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@another-fucked-human
tengo la necesidad de querer saberlo todo,
de buscar explicaciones a cosas que quizás no la tengan.
radioactividad
Después de todo, toxica es una palabra que me define. Si yo estuviera en su lugar, desde hace mucho tiempo me hubiera ido.
Me siento triste y enojada. Aun no se que con quien, solo se que así me siento. ¿Si tanto te hago sufrir, qué haces aquí?
Regresar
“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”, versa la canción, y yo siempre termino regresando a las letras. Tengo más de un diario, donde he escrito a lo largo de estos últimos 4 años, los olvido y solo regreso a leerme, a encontrarme con mi yo del pasado. Por este momento de mi vida quisiera regresar a escribir aquí. Quisiera retomar el habito de escribir un diario, escaparme cinco minutos de mi rutina, de mis dos trabajos y de mi papel de psicóloga y sacar estas tristezas, nostalgias, desventuras y a veces desamores que traigo a cuestas.
Me gustaría escribir por las noches, pero se me da mas hacerlo cuando tengo muchos pendientes por terminar (como en este momento). Últimamente siento que llevo un año muy callada, tragándome mis opiniones o posicionándome desde un lugar neutro ( muy cómodo), lo cierto es que a mi no se me da eso de ser políticamente correcta, de hacer alianzas a conveniencia, lo mío es actuar, hablar, escribir, vivir, desde las viseras, sentirlo todo o no sentir nada.
Hace poco me encontré molesta con alguien que me salvo la vida (literal) y con quien desde hace ya varios años ha sido mi aliada en el feminismo. Le demostré mi desacuerdo, le dije el porqué pensaba que lo que hacia no era justo, no se si lo tomó en cuenta, no se si quiera si le interesaba mi opinión, sin embargo lo dije, y me retire, no pensaba seguirme desgastando en un proceso que es personal y donde ella sabe como lo vive y lo siente.
Ayer, por tercera vez intenté (fallidamente) comunicarme con alguien que desapareció (literal) de mi ciberespacio y entendí la frase de Isabel Allende en la casa de los espíritus: “No se puede encontrar a quien no quiere ser encontrado”. Lo entendí, esa fue la ultima vez que me intento comunicar.
En fin, con este texto marco mi regreso y espero ser constante.
Veinte días sin ti… y otras lecciones | M. Sierra Villanueva
Cambios de piel
Pasaron los meses y ya es otoño otra vez. El frío se cuela por mi nostalgia y la abrazo con una taza de café.
Volví a lo sitios donde ame la vida, y como las hojas, se secaron rápido los recuerdos, el polvo se hizo nostalgia y el amor se fue con el viento.
Hoy desperté y no podía creer que el 11 de Octubre se haya ido. Mi piel ya no es la misma, cargo con más heridas (que ahora nadie lame) mis dedos tienen llagas por no poder escribir me hice de una piel más resistente.
Es domingo por la noche y ya es octubre, mi cabello pide café y mis recuerdos este poema.
La jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado.
Alejandra Pizarnik (Fragmento de El despertar)
Sucias trampas que inventamos, dedicarnos poemas y canciones al aire, por si alguna los llega a encontrar, aguardando pacientemente la respuesta.
Recital de poesía con Diego Ojeda y Elvira Sastre. Sigue a Elvira Sastre en Twitter: @elvirasastre Más sobre Diego Ojeda: http://www.diegoojeda.com
“[...]Ya sabes, creo que el problema reside en que no pienso en ti, sino en mi contigo[...] Algún día te explicare porque la poesía agradeció que te fueras
Tesoros....
Felicia, ¿Tú sabes porqué deje de visitar a las amigas? No fue por casarme, ni por falta de tiempo o por falta de ganas, en un principio porque no soportaba las miradas acusadoras apenas aparecía soledad por la puerta, luego me fui alejando poco a poco porque no aguantaba que soledad anduviera ahí por el mundo, libre, feliz y lo peor de todo, sin evocarme. Mi egoísmo no me dejaba concebir cómo era que ella podía continuar su vida sin amarme, sin reclamarme ni una sola vez porque me case.
