Hace mas de un año conocí a la persona que actualmente es mi novia.
No puedo imaginar historia mas bella que hoy recorre en mis venas y mis recuerdos, pero a su vez, la mas triste.
Tengo 29 años, pero en aquella fecha tenía 27. Trabajaba en un agradable lugar, acorde a lo que había estudiado, tenía los mejores jefes, podría decir que era una persona afortunada, sin embargo, mi vida emocional estaba completamente destruida. Pase muchos años de mi vida sumido en la depresión, cada año que pasaba me iba hundiendo mas y mas hasta que llegué a un punto de no retorno. O al menos eso creía. El septiembre del 2017 ya tenía completamente decidido en acabar con mi vida antes de cumplir los 28, me había alejado de mis amigos y estaba preparándome para despedirme de mi familia, ya tenía asumido que todo había acabado para mi, la vida ya no tenía sentido, la depresión había destruido todo, incluso hasta la voluntad. A principios de Octubre una chica comenzó a conversar conmigo a través de whatsapp, me preguntaba sobre paginas de doramas que doramas ver y yo amablemente se las entregué y en eso comenzamos a hablar “¿Por qué no?” me dije, después de todo, solo serán un par de veces, nada me ata a ella y nada la ata a ella a mi. Era una joven a punto de cumplir sus 18 años. Era una muy buena persona. La conocía de lejos por que era la hija de mis jefes, si, sabía de donde provenía esa cálida forma de ser. Comenzamos a hablar todos los días, era entretenido, hablábamos de monitos, de la vida, le presenté música nueva y viceversa, siempre le dije que mi vida era un poco oscura, y no por que era mala persona, si no por la depresión que llevaba cargando hace muchos años, no le conté mucho pues pensaba que aún era muy joven para entender estas cosas. Cada mañana entre 6:30 am y 7:00 am me daba los buenos dias, sin falta. Luego entre las 10 y las 11 am, me hablaba a ratos, sentía que ella no aguantaba no hablarme y yo no aguantaba no responderle y me di cuenta que cada día me sentía ansioso, si, ansioso por seguir hablando, por seguir descubriendo quien era ella, era misterioso y atrayente para mi, como un mosquito atraído por la luz ¿Por qué le tenía tanta confianza? ¿Qué era eso que me hacía abrirme hacia ella sin querer huir y ocultar mis sentimientos? La primera vez que fui a su casa fue para el cumpleaños de su hermano, íbamos con unas colegas y nos quedamos al aire libre conversando, ella, que con chalas de casa caminaba por la piedras, se sentó al lado mio a escucharnos charlar y reinos. Hacía frío esa noche y noté que ella podría resfriarse, me saqué el polerón y lo puse sobre sus pies para taparlos, noté que se sonrojó y se puso a reír y me dijo “gracias” su reacción me hizo sentir incomodo, no en el mal sentido, sentí que ese acto había sido el mas amable que había hecho hace muchisimo tiempo y el mas bochornoso al darme cuenta de la reacción de ella.
Por cosas del trabajo pasaba tiempo en su casa, haciendo proyectos, trabajando y siempre iba nervioso, yo era grande ¿Por qué debía ponerme nervioso con una joven como ella? Sin embargo, esperaba su llegada ansioso, haciéndome el tonto, como si no me importara. Cruzábamos miradas, no podía dejar de mirar aquellos ojos café intensos, rodeados de una doble corrida de pestañas, como si sus ojos hubiesen nacidos delineados por la vida. Cada vez que nuestros ojos se encontraban pasaban dos segundos y ella desviaba la mirada, tímida, no era capaz de sostenerme la mirada y yo en mi interior moría de ternura, luego sonreía ¿Qué escondían esos ojos? Cada vez que no estaba pendiente de ella la pillaba mirándome fijamente ¿Qué buscaban? No había nada en mi, estaba vacío, estaba muerto o al menos eso creía. No podía permitirme sentir mas nada por ella, primero, no me sentía capaz, segundo, era mayor para ella, 10 años mayor y mas encima transgenero.
No me di cuenta en como ella se convirtió en la razón por la que me sentía ansioso todos los días, me despertaba contento y mi estomago, dios, mi estomago estaba lleno de cosas que me hacían sonreír día a día de la forma mas pura y sincera ¿Quién era ahora? ¿Qué hay de mi fin? Mi mente quedó en silencio y solo sentí mi corazón latir y solo me digne a seguirlo.
Fue un domingo de la primera semana de noviembre, ese día, ella me besó. Venía llegando de una feria, me quedé a tomar once y estábamos secando platos en la cocina, conversábamos amenamente y en una charla secreta, de bajo tono, ella se acercó a mi y en silencio me beso, luego me dio otro y remató con otro beso. Fueron tres. Luego me me miró avergonzada y partió toda ruborizada hacia el living. No supe bien que hacer, que pensar ¿Ella me había besado? En ese preciso momento entendí todo, todo lo que me pasaba a mi y a ella, en ese momento descubrimos que nos estabamos empezando a querer, que ya había una semilla ahí ¿Debo pararla? ¿Qué hago? Quería volver a sentir sus labios, quería sentir su calidez, quería volver a sentir.
Nuestros sentimientos se fueron reforzando con los días, con las conversas, con los momentos que vivíamos, cada vez nos conocíamos mas y mas, yo me abrí a ella de tal forma que me sentí vulnerable, y si, tenía miedo pero sabía que podía confiar en ella. Aún me seguía preguntando ¿Está bien lo que estoy haciendo? ¿Esta bien sentir esto? Estaba preocupado por que era menor que yo y por sus padres, pensé mucho en ellos pero ¿Y yo? ¿que pasaba conmigo? Pasé mi vida pensando en los demás, en como hacerlos felices, en darles lo que necesitaba, en entregar todo sin recibir nada a cambio, en todo lo que me destruí para construir algo para las personas que me rodeaban y en ese momento, por primera vez, pensé en mi ¿Por qué esta vez no elegirme? Quiero ser feliz, quiero sentir, quiero sentirme vivo, tenía frente a mi todos los colores que jamás había visto en mi vida, tenía frente a mi la razón por la cual volví a escuchar el viento entre las hojas de los árboles, a disfrutar la lluvia, a sentir la hierba y la tierra bajo mis manos y bajo mis pies, a imaginar y volver a ser un niño y ser libre, libre de todo aquello que me atormentó. Elegí enfrentar la vida nuevamente, a tener la voluntad y seguir adelante, elegí vivir. Miré sus ojos y entendí que dentro de ese universo habían miles de lugares en la cual mi alma podía vivir, descansar, conocer. La miré y pensé “ella podría ser la indicada” y me di la oportunidad, por primera vez, de ser feliz.