¿Por qué soy tan insegura?
Las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida han estado acompañadas de inseguridad. Este monstruo me acompaña desde que era muy pequeña. He dejado de hacer muchas cosas por miedo, enumero algunas experiencias:
Recuerdo que nunca aprendí nunca a montar bicicleta, durante muchos años creí que mi familia nunca quiso enseñarme porque me sobreprotegían demasiado y temían que pudiera lastimarme. Hace poco lo recordé, entonces le pregunté a mi madre-a manera de reclamo y curiosidad-por qué razón nunca me habían enseñado a manejar. Ella me comentó que mi hermano mayor lo intentó pero que una vez yo me caí de la bicicleta. A partir de ese verano del 93 nunca más quise volver a montar y me la pasé llorando durante toda la tarde, a pesar de que no había ocurrido nada grave. En mi casa siempre se hacía lo que yo decía, así fuera una niña de 4 años, así que nunca más lo volví a intentar subirme a una bicicleta y tampoco pretendieron que lo hiciera.
La primera vez que fui al nido fue a los 4 años y estaba muy nerviosa, ya desde muy pequeña me molestaba interactuar con otras personas que no fueran los miembros de mi familia. Pero mi madre insistió mucho, así que fui. Casi no recuerdo nada de ese día, pero sí que me robaron uno de los dulces que mi madre había colocado cuidadosamente en mi lonchera de los supersónicos. El trauma y la molestia ante aquella situación se apoderaron de mí y ya no quise regresar más. Pasaron varios meses y un día volví a coger mi lonchera de los supersónicos y le dije a mi madre que me llevara al nido. No recuerdo porque razón me decidí a realizar dicha petición, solo estuve 3 meses en ese lugar, porque ya terminaba el año escolar y el siguiente paso era comenzar la primaria.
Esos son algunos de los recuerdos que tengo de infancia y me hacen pensar en cómo he abandonado todo lo que no me genera seguridad, todo lo que escapa de mi zona de confort.
Ya un poco más grande y en la adolescencia continuaba con las inseguridades, siempre dudé de mis capacidades académicas, empezaba muy bien, a pesar de que todos me decían que tenía mucho talento. Intentaba tomar los comentarios en serio, me esforzaba pero luego de algunas semanas me caía y lo abandonaba todo porque yo me creía incapaz de hacer algo realmente bueno. No creía mucho en el trabajo duro, sobre todo creía en la suerte.
Así transcurrió mi vida hasta la universidad, a pesar de que había ingresado a una de las mejores universidades del país, aún no me lo creía. No me involucré en muchas actividades, ni eventos y mis notas no eran las mejores, había reprobado algunos cursos en estudios generales, debido sobre todo a falta de dedicación y porque no disfrutaba casi nada de mi carrera. Pero allí seguía yo empecinada en que tenía que seguir, no porque me gustara la carrera sino porque si me cambiaba, iba a fallar una vez más. En mi cabeza, yo debía ser un gran economista de la cual mi familia se sintiera orgullosa, sobre todo mi padre. Yo era la primera en ir a la universidad y debía hacer que cuente. Claro que eso estaba en el ideal, pues mi ansiedad e inseguridad poco o nada contribuían a que yo me esfuerce lo suficiente. Quería las cosas de manera inmediata, no entendía porque si había estudiado todo un día, no sacaba una A en los exámenes parciales. Sí, así de convencida estaba de que era incapaz y de que los demás tenían buena suerte y yo así estudiara toda una semana. Si es que no conseguía mis metas en un día ya no tenía sentido esforzarme, el problema era yo. Mientras escribo esto, reflexionó y creo que todos estos pensamientos son loquísimos y no tienen fundamento alguno, pero me han acompañado durante toda mi vida.
En el amor me ha pasado lo mismo. Siempre he exigido que me quieran inmediatamente. Al inicio siempre me presentaba como una chica cool y desprendida. Eso no está muy lejano de cómo me siento al inicio de las relaciones amicales que establezco, pero cuando se genera un interés romántico siempre exijo más.
Recuerdo que siempre me han buscado, casi nunca he tomado la iniciativa, porque era demasiado insegura para acercarme a alguien que me atrajera, los creía demasiado guapos o inteligentes, lo cual era indirectamente proporcional a la imagen que tenía de mí. Luego de negarlo muchas veces y de reiterado auto rechazo hacia lo que soy, he llegado a la conclusión de que no soy para nada fea. En fin, eso más esta aura cool e intelectual (que no me creo para nada, pero siempre me atribuyen) atraía a ciertos chicos. Al inicio los veía solo como amigos, y a pesar de los comentarios de mis amigas, yo siempre negaba que tuvieran algún interés hacia mí que no fuera el amical. Luego todo cambiaba y yo, por miedo a la soledad, terminaba enganchándome con ellos. Digo enganchándome, porque a mis 28 años dudo mucho haberme enamorado realmente. El amor no es obsesión, no es querer tener a alguien a tus pies, no pide explicaciones constantes y no duele. Además como podría yo haber conocido el amor si durante toda mi vida me he rechazado, criticado y herido constantemente. Qué amor tendría para dar hacia los demás, si es he anulado el propio.