sheepfilms
Jules of Nature
almost home
Mike Driver
★
d e v o n

izzy's playlists!
Game of Thrones Daily
No title available

No title available
h

Game Changer & Make Some Noise
Monterey Bay Aquarium

roma★

pixel skylines
macklin celebrini has autism

PR's Tumblrdome
Show & Tell

Andulka
Sade Olutola

seen from United States
seen from United States

seen from United States
seen from United States

seen from Germany
seen from Argentina

seen from Malaysia

seen from Ireland
seen from United States
seen from Türkiye

seen from Bulgaria

seen from Italy
seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
@amaliaandrade
Aaahh Real Monsters! Here’s the third of an on going series of my reinterpretation of 90s toons! Let me know who you want to see next on instagram @williamnghiem
“Mermaid"
Published in Sadie Magazine
(2012)
“Full Moon”
Published in Sadie Magazine.
2012
I’M DONE (via)
art in details: female hands and hand-held fans.
Palette, Thomas Robson
MALCOM T. LIEPKE
Figurative artist Malcolm T. Liepke paints expressive images of men and women with increasing sensuality and range of emotions.
Keep reading
Bleachers - Don’t Take the Money (2017) dir. Lena Dunham
“You steal the air out of my lungs, you make me feel it”
Mais Duro
Laura estaba sentada encima de mi cama con una camiseta de La Sirenita y unos shorts azules. Estaba leyendo uno de los libros de “Las historias de Franz” que yo le había prestado mientras buscaba en el fondo de mi closet un casete de VHS que había conseguido a través de Carlos, el niño de la casa 11, a quién mi mamá me había prohibido hablarle. Cuando le pregunté por qué no podía hablarle a Carlos mi mamá respondió “porque sí” y cuando le dije que cómo así que porque sí me dijo “porque yo lo digo y ya”.
Como era de esperarse, no le hice caso. Desde muy pequeña pensé que si había un diálogo o alguna suerte de negociación todo podía funcionar. Si me decían: “No puedes hablarle a Carlos porque Carlos tiene lepra y puedes terminar en una isla de leprosos” o algo por el estilo, todo estaba bien, pero un porque sí no era una respuesta a mi altura, un porque sí era una respuesta perezosa, una arbitrariedad, un llamado a hacer todo lo contrario a falta de buenas explicaciones.
Carlos era alto y bronceado, tenía una cicatriz debajo del ojo derecho y caminaba como cargando un peso invisible, como arrastrando algo, tal vez el abandono de sus padres que supuestamente eran “ganaderos”, un eufemismo que en los noventa en Cali traducía a: involucrado de cierta manera en narcotráfico, lavado de activos, testaferrato o afines, y que por la tanto nunca pasaban tiempo con él.
Carlos tenía acceso privilegiado a un mundo entero de conocimientos, revistas, películas y demás cosas que yo anhelaba en exceso, primero porque quería saber qué hacían mis amigos hombres cuando estaban solos y Carlos (que también era hombre y que no era mi amigo pero si era amigo de mis amigos) estaba dispuesto a contarme, y segundo, tercero y cuarto: porque mientras él tenía 15 yo tenía 12, su casa siempre estaba sola (significado de libertad sin restricción), y era propietario de un arsenal de bienes que mi mamá jamás me compraría.
Lista de pertenencias de Carlos que yo siempre quise tener:
- Reloj Casio con calculadora
- Reloj Casio que servía de control remoto
- Mesa de billar que también era mesa de ping pong que también era mesa de hockey de mano
- TODOS los juegos de Mortal Kombat
- Todos los CD´s de los Beatles (él decía que eran de él pero siempre sospeché que eran de su papá)
- Colección completa de las Tortugas Ninjas (incluida Abril).
En esa época mis amigos hablaban de cosas como lo que pasaba si uno jugaba escondite americano, lo que se sentía darse besos con lengua, tener novia o ver revistas Playboy pero jamás hablaban de esto frente a mí, siempre se callaban una vez yo llegaba al parque, o al murito de la casa de Andrés, o a la banca de la piscina, o donde quisiera que estuvieran hablando. Odiaba la sensación de estar perdiéndome de cosas importantes (mis amigas hablaban de cosas insulsas como el último video de N´Sync, o cómo hacer collares con gel y escharcha) así que le pregunté a Carlos por aquellas conversaciones y Carlos me contó que habían descubierto que si uno ponía el canal brasilero Globo después de las once de la noche, podría ver escenas de porno entrecortadas por la mala señal. Beso, lenguas, caricias, más besos y lenguas y sexos desnudos y tríos y mujeres de espalda gimiendo “Mais duro, MAIS DURO, MAAAAIS DUUUUROOO”.
No se podía ver mucho en realidad, pero se dibujan escenas pornográficas entre aquellas líneas grises o la pantalla congelada, la imagen que bajaba como los créditos de un película y después volvía aparecer. Jamás había visto algo así. No sospechaba ni siquiera que tales cosas existieran. Mi idea de sexo era el sexo oral, que según yo, significaba: hablar de sexo.
Quise más. Le pregunté a Carlos si sabía donde podíamos ver lo que pasaban en Globo pero sin tantas líneas grises, sin tantas partes incompletas dejadas a la suerte de mi imaginación. Carlos me dijo que tenía una película en VHS que no era porno pero casi. Le dije “Préstemela” y el me dijo “Bueno pero si me das algo”. Yo le ofrecí todos las chocolatinas, Gansitos y comestibles similares que me encontrará en mi casa pero el me dijo que no, que no era eso lo que quería. “¿Entonces qué?” le pregunté y Carlos me respondió: “Lo que quiero es que me mostrés los calzones”.
Silencio.
Me pareció la petición más absurda. Tan absurda que no dije nada, me quedé ahí callada, quieta. ¿De qué le servía a Carlos verme los calzones? ¿No era lo mismo verme los calzones que verme el bikini en el que me veía a diario cuando nos gastábamos la tarde entera bajo el sol caleño, jugando Marco Polo o espías subacuáticos en la piscina?.
Le dije que bueno pero que a las siete detrás del kiosco. El resto de la tarde jugué con Laura Monopolio (Laura era pésima y yo siempre ganaba), cuando llegaron las siete fui al lugar pactado, me bajé los shorts, le mostré a Carlos mis calzones amarillos de los Power Rangers y eso fue todo. Carlos me entregó un casete de VHS que tenía escrito en el lomo la palabra KIDS con marcador azul y así cerramos nuestro pacto.
Al otro día estaba con Laura sentada encima de mi cama con su camiseta de La Sierenita pegada a la piel. “¿Querés ver esto conmigo?” le dije cuando finalmente encontré el casete enterrado en el fondo de mi closet. “¿Qué es?”, me preguntó y yo le dije que no era porno pero casi y Laura, como si nada, como si fuéramos a ver el Rey León otra vez me dijo que bueno y prendió el televisor.
Vimos la película sin entender mucho. Solo recuerdo una escena en especial que jamás ha abandonado mi cabeza, no por lo que vi, sino por lo que sentí al verla al lado de Laura: el silencio incomodo, su pierna encima de la mía como la ponía siempre que veíamos películas juntas, a lo qué olía la camiseta de La Sirenita que se le pegaba a la piel, su pelo rojo.
La película se acabó y Laura me preguntó si alguna vez me había dado un beso con alguien. Yo le dije que no y ella me dijo que ella sí y yo me quedé ahí esperando a que me besará pero Laura se quedó callada y nunca me besó.
Al otro día le devolví la película a Carlos y nunca más le volví a hablar.
by John Singer Sargent /detail/