Lo peor del caso no fue solo separarme de ti y de nuestras amigas, me empecé a separar de mí, castigue mis letras, guarde los libros de poemas y me perdí en banalidades como ser una buena esposa y ser la mejor en la cocina. Me levantaba suspirando y a veces, cuando nadie me escuchaba me acostaba llorando, ya no sé si le lloraba a Soledad, a su recuerdo, a nuestros recuerdos, al amor, a la infelicidad o a lo que yo llamo a veces: no nací para ser esposa de nadie, me convertí en mi propio fantasma, en la peor versión de mí, cuando no estaba llorando, estaba molesta o con la mirada perdida, evocando no sé qué cosas. No sé si desde el principio fui muy evidente, o será que Chelita fue muy paciente conmigo, pero una noche, antes de dormir me pregunto si aún la extrañaba (a Soledad), me sentí descubierta, expuesta, pero aliviada, porque entonces ya no tendría que ocultar más mi tristeza. Chelita me confeso que llevaba meses observándome y sabía perfectamente que yo amaba a Soledad, más de lo que le amaba a ella , que ella me amaba con mis amores y que lloraría mis desamores como si fuesen propios. Esa misma noche, me sugirió que llamara a Soledad, que la invitara a desayunar, que ella me ayudaría a preparar el desayuno y nos dejaría la casa para conversar las dos en privado, sin dudarlo, llame a Soledad, agende el almuerzo y regrese a la cama con Chelita. Al día siguiente, desperté algunos minutos antes que ella pensé que al aceptar mi amor por Soledad le hacía daño, por mucho que Chelita quisiera ser moderna y aceptar que su amor tiene otros amores, que en realidad nunca hemos sido dos sino 3 podía afectar la relación no en unos días pero si en un futuro cercano, o bien seria el inicio de muchas discusiones futuras. En ese momento solo tenía dos opciones: 1. Romper el corazón de Chelita. 2. Romper el corazón de Soledad.
Tu mejor que nadie sabrás hasta donde he roto el corazón de Soledad, tu mejor que nadie abras cuestionado a Soledad por regresar una y otra vez conmigo, yo, la peor de todas, yo que probablemente en repetidas ocasiones use el amor(como cualquier macho lo haría) para justificar mis acciones. Felicia, voy a ser muy sincera contigo, rompí el corazón de Soledad una vez más porque me dio miedo lo que pudiera pasar en ese desayuno, me dio miedo pasarlo tan bien, tener los sentimientos tan expuestos que decidiera terminar mi matrimonio por arriesgarme a algo incierto con Soledad (no puedo decir que no fui feliz el tiempo que Soledad y yo compartimos juntas, sin embargo, ese tiempo yo nunca tuve ninguna certeza, siempre la pensé como un alma muy libre, que a la primera que el viento soplara en otra dirección ella se iría y me dejaría con mi amor y con todo lo que había construido para ella (he de confesarme una vez más contigo como la más egoísta de todas)), así que tome valor y cancele mi cita con ella, apenas alcance a articular: salió una emergencia, no podemos vernos. Soledad no me respondió nada, pues ella ya conocía mis emergencias, varios días después Soledad apareció borracha en mi casa, cantándome en el último trago, como soy muy cobarde, solo pude decirle que se fuera y esperar que eso no afectara la “tranquilidad” de mi matrimonio. ¿Qué si sufrí por eso? Claro que sufrí, sufrí por mí, por Soledad, por Chelita, por todas, por las tres, por ninguna, por mí. Después de varios días y de mucho meditar, tome la firme decisión de arrancarme a Soledad del corazón, amar con todo lo que soy a Chelita y que mis suspiros jamás volvieran a evocar a Soledad. ¿Qué si lo logre? Claro que lo logre, al principio dolió demasiado, no podía creer mi decisión, en medio de todo ese caos, un día Soledad me pregunto si estaba donde quería estar, si no habría alguna oportunidad de ser feliz con ella [continuara]
El Chico De Las Estrellas
Anuncios cortos
Simplemente he castigado mis letras, hasta que las muy cabronas dejen de querer contar historias que no me gustan.
Si usted no se encuentra entre estas lineas, no es por olvido, tedio o desamor, es porque me rehúso a escribir veinte historias distintas pero todas con el mismo final.
Mandala
Una vez quise ser hombre
Una vez quise ser hombre para casarme con mi hermana que ya lleva tres divorcios. Para amar a mis amigas que en cada relación mueren un poco. Quise ser hombre para fecundar sus vientres, no de hijos, sino de poesía, vino tinto, relojes parados, unicornios azules. Para decirle a Josefina cuanto admiro su forma de entregarse. Para escribirle a Rosi esas cartas que no llegan nunca. Llamar por teléfono a Pilar que espera tantas tardes. Llenar de caricias prolongadas el espacio de Beatriz, que vive sola y le tiene miedo a los temblores. Quise ser hombre, para amarlas a todas y no sentir más el frío de sus lágrimas en mi playera, ni mirarlas apagarse, ni presenciar sus funerales en sus ataúdes de treinta años. Quise ser hombre para invitarlas a volar el periférico, a bailar descalzas porque el América le ganó al Guadalajara, para llevarlas del brazo hasta una cama donde no tengan que fingir orgasmos. Pero soy mujer y, aunque puedo compartir con ellas la poesía, escribirles cartas, llamarlas por teléfono, llenarlas de caricias prolongadas, volar el periférico, bailar descalzas, secar su llanto, tocar su alma… No es suficiente. No les alcanza. Porque, desde niñas, aprendieron que los hombres son un premio al que hay que amar, sin importar si ellos las aman.
Rosa María Roffiel