PAZ O AMOR by Marina Mariasch
Estoy leyendo PAZ O AMOR -poemas reunidos- (Blatt & Ríos, 2014) de Marina Mariasch y me entusiasma muchísimo. Abrir un libro de Marina Mariasch es, ante todo, enfrentarse a un universo tanto político como personal, una situación sumamente emocional y comprometida. Es sentirse abrumada por el entramado de estímulos que invitan a profundizar en las lecturas, a llevar y traer ideas en el tiempo. La interioridad y el exterior confluyen, se acompañan, a veces se golpean y cuestionan; dando como resultado una amalgama abrasadora y clínica, y el espesor correspondiente al juego entre lo liviano, lo oído al pasar pero dicho al pesar, y lo contundente, lo heavy mental. Marina es una prestidigitadora de los espesores, sus poemas cruzan texturas, discotecas, maternidades, canciones, problemas con el dinero, dudas sobre la ideología y cuestionamientos en torno al género con una sutileza punk; da en el borde de la cosa, en la sutura misma del qué.
El libro, que comienza con su último trabajo inédito y viaja hacia atrás en el tiempo, haciendo las veces de una retrospectiva, nos da la oportunidad de concurrir a la construcción de una deconstrucción: la desintegración de una poética ya edificada en la urgencia de la idea pura. Un camino que parte desde la disyuntiva entre "paz o amor" inseminado por el título de su último libro, en adelante y/o hacia atrás: esa sensación de que tanto el presente, como el futuro e incluso el pasado pueden ser una cosa u otra completamente distinta, según a qué zona -iluminada u oscura- se le esté prestando atención.
Este libro resulta vital para entender una identidad, la de la autora, pero también la propia, entre los pasajes de una lengua que se va abriendo como una mamushka hasta dar con el hueso de la marinística ahí, en el final del libro que coincide con su primero publicado. Son poemas que tienen niveles, que van dialogando entre sí para desvestir una fachada doméstica y denotar contundentes problemas políticos desde una presunta ingenuidad: frases inocentes que parten como rayos.
Todo lo malo que me dijeron de vos era verdad
el domingo los vecinos hacían un asado
me preguntaste qué hacía si quedaba
No voy a decir nada
malo de vos, no soy así. Cuando te vi
no me gustaste tanto, estabas todo de negro,
re oscuro, pero me gusta
conocer a las personas, perdón
por escribir mal de vos, vas bajando
en mi bandeja de entrada, te vas perdiendo
en el montón, todos somos brumosos
me servías para no pensar tanto
para escribir poemas de amor
al final todo se trata de uno mismo,
perdón :)
Canción del marxismo occidental
No veo nada, está oscuro
me enamoro ocho de cada diez veces
que viajo en transporte público.
Los pájaros cantan los nombres
de películas malas, novelas buenas
urgencias, emergencias, ¿cerebro o corazón?
Ahora creo que me gustás
pero es sólo que con vos
entiendo Lukács.
Los pájaros cantan los nombres
de películas malas, novelas buenas
picazón, hinchazón, ¿cerebro o corazón?
***
De todo lo que me rodea, nada, nada me pertenece
En la casa hay sólo dos tipos de objetos: los objetos con valor afectivo y los objetos con valor de mercado. Debería, entre todo esto, buscar algo como yo, pero quién soy yo, esta, aquella, la de más allá. Me siento afiebrada, aunque es sólo el calor. Leo esa poesía, que es pura inteligencia. No hay morbo, no hay especulación. Recurro a un procedimiento del cine: ponerle música infantil a una escena de terror. Más allá, leo “Guía para entrar y salir de la vida ajena”. Escucho esta música, que es pura sensación. Aquel día que escribí sobre las casas no sabía nada de los huracanes -ni tal otro, ni tal otro, ni tal otro. Buscando entre las cosas de la casa algo para regalar encuentro una tarjeta con dedicatoria: “Para la música fuerte, la que despierta vecinos”. Leo “Instrucciones para reconocer a tus ídolos”. Registro los movimientos que hacías mientras dormías. Leo “Mecánica del aquí y ahora”. Escucho todos los sonidos del mundo rebotando contra las paredes. Aprendo a leer la música.
Durante meses
hubo una manchita negra en el piso.
Yo la miraba de vez en cuando
pensando que era una gota de sangre grande
tuya, que había salpicado la última vez
que te lastimaste.
Estaba en un rincón cerca de la ventana
la mancha
y yo la aprovechaba para llorar
pensando en cualquier cosa
cuando la veía
desde la transición del rojo al negro
y otras transiciones.
Pensaba en su consistencia
pero no me animaba a tocarla; no me animé
hasta un día, de rabia de mirarla
la toqué. A veces,
por cualquier razón,
al pensar en ese rincón
o en el vidrio, la rotura que te lastimó
me viene la mancha de sangre:
una gota negra, grande
como de morcilla
pero sin gusto, una parte de la casa
donde se juntan cosas.
Vos nunca me das
la plata.
Sólo me das
esos papeles tontos
y en el momento de las negociaciones
te quebrás.
Yo nunca te doy mi número, sólo te doy el plano
de situación
y en el momento de la investigación:
me quiebro.
¿Y todos esos momento mágicos?
Antes, veía un tipo fumando
y decía:
¡ah! pobre, tiene una debilidad.
Y así me bancaba su aspecto
de matón. Ahora:
gente que no conozco me duele
cuando pienso en ella. Idem:
la cara de mis amigas
cuando hablan de las ex novias
de sus novios.
Tenés que estar siempre contento,
dormir
en el lado izquierdo. Pero, por favor
sin alarmas y, te lo pido,
sin sorpresas.
Alguien, como vos,
perpetúa su existencia,
reinventando la familia.
Piensa que así
se hace más joven. Pensás
en otras cosas mientras
te hablo. No me das plata,
no me das nada, mirás
para otro lado.