Capitulo III
Es que no era casualidad, eran las sintonías de sus almas, sus cuerpos se sincronizaban de tal manera que lograban sentir el mismo calor recorrer su cuerpo, pasando desde los labios hasta las mejillas, bajando por su cuello recorriendo su pecho hasta llegar al final donde el calor colisionar con las reacciones de su cuerpo; ella recordaría una cita de su libro favorito “sintió lo que sentía la masa del buñuelo al tocar el aceite”.
Al sentir que el corazón se le salía por el pecho trato de contener sus impulsos, el alma se le escapaba por los oídos, era un amor en forma de beso, transformado en forma física, la dinámica de las reacciones químicas de sus cuerpos opaco a la misma pirotecnia.
Descubrieron la manera de calmar ese calor insaciable; llegar a representar esa forma de deseo, ya era incontenible la picazón en las manos, tenia que recorrer esa piel que estaba en punto de ebullición, las manos encontraron la manera de tener la piel a su disposición; desnuda como si fuera voluntad de la vestidura deslizarse por el cuerpo.
Y tal vez, era el inicio de la consumación de su deseo, llegar a ese lugar cálido y no querer salir, probar de esa miel y al fin ver ese fuego calmarse.











