shaiasi:
“Exacto, por eso es que no tiene sentido” fingió, esta vez, no encontrar el sarcasmo en las palabras ajenas, y coincidir en lo que acababa de asegurar. Porque su memoria ponzoñosa resultaba muy útil a la hora de recordarle los motivos por los que debía guardar resentimientos, por muy insignificantes que fueran. "Es lo mismo que me pregunto yo, mis privilegios me privarían de tu presencia en este momento, por ejemplo, pero no sé en dónde están los guardias.” Era probable que el corte de luz los mantuviera ocupados, quizás repartiendo instrucciones y herramientas para sobrevivir a la penumbra, una tarea que tarde o temprano (imaginaba) llegaría hasta él. “¿Quieres pasar al baño para secarte?” le dio la libertad de acceder al tocador, considerando que no habría ropa seca que ayudara si continuaba empapado al realizar el cambio de prendas. “Te creo lo suficientemente descarado como para pasearte por el palacio en ellas” aseguró, lejano a buscar compensar cualquier falta en sus insinuaciones. La expresión de su rostro falló en el intento de mantenerse inmutable, pero fue ligera la curva que tensó sus comisuras. “¿Cuál es el problema? ¿No quieres conquistar corazones de camino a tu habitación? Porque te aseguro que la oscuridad no sería lo único que te mantendría a salvo de lograrlo” y que se alejara de su clóset para, en cambio, acercarse hasta su cama podía indicar que cualquier cambio en su elección estaba por completo descartado, pero no: “Elige la que tú quieras, me niego a pasar el resto de la noche intentando acertarle a tu pésimo gusto.”
“Muy profesionales los eligen. Me extraña porque conmigo pusieron demasiados reparos antes de contratarme,” aún recuerda la cantidad de formularios, documentos y entrevistas tediosas, pero tiene un mero objetivo en mente al avanzar por aquél camino: “así que tal vez sea que a tus escoltas no les agradas, ¿no crees? Si a ellos también le has enviado mensajes a altas horas de la noche por inconveniente menores, no me quedarán dudas.” contrario a lo que pueda aparentar, no existe ningún rechazo particular del cuidador al príncipe. Es el desagrado natural por la mayoría de las personas del palacio lo que probablemente dio comienzo a la mala relación que mantienen, quizá también la confianza que le inspiró desde el día uno como para comportarse auténtico a pesar de la relación empleado/jefe que los une. “Me estás tratando de ladrón.” pasa en limpio a su antojo, expone su conclusión de todo lo escuchado y la evidente decisión de ignorar cualquier broma, si es que la hubo. Sigue al príncipe (o a su sombra) con la mirada ante lo siguiente. Sus párpados terminan por caer con cansancio, no precisa ni siquiera considerar por un segundo la opción de explorar un armario ajeno, sabe que no está dispuesto a hacerlo. Su lengua recorre el labio inferior antes de capturarlo con los dientes, mano contraria a la que sostenía la ropa ataja la misma en un brusco movimiento que sólo antecede al cuidador entrando en el baño. Su queja se traduce en ese accionar.











