ETA, Batasuna y la izquierda abertzale en general siempre han sido cuestiones muy delicadas de tratar en el ámbito informativo. Igual que en el judicial: tanto el Código Penal como la jurisprudencia han ido avanzando a rebufo de las flexibles acciones abertzales para resultar legales, tratando de incluir lo más complicado de incluir en un ordenamiento legal democrático: las intenciones. La intencionalidad, esa figura tan esencial como problemática (¡es la frontera entre homicidio y asesinato!) se rige y estudia no sin grandes debates y cautelas. Por eso no estoy seguro de que el verbo «fingir» sea el más conveniente para explicar las claves de estos nuevos estatutos.








