Qué tan mal debes sentirte cuando el error más grande de tu vida fue meramente tu culpa?
Cuando por un clic mal hecho todo lo que esperabas se esfuma y no le ves ni pies ni cabeza al mundo entero.
Entonces, ¿desperdiciar un año, que podría convertirse en otros tantos o aceptar el error pero quedar insatisfecha y todos los días tener que lidiar con las personas que te recordarán lo que pudiste ser, pero que por cuestión de un clic no serás?
¿Realmente valdrá la pena el hacer esos sacrificios (tiempo, dinero, estrés, etc.)?
¿Realmente valdrá la pena no hacer esos sacrificios?
¡Cómo arreglar este lío!
Lo peor es cuando recuerdas el momento, aquel instante en el que estabas convencida de que lo habías hecho todo bien; el que duró horas de sufrimiento por no saber cómo rellenar aquellos espaciados.
Te das cuenta que tardaste horas para que al final todo valiera madres, porque lo hiciste mal...
Olvidaba las preguntas incómodas por parte de los que “lo hicieron bien”. Obviamente les encantará y reirán de lo ajeno.
Obviamente es inevitable sentirte mal.
Obviamente estoy mal.
Y al final, todo por no arriesgarme, todo por querer ser más reservada y salió peor.
Pero, no será que a mí me chinga la vida y hará que todo me cueste más?
Es mi Karma, mi paga, por lo que hice? No lo sé.
Pero al final de cuentas, al final de estas líneas, descubro que todo cuesta mucho, a unos más que a otros; otros tantos que lo “hicieron bien” acaban mal y viceversa, claro que siempre hay excepciones, no?
Entonces, no sé qué haré, no durante este año, pero sé cuál es mi meta y sé que la he de lograr, así pasen decenas de años ya sé cuál es mi sueño, mi meta y sé que la he de lograr.
Tan mal no me va, aún creo en mí