“¿No viste por dónde se fue?” Frunció el ceño; usualmente huiría de los conflictos, pero no podía hacerlo después de ver cómo habían dejado a la rubia. ¿Es que algunos todavía no entendían que a las mujeres se las trataba con cariño? Lo ponía de malas. Se acercó a la mujer, alzando la vista y dejando ver sus ojos detrás de la capucha de su abrigo. “Necesitarás que te traten esas heridas” Murmuró, aún con el ceño fruncido, luego aliviando su expresión; no quería asustarla, quería ayudarla.
Negó ante la pregunta del coreano, llevando un mechón rubio detrás de su oreja. Asintió luego, mirando al piso y tragando saliva.
--- “¿Tienes alguna idea de adónde podría ir?”












