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@akise-kun97
Mesopotamiando
El título original iba a ser “Mesopotameando”, pero no me acababa de convencer. Después de esta muestra de sinceridad quiero explicaros qué es lo que yo veo en el arte mesopotámico que hace que me guste tanto.
En primer lugar voy a empezar diciendo porque la mayoría de la gente (o, al menos, esa es mi concepción) le gusta el arte griego y, en menor medida, el romano. Ya sea por su orden, su simplicidad, su armonía o su búsqueda de la perfección, el arte grecorromano es algo que tenemos impreso en nuestro ADN. Podemos observar periodos en la historia que se han basado en la recuperación de este arte que fue la cuna de Europa. El Renacimiento, la Ilustración, algunos románticos como Hölderlin... Todos estos protagonistas buscaban recuperar el esplendo de Atenas o Roma. También hay defensores de Mesopotamia, desde los versos más simbolistas hasta los menos modernistas podemos encontrar referencias a estas culturas orientales, pero no han llegado a calar de la misma forma, ¿por qué? Desconozco el motivo, igual es porque somos europocentristas, o bien porque nos parece arcaico e infantil.
Yo veo algo más, veo la representación de un imperio, de una organización que revolucionó a la humanidad. Y uno fue una revolución como las de los siglos XVIII, XIX Y XX, no, una REVOLUCIÓN que cambió el concepto de humanidad. Se crearon Estados, organizaciones de personas, con un líder, que organizaba a personas. Y todo esto reflejado en un edificio o una simple tabla de barro. La grandiosidad de los zigurats, inmensos en comparación a los templos griegos, y de las ciclópeas murallas que no tienen nada de envidiar a las de Micenas, nos indica que, aunque en tiempos de guerra, siempre había espacio para la representación artística y, quizás con un poco de vanidad de los líderes, representaban el orgullo de su pueblo y de sus gentes. No sé cómo acabar este fragmento porque de escritor tengo poco, por eso me limitaré a decir una cosa:
ENERO, ACABA YA, JODER!
Viernes!
Épica!!!!
Trainwreck 1979
Lo cierto es que no sé que escribir, pero, sin embargo, me apetece hacerlo, quizá por el gusto de distraer mi cabeza o simplemente porque me apetece y punto.
Anoche, sobre las tres de la madrugada desperté con el fulgor de un relámpago. Era una noche tormentosa, casi tanto como mi mente, pero tenía algo especial, algo que todos hemos sentido en estos momentos. El olor a tierra mojada, las oscuras nubes cubriendo el cielo, el efímero destello de los rayos que caen con un estruendoso trueno que acompasa la lluvia de la noche... sensaciones únicas y que no podría explicar con palabras, al menos, con las que conozco. De repente, en mi cabeza, pasaron miles de ideas, pero solo me quedé con la de que las tormentas son impresionantes. La furia del cielo golpeando brutalmente la tierra... Estaba cansado y no tenía muchas fuerzas para pernoctar en aquella madrugada, así que decidí envolverme de nuevo en la red de Morfeo, aunque no sin una asquerosa humedad que se me pegaba a las extremidades.
En este momento no sé muy bien qué hacer y, como no pocas veces, mi cabeza anda perdida y sin saber para qué seguir adelante. Algunos lo tienen fácil cuando caen rendidos a los brazos de la ignorancia pero, por suerte o por desgracia yo no soy así.
Y si hay algo que me gusta es, como ya habréis podido ver, escribir cosas inconexas, sin sentido, ¿para qué? Para nada, porque me apetece, porque quiero y, lo más importante, porque puedo.
Replica
Quizás me estoy volviendo loco, o todo a mi alrededor carece de sentido. No entiendo nada o entiendo demasiado como para saturarme y querer tirarme desde la torre más alta de la catedral que estaba construyendo en mi propia cabeza, el mismo edificio sagrado que se va derrumbando poco a poco, a patadas pequeñas, pero poderosas y eficaces si su fin es destruir todo lo que he construido.
Observo como las rocas que tanto me costaron colocar en su día caen al suelo, resquebrajadas y, lejos de poder hacer algo, miro la situación con la mayor pasividad que mi cerebro bloqueado me permite. ¿En verdad era tan resistente mi Obra como yo creía? O simplemente era una creencia mía... ¿merece la pena salvar lo que queda? Son demasiadas preguntas, demasiadas para una cabeza que no sé si está dejando de funcionar o simplemente necesita un descanso.
Obviamente no voy a salir de esta contienda sin ninguna cicatriz, lo que me preocupa es la marca que me dejará. No sería la primera, ni la última, pero una herida muy grande conllevará problemas muy grandes. De momento prefiero estar solo, escribiendo o leyendo, lejos de todo y de todos, con la esperanza de que algo cambie, o yo, o todos, pero que algo cambie.
Lo que se dispone a leer es una Mentira I
La falsedad de la gente es algo que me supera, me avasalla con creces y yo, irritado, tengo que aceptar mi sublevación para poder seguir subsistiendo en este mundo de falsos donde la mentira es la mayor virtud. Y si bien es cierto que existe gente que, a pesar de todas las circunstancias adversas, dice la verdad, son escasos o simplemente se ocultan tras una capa de amargura que no deja ver su interior, aislándolos de la sociedad en la que viven. Cuando un persona dice: “Me gusta la gente sincera, a mí con la verdad por delante”. Miente descaradamente, no conozco a nadie que sea capaz de aceptar una verdad cruda a la cara, sin decoraciones ni adornos, y es por eso que podríamos catalogar a los mentirosos que muestran una “verdad bonita” como Decoradores. Obviamente, la persona que dice que le gusta la gente sincera también miente, podríamos calificarlos entonces como Hipócritas. ¿Por qué el nombre de estos dos? Fácil, los Decoradores decoran la verdad haciéndola mas digerible para otro ser humano, mientras que los Hipócritas sólo quieren seguir a la mayoría y dicen cosas que realmente no piensan. Por supuesto la clasificación no acaba ahí. En tercer lugar encontramos a los Felones, aquellos que son mentirosos por gusto, es decir, esas personas que mienten como forma de subsistencia. No tienen una personalidad clara, es difícil tratar con ellas y tienden a ser interesadas. Son personas muy tóxicas en la sociedad, la dañan hasta sus más profundas raíces haciendo que todo se vaya corrompiendo a su paso. La cura de esta enfermedad que afecta a los más profundo del Alma es desconocida para mí, pero, sin embargo, podría afirmar que, si existiese tal remedio, sería muy difícil de conseguir e, incluso, conllevaría riesgos morales, puesto que estás cambiando la esencia de la persona en cuestión.
Pues último día de P.A.E.G.... a ver si hay suerte...
Wow!
Cafetito y música! Buenos días!!