad porque con ‘todo’ cree resumirlo bien. Tampoco es que Gigi sea demasiado disimulada con las cosas que siente, no funciona de esa forma. Se siente como una adolescente, e incluso su estómago siente un agradable cosquilleo cuando los labios ajenos tocan los suyos. Vaya, hacía días que quería besarla, pero hasta ese momento se da cuenta de lo mucho que quería. El contacto es demasiado corto para su gusto, por lo que, de forma inconsciente, vuelve a inclinarse, apenas un tramo, hacia Teresa. “No hace falta que me regales otra cosa,” responde con aire divertido. Entonces le acuna una mejilla con su mano libre y vuelve a besarla, ahora por iniciativa propia, y con la esperanza de que dure unos segundos más.
‘ Me gusta como suena esa palabra en ti. Fisgona. ’ remarca, tomándose algo de tiempo en pronunciar cada sílaba como si realmente hubiese gracia en ello. Es, probablemente, la idea de buscar algún apodo o adjetivo con el cual relacionar a Gigi lo que más le llama la atención. Terminan siendo palabras ajenas aquellas que le nutren de valor necesario para poder dar el siguiente paso, aquel que es físico y simbólico al, finalmente, probar labios contrarios. No sabe si aquello cataloga como impulso cuando es pensamiento que ha rondado en su cabeza hace bastante; seguro, quizá desde la noche en que la conoció ha jugado con la idea, sin embargo, significado tras aquel acto ha cambiado drásticamente. Porque es distinto, abismalmente distinto el tener ganas de besar a alguien a quien recién conoces en medio de una fiesta, consciente de que es efervescencia del contexto, estímulos externos los que vuelven aquella idea como tentadora, pero ¿ahora? No puede negarlo porque le ha pensado demasiado, porque siente los nervios en su estómago, en su garganta, en todo su cuerpo mientras espera no estar cometiendo un error. Pero se siente tan bien, el finalmente besarla, el atreverse después de tanto. Sentir tacto sobre su mejilla le alivia un montón, sonrisa efímera se manifiesta en sus facciones tras oír aquellas palabras antes de sucumbir a beso que ahora es iniciado por la contraria. Deja que su mano se coloque sobre la cintura ajena, atrayéndole más así mientras profundiza en aquel beso que un rato después le deja buscando aire. Pero no se separa lo suficiente, deja que su frente choque contra la frente contraria, luego sonríe, embobada por el roce que supone facciones propias contra las ajenas. ‘ No tienes idea de hace cuánto quería hacer esto. ’