La sociedad nos ha enseñado que envejecer es malo, indeseable, que lo mejor de la vida es ser (y verte) jovial. Lo cierto es que prefiero mil veces tener 29 a tener 20 años.
Pasa el tiempo y siento que mi mente se nutre de nuevas ideas, reflexiones, modos de ver la vida. Y agradezco. Agradezco a mi entorno, a mi lugar de formación y, por sobretodo, a mi misma. Por estar desde pequeña cuestionando y contradiciendo, en voz alta y en mi cabeza. Por ser de esas que no se conforman con lo que la sociedad ha dictado como norma de ser.
Muchos creen que el saber está sólo para los que tuvieron acceso a la educación superior, para las ratas de biblioteca, para los privilegiados que pueden seguir estudiando (y pagando por ello) una buena parte de su vida. No creo que sea así (podría extenderme más al respecto, pero eso sería para otro post).
Siento que podemos aprender, evolucionar como individuos sin siquiera tener una bibliografía bajo el brazo. Y no hablo de aprender a punta de la lectura, los porrazos, decepciones y desamores (que es obvio). Hablo de lograrlo a través de la conversación, la discusión, el pensar más allá. Deberíamos darle mayor importancia a lo que hablamos constantemente. Compartir nuestras visiones, "irse en la volá", es increíblemente enriquecedor. Y no solo con esas pocas personas que puedes charlar una eternidad. También deberíamos hacerlo con nuestra familia y, por qué no, compañeros de trabajo. Estar abiertos a exponer ideas, debatir, ceder si es necesario. Veremos que siempre podemos aprender y replantearnos todo, sin importar la diferencia etárea y de estudios.
Conversemos, rabiemos, escuchemos. Salgamos del modo automático de conversación apropiada.
Por último, quiero comentar que me gusta lo de ser "la mejor versión de uno/a mismo/a" y que no tenga que ver con una supuesta perfección o tener una moral intachable. Creo que eso es realmente haber crecido.