cuando estaba en el colegio, tuve una mejor amiga. lo era todo para mí, y me desbordaba de ese amor adolescente que hace que las cosas se sientan mucho más intensas de lo que quizás realmente eran. fueron años de adorarla, pero de a poco nos perdimos, y al entrar a la u ya no tenía ni la fuerza ni las ganas ni el cuidado de buscarla. y a pesar de los cariños, las decepciones, los llantos, los besos, los abrazos y los quiebres, fue mi mejor amiga y al salir de ese torbellino entendí que nunca nadie más iba a poder llevar ese título en mi vida.
mucho después, cuando entré a mi antropología, ya no tenía ganas de conocer más gente. mi grupo de amigos de literatura se había desmoronado, y hace poco me había enterado que la culpable era j., ella misma me lo dijo, que era porque los chiquillos me ponían más atención a mi, según ella. así que se dedicó a sabotearme y por su culpa me quedé sola en mi peor momento. así que estaba un poco cansada. pero los monos chinos unen a la gente a veces, y con l. poquito a poco terminamos siendo inseparables.
l. era fanático de naruto, seguía el manga desde hace años y de repente me encontré acompañándolo a su casa, semana a semana, mientras me contaba en qué iba la trama. yo lo escuchaba a pesar de no entender mucho, pero me reía y le decía que que todo sonaba un tanto excesivo. recuerdo su decepción con el camino que había tomado la historia, y, cuando terminó, leímos juntos el último capítulo. le pareció una basura.
por muchos años, naruto fue lo que más me recordaba a él. más que las discusiones de política y ecología, más que nuestras conversaciones sobre el nen en medio de alguna fiesta, más que los viajes por la quinta, subiendo cerros despoblados o explorando las cuevas de la costa de pichicuy. la última vez lo que vi, estábamos mirando una puesta de sol en su pueblo, desde un sector abandonado, rodeados de esa luz del atardecer que hace que todo se vea dorado.
yo le dejé de hablar, y en verdad no creo que valga la pena explicar por qué. hoy, con el peso del tiempo que ha pasado, puedo aceptar que me arrepiento. pero en el momento me sentía incapaz siquiera de mirarlo a la cara sin escupirle mi veneno. en lo profundo de mi furia irracional, sabía que no era justo para él simplemente desaparecer, pero también sabía que me hubiera sido imposible hablarle sin hacerle un daño tremendo. porque mi rabia es así: inusual, pero destructiva.
y un día hace poco, años después, empecé a leer naruto. es algo que había pensado mucho, pero nunca lo había considerado realmente hasta ese día de jaqueca en febrero. de una u otra manera, se sintió como una forma de aferrarse, no de dejar ir. sueño con encontrármelo en la calle y contarle que ahora entiendo. sueño con tener algo que decirle, que no sea crueldad disfrazada de indiferencia. porque el tiempo y la madurez me hicieron aceptar que l. fue mi mejor amigo, otra vez. que si bien no era todo mi mundo, si era la persona que más quise en un momento, y que mis decisiones fueron una mierda y perdí otra vez porque soy cobarde y siempre voy a preferir correr a hacerme cargo de mi sentir.
así que l., mi segundo ex mejor amigo, pensarte es recordar algunos de mis mejores momentos. es la bici, el vino, los completos sin vienesa, las ganas de cuidar plantitas, y, ahora con comprensión de por medio, los narutos. te voy a amar hasta el día que me muera aunque nunca nos volvamos a ver, y espero sinceramente que seas mil veces más feliz que hace cinco años, para que todas las cosas malas que te hice no te penen y para que mi recuerdo duela, cada día, un poquito menos.