Solo un puñado de letras de una calavera dolorida.
Para el texto de hoy no tengo foto. Al menos, no todavía. Solo un puñado de letras improvisadas que, puede, no lleguen a ninguna parte. No obstante, de alguna manera, necesito expresarme. Y eso si es una novedad: llevo bastantes semanas, tal vez, meses encerrada en mí misma. La verdad, si me ha pasado algo. O, más bien, he recordado algo. En cierto modo, debería de estar contenta: al fin, la pieza que me faltaba. Lo que llevo años buscando. Pero, eso implica hacerme cargo de cosas que no me gustan. Y también, de cosas malas que yo he hecho. Había un hueco en mi vida. Y eso sí que lo había olvidado. Y en este caso, la realidad supera a la ficción. A todas las ficciones que yo haya inventado... Ciertamente, podía haberme quedado seca o tonta del todo para siempre. Sin embargo, sigo aquí. En carne viva y con la calavera dolorida, pero, aquí. No paro de llorar por los rincones. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas, casi sin yo quererlo. Es culpa y es vergüenza. Un sentimiento paradójico: por haber sobrevivido, por no haber vivido, por haber dicho, por no haber dicho... No sé si debería ser más indulgente conmigo misma, o, por el contrario, me quedo corta con este autodesprecio íntimo que me corroe y del que, todavía, no puedo desprenderme. Ojalá vuelva a disfrutar de los atardeceres... ¿Conoceré el amor alguna vez? ¿Cómo será que te quieran y querer?...
Estamos de "campaña electoral" en la facultad. Ya sabéis, quién se queda y quién se va. Es el momento de empezar la partida de póquer. Y yo solo quiero dormir. Otra forma de evadirme de la realidad. No obstante, parece que, en el fondo, todavía brilla en mí cierto destello de esperanza. Por eso, he comido con mi jefa y le he explicado la previsible derrota: no me van a renovar. Toca hacer las maletas. Mudarse, otra vez. Qué pereza. A estas alturas del partido, no cuento con un solo apoyo. La política y la diplomacia universitaria siempre se me han dado terriblemente mal. Y no es que sea insociable, es que ya no soportaría otra traición. Tomarle cariño a alguien y descubrir, de repente, que ha vendido mi afecto al diablo por colgarse una medalla. Por si eso fuera poco, yo misma he contribuido a empañar mi imagen. Es decir, el sambenito de torpe y rara no me lo quita ni cristo. Yo lo sé, que no estoy lo que se dice, precisamente, normal, que soy intensa, hipersensible, que no paro de llorar... En mi exposición de los hechos he tratado de ser lo más objetiva posible. No me he justificado ni una sola vez. Creo que es lo más honesto. Lo más sensato. Es evidente que el entorno es tóxico y que yo lo vivo como a través de un amplificador. Durante la conversación me doy cuenta de que ella no sabe nada de mí. De cómo soy, de mi diferencia, de mis meteduras de pata, de mis problemas de adaptación... Todavía no tengo ni una sola amiga aquí... Y lo que me pasa, o me ha pasado, es demasiado grande como para explicarlo. No sabría por dónde empezar. La verdad, tampoco tengo muchas ganas... Y no sé si me creería... Nadie lo hizo en su momento. Por eso, llevo años haciendo el idiota por ahí. Qué vergüenza. Por otro lado, no sé sí, realmente, vale la pena. ¿A quién le importa? A nadie, a nadie, a nadie, a mí...
Mientras escribo estas letras, el sol se esconde a través de la llanura y "mi compañera", manda un mensaje. Respondo de manera corta y precisa. Parca en amabilidad y simpatía. Nadie espera de mí que sea Miss Conciliability. Ni lo esperan ni les importa un pimiento, eso del buen rollo. Y a base de predicar en el desierto, he perdido las ganas de sonreír. Es curioso. Antes sentía la soledad como algo impuesto. Nunca, hasta ahora, había abandonado el deseo de fundirme con los demás. Sin embargo, ya no vislumbro esa posibilidad. Como el amor, puede que eso sea algo que se me haya negado. Simplemente, la soledad... En cambio, ella parece tan feliz. Con una vida tan recta y una trayectoria tan lineal. Está encantada de conocerse. Me repito mentalmente: eso es porque nunca la han cuestionado y a tí te han dado hasta en el carnet de identidad. Presume de directora de tesis, de hablar inglés y francés. Yo diría, por el contrario, que no sabe ni las cuatro reglas. Ese es el perfil que triunfa aquí: un cascarón hueco y presumido. Cuando la leo, me acuerdo de los versos: a tú t'han dit preciós i a mí m'han dit: "tu calla"... Pero no termino el poema porque le respondo que sí, que sí, que sí, que si bwana. Simple, directa y parca en amabilidad. Durante todo este tiempo, parece no entender lo que le digo. Se pasa mis palabras por el arco de triunfo. Bonita forma de ningunear. Y yo ya he renunciado a traducirme. Si lo que había en juego era el liderazgo se lo he cedido. Aunque yo haya trabajado más y me haya boicoteado. Otro clásico. Yo no brillo por lo que valgo, o por mi esfuerzo, sino por apagarte a ti. Y yo, no iba de eso. Me hubiera gustado colaborar. Y tenía propuestas. No obstante, no me veo disputándome el podium con una niña de colegio de pago. Con su inglés y su francés. ¡Niñata! Yo te explicaré que es aprender en barracones, pelear a cabezazos cada parcela ganada de educación con los pies fríos y el estómago vacío. Leer a escondidas, escaparte de casa para poder ir a la universidad. Que te desprecien los logros. Y, sin embargo, seguir... Te hablaré del miedo, te explicaré que es la soledad, la miseria, la marginación, la violencia. Yo te explicaré que es pasarte currando sola y enferma todas las vacaciones para que luego, llegues tú, y no me hagas ni puto caso. No obstante, sé que no puedo decirte nada de eso: te reventaría la cabeza. No quieres saber mi realidad. Solo mirarte al espejo y decirte lo guapa y lo inteligente que eres. Con tu inglés y tu francés de mierda. Aunque te declares abiertamente feminista. Feminista de gabinete. Sobre el papel. De pacotilla. ¿Sabes qué? Haced lo que queráis. Mi objetivo más inmediato es no ahogarme llorando. Mantenerme en pie. Cumplir mi horario. Que no se diga que no he peleado. Salir de aquí con un mínimo de dignidad. Aunque a nadie le importe. Y eso es lo único que hago desde hace años. Pelear. Y tratar de no ahogarme en mi llanto. Y peleando y llorando se me va la vida... De modo que, adelante, chiquilla. Colegio de pago. Inglés y francés. Manda y ordena. Todo lo que quieras. Para eso estoy yo, para decir que sí. ¿Quieres enseñarme a leer? Adelante. Siempre he sido un poco tonta. He chupado más banquillo y clases de diversificación que el Tato. Si no, no tendría la edad que tengo y estaría donde estoy. Capaz que tú vas y me iluminas. Con tu inglés y tu francés. Ya lo dice el refrán: a la vejez, la vaina. Yo ya me he comido más de la mitad de mi trabajo... Ponte la corona, la banda de honor. ¡El primer puesto es tuyo! Al fin y al cabo, nada nuevo bajo el sol. ¡La de tareas que no habré entregado en esta vida!... ¿A quién le importa? Evidentemente, a nadie, a nadie, a nadie, a nadie, a mí. Mi jefa dice que soy hipersensible. Y, una vez más, yo le digo que sí, que sí, que sí bwana... ¡Que sí!