Sobre el libro "El Kybalión" Hermes Trismegisto (Tres iniciados)
“Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.”
— El Kybalión
Querido lector coleccionista:
Hay libros que se leen y otros que se aprenden.
El Kybalión, atribuido a Hermes Trismegisto y escrito bajo el seudónimo de “Tres Iniciados”, pertenece a esa segunda categoría. No es un libro que uno simplemente termine y coloque de nuevo en el librero; es un texto que permanece resonando en la mente como un eco antiguo, casi como un símbolo grabado en piedra esperando ser interpretado.
Debo admitir que acercarse a este libro no es sencillo. Aunque su extensión no es demasiado amplia, su contenido exige pausa, reflexión y, sobre todo, disposición interior. No es una lectura rápida ni superficial; es un texto que parece abrirse dependiendo del momento de vida en el que uno lo encuentre. Quizá por eso muchas personas lo abandonan, mientras otras regresan constantemente a él buscando nuevas respuestas.
Publicado en 1908, El Kybalión reúne las enseñanzas atribuidas a Hermes Trismegisto, figura mítica vinculada con la sabiduría egipcia y el pensamiento hermético. A través de siete principios fundamentales —mentalismo, correspondencia, vibración, polaridad, ritmo, causa y efecto, y generación— el libro intenta explicar la naturaleza del universo, de la mente y de la existencia misma.
Y aunque suene complejo, en realidad muchas de sus ideas siguen presentes hoy, incluso en discursos modernos sobre espiritualidad, psicología, filosofía y desarrollo personal.
“Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.”
Esa frase, probablemente una de las más conocidas del libro, resume gran parte de su esencia: la conexión entre el macrocosmos y el microcosmos, entre el universo exterior y el universo interior. Porque al final, El Kybalión insiste constantemente en una idea: todo comienza en la mente.
Mientras avanzaba entre sus páginas, pensé mucho en el ser humano contemporáneo: acelerado, distraído, hiperconectado y profundamente desconectado de sí mismo. Vivimos rodeados de ruido, pero pocas veces hacemos silencio para escucharnos realmente. Y quizá ahí es donde este libro encuentra vigencia.
No pretende imponer una religión ni construir un dogma; más bien invita al cuestionamiento. A observar. A comprender que muchas veces el verdadero conflicto no está afuera, sino dentro de nosotros mismos.
Hay algo profundamente simbólico en su lectura. Cada capítulo parece una llave que abre otra puerta, y detrás de cada puerta aparece una nueva pregunta. ¿Somos realmente conscientes de nuestros pensamientos? ¿Qué tanto controlamos nuestras emociones? ¿Cuánto de nuestra realidad está condicionado por nuestra percepción?
El libro también aborda la dualidad humana: luz y sombra, amor y odio, éxito y fracaso, vida y muerte.
Pero no lo hace desde la confrontación, sino desde el equilibrio. Porque para el pensamiento hermético, los opuestos no son enemigos absolutos, sino extremos de una misma esencia.
Y honestamente, creo que ahí reside una de las reflexiones más valiosas del libro: comprender que muchas veces aquello que rechazamos también forma parte de nosotros.
Querido coleccionista, El Kybalión no es un libro para buscar respuestas rápidas. Es un libro para subrayar, releer y dialogar con uno mismo. Hay páginas que parecen abstractas y otras que golpean directamente la conciencia. Algunas se entienden de inmediato; otras quizá necesiten años.
Pero tal vez eso sea precisamente el conocimiento: un proceso constante de descubrimiento.
Vivimos en una época obsesionada con la inmediatez. Queremos comprenderlo todo rápido, resumido en videos de un minuto o frases motivacionales recicladas. El Kybalión, en cambio, exige paciencia. Exige detenerse. Pensar. Interpretar.
Y quizá por eso continúa vigente más de un siglo después.
Porque el verdadero conocimiento no siempre grita.
A veces susurra.
Así que si decides adentrarte en este libro, hazlo con calma. No buscando verdades absolutas, sino nuevas formas de mirar el mundo… y de mirarte a ti mismo.
Porque tal vez el mayor misterio del universo no esté en las estrellas, ni en los símbolos antiguos, ni en los templos olvidados.
Tal vez siga habitando dentro de nosotros.
"Nos encontramos en el nivel y nos separamos en la escuadra"












