unexpected || leonard & ambrose
El interés sobraba, pero eso no era algo que su helvético compañero debiera saber. Oprimió sus labios con sutileza, negando a encontrarse con la mirada que tantas sensaciones provocaba en su pecho. —No tienes que hacerlo.— pronunció con la intención de no ser escuchado; negando con la cabeza antes de inhalar la justa cantidad de aire para sus pulmones que parecían trabajar con más intensidad. Cruzó los brazos, acercándose a recepción cuando las personas en la fila disminuyeron, sin embargo, sus sentidos jamás se apartaron del rubio que, entonces, se expresó con la sinceridad que estaba buscando haca bastante tiempo. —No he tomado ninguna decisión.— se defendió de una manera apresurada, carraspeando antes de proseguir. —Quitarte de mi cabeza es una cuestión lógica que las personas hacen cuando…— pausó, terminando ahí la frase, pues continuarla se volvía innecesario. Ambos sabían a qué se refería. —Viajar a Gales, fue por mi padre. Estaba enfermo. Discúlpame por viajar de urgencia y no alcanzar a dejarte una nota con mi perfume sobre ella.— ironizó, bufando con cierta decepción. Estaba fatigado con todo el tema, pues el hecho de sentir algo tan nítido por un hombre, lo paralizaba por completo. —Quiero saber qué quieres. Quiero saber si realmente te importó tanto que me fuera, que te importa tanto lo de Fabrizzio. Estoy confundido. Y te estoy dando la última oportunidad de que me ayudes.— soltó la advertencia, recibiendo por fin las llaves de su dormitorio junto a una sorpresa: en la lista que había para firmar notó que su compañero no se trataba de nadie más que del mismo Ambrose. —Genial.— como si las cosas no pudieran empeorar.
¿No acababa de darle a entender que era eso precisamente lo que quería que hiciera? Con cansancio, suspiró, y miró con una nota de molestia al rubio. Lo cierto era que estaba exhausto, exhausto del viaje, de hablar con Leonard y de la situación en general. --¿Podrías decidirte de una vez?-- inquirió con el mismo tono plano de voz, llevando una mano a su rostro para pasarla por éste en una clara señal de desesperación. Desesperado, sí, así era como se encontraba en ese instante. Y tan confundido que estaba sorprendido que su mente no hubiese hecho explosión ya. Mantuvo una parte de su atención (toda la que pudo) en el galés, avanzando un par de pasos para acercarse a recepción. --¿Cuando qué?-- inquirió, enarcando una ceja con sospecha, antes de bufar con ironía cuando las palabras exageradas del otro rubio salieron a colación. --Oh, no, perdóname a mí por no mandarte un jodido telegrama, porque claramente no vivimos en la época de la tecnología y los teléfonos celulares. Y, claro, tampoco esperaba que fuera algo tan importante el despedirte como para creer que podrías tomarte un maldito minuto de tu jodidísimo tiempo para mandar un simple mensaje. Mi error, Maddox, mi error,-- todo ese veneno lo escupió de forma horrendamente sarcástica, inclusive llevando su mano a su pecho con fingido dolor. Se mantuvo de espaldas al otro mientras hablaba con las personas de recepción, pero no dejó de escucharlo en ningún segundo. ¿Cómo podría hacerlo? --Honestamente, Leonard, estoy cansado de esto. No sé si no quieres verlo o simplemente eres así de estúpido. ¿Crees que yo le diría a alguien, ya sea por mensaje o de frente, que desearía que estuviese conmigo? Porque si es así no me conoces en absoluto. Hasta la fecha, no soporto ver a Fabrizzio, y comienzo a pensar que es simplemente porque sé que él sí que es bueno para ti, que él no te va a alejar como yo lo hago, como tiendo a hacer con todos. Yo también estoy confundido. Y estoy harto. Y cansado,-- terminó con un profundo suspiro que denotaba la realidad de esas palabras. Miró de soslayo la lista cuando algo que creyó fue molestia tiñó esa simple palabra. Su expresión se ensombreció y asintió para sí, antes de decir con toda la naturalidad que podía juntar: --Quédatela, no me importa. Ya que tanto te molesta... Tú y Fabrizzio quédensela. Pagaré otra habitación.













