Escribo desde un Copsa Este lleno, con un niño llamado Josh sentado atrás mío silbando y hablando con su madre en inglés. Al lado mío una muchacha lo está odiando, y seguramente yo también lo estaría odiando pero en este momento solo estoy contenta por estar (por fin) en un bondi rumbo a Bella Vista. Les paso a contar por qué. Me levanté a las 8. Escribí mis páginas matutinas, desayuné, me bañé, puse mi pasaje (Copsa Este, hora 11, coche 1, asiento 28) en la billetera y cuando estaba saliendo a la terminal se parte al medio la llave en la puerta. Oh, dios. Salimos a buscar un cerrajero, y despues de muchas cerrajerias cerradas encontramos una abierta y el don nos dice que a las 11 pasa por casa. Mi familia se queda a esperarlo, yo voy a la terminal. Busco las pantallas, no encuentro mi bondi. Eran las 10 y 5. "Debe ser muy temprano" pensé, "por eso no está". Para sacarme la duda voy hasta el mostrador de Copsa y le pregunto a la muchacha, me dice que es la plataforma 17 y que dice destino Punta del Este. "Qué raro, yo saqué para Piriápolis" pienso -otra vez-, "bueno, voy hasta ahi y le pregunto al guarda". Me acerco a la plataforma y leo que dice salida 10:15. Me sorprendo, porque en Uruguay si algo cambia de horaro suele ser para atrasarse y no para adelantarse. Le pregunto al guarda, mira mi pasaje, me dice que si, que es este, le digo donde bajo y me dice que suba. Subo. Arrancamos. Cuando me pide el pasaje y le digo otra vez donde bajo, me dice que "este no va por ahi, vos tenes para el de las 11, este es el de 10:15". Claro. Le digo, igual, que pregunte dos veces y me informaron mal en ambas, solo para quedar como una persona que no se equivoca (para que, ni idea, pero creo que a la mayoria nos sale por puro reflejo). Me dice que si lo autorizan me puedo quedar pero me deja por la Interbalnearia, y sino me deja en el aeropuerto para que espere el siguiente, el mío. Aunque una caminata de 5 km al sol con dos mochilas era tentadora (lo peor es que no lo digo ironicamente, estoy un poco demente nomás), elijo bajarme en el aeropuerto. Y yo que pensaba que la proxima vez que pisara el aeropuerto iba a ser el dia de mi viaje, pero no. La vida suele tener planes distintos a los que uno planea. Me bajo en el aeropuerto y me siento con mis dos mochilas a esperar. Mejor, la espera que tendría que comerme en tres cruces me la banco acá. Y ya sabemos que el aeropuerto y yo nos llevamos muy bien. Por lo visto recién había llegado un TAM (cito), porque en un segundo me vi rodeada de brasileros. Uno llamó por teléfono a alguien falando em portugues, y los otros lo miraban como diciendo "olha! Outro brasileiro" . O quizas eso solo lo pensaba yo, pero en fin. Los brasileros se fueron en un Cot, y me quede sola otra vez. Luego vino una tanda de argentinos. Durante al menos 15 minutos tuve al lado a una pareja de veteranos (por el acentito a mi me parecieron porteños) que no hacía otra cosa que discutir. Realmente, no hacían otra cosa. El señor abría la boca solamente para pelear y para masticar una pastilla Halls de una forma bastante desagradable. Llegó un momento que deseaba que se quedaran en silencio y solo se escuchara el sonido de la pastilla Halls y la saliva del señor porteño, con tal de dejar de escucharlos pelear. Por fin, como a las 11:50 llega el Copsa Este destino Piriápolis, hora 11. Por fin. Subo, veo gente parada, y cuando llego al asiento 28 veo que está ocupado, pido permiso (el 28 es ventana, no me van a arrebatar ese derecho, perdón) y (por fin) me siento. Ta, llegué. Y acá estoy. Josh sigue conversando en inglés, la muchacha a mi lado lo sigue queriendo matar. El tránsito está pesado, vamos literalmente a paso de persona. Pero no me molesta. Hay un niño que conversa a mi izquierda, y por lo visto es gracioso porque la muchacha de al lado dejó de querer matar a Josh y se rió. Me voy a sacar los auriculares para mirar a rededor. Con todos los sentidos. Cambio y fuera.