Había recuperado su motocicleta con éxito luego del reencuentro, solamente debía hacer una llamada y apareció nuevamente en su garaje. Ahora tenerla era crucial, tenía suficiente como para querer ver el mundo arder y era solamente el hecho de que se veía fabuloso de esa forma, además el estar en vacaciones le permitía estar fuera de sus casillas todo lo que quisiera, podrían faltarle todos los tornillos, pero nadie podía reclamarle nada y aunque si lo hicieran a ella poco le importaba.
Era interesante ver los noticieros y sonreír ante cada robo nuevo, de ella, de él, de ambos, solamente le sacaba una sonrisa, por eso aquella noche no iba a ser menos que las anteriores, un nuevo objetivo, una nueva atracción.
Esta vez no era con propósito de robo, aunque había conseguido bonitas joyas que había ocultado ya, pero había comenzado con el uso de sus poderes, causando daño, sus venas se ponían negras mientras el veneno se esparcía por esa pequeña zona, sobre todo en el lugar en el que se había concentrado, pero se detuvo antes de extender el alcance y que pequeñas gotas negras salieran de sus ojos, pero lo siguiente fue el fósforo que lanzó, había tirado litros de gasolina haciendo un camino desde afuera y en determinados lugares dentro — ¿No es lo más hermoso que has visto?— Le preguntó a la persona que estaba detrás suyo, pero sin mirarlo, el sufrimiento y la destrucción le causaba diversión y cierta admiración, no era el fuego eso era solo un detalle, pero era como una pintura de puntillismo, todo el conjunto hacia algo impresionante— Ahora si ¿Que quieres o por que te quedaste? — La rubia había sacado su celular y le tomó una fotografía antes de girarse a ver a la persona con una gran sonrisa.
Semejante espectáculo estaba presenciando. Aquél edificio se hacía añicos, mientras las llamas relucían tan brillantes como el sol. Embelesada se quedó la texana, prácticamente perpleja y dudosa de lo que sus ojos eran capaces de ver. Quería creer que todo aquello era una ilusión, que en realidad no estaba escuchando los gritos de terror de cada persona que se aproximaba soltaba, pero por más que eso, quería creerlo por el hecho de que ella no controlaba su habilidad para hacer algo al respecto. Aquello era un verdadero desastre. Y claramente sentía miedo, así como también una pizca de culpabilidad por dejar que todo eso pasara.
Por más que tuviera las intenciones de ayudar, había algo en su interior que le estaba jugando una mala pasada, volviéndola incapaz de mover un solo músculo de su cuerpo hasta la acción. “¿Tu has hecho eso?” balbuceó, debiendo cerrar sus luceros para despejar la imagen de terror que recién se había establecido en su cabeza.
Tal vez no poseía el poder de clarividencia, pero no necesitaba para sentir la destrucción que se avecinaba allí. “¿Qué a caso eres una psicópata? ¿O es que estás demente?” interrogó, desconociendo las razones que la había llevado a hacer algo así. Carecía de cualquier sentido, pues su ideal consistía en que ninguna persona naturalmente bien de la cabeza se dedicaría a causar tanto daño. “Dime, ¿por qué lo haces? De verdad no comprendo cuál podría ser tu motivación para realizar algo así”.