Maldito el día que tome la decisión de meterme en tal juego; embrollo del que no podía salir. Juego sin tregua en el que me derrotaste, rompiste tu promesa de no marcharte. Malvado tu juego en el que caí una y otra vez. Ahora que estoy sanando estoy recuperando mi brillo solo me queda decirte que perdí la última esperanza que tenía contigo y tú perdiste alguien que estaría para tí incondicionalmente. Gracias por lo aprendido. Ya aprendí a decirte Adios.










