itsxaphrodite:
No se podía decir que Afrodita estuviera molesta o aburrida al encontrarse en el Campamento Mestizo. Claro, a la diosa siempre le había gustado vagar entre los mortales, le resultaban de lo mas fascinantes y las grandes pruebas de amor que se daban entre ellos eran de sus cosas favoritas para disfrutar. Lamentablemente aquellos mestizos que vivían en el campamento parecían no tener mucho amor para darse entre ellos y con la llegada de los dioses, padres y madres, aquello no parecía mejorar en lo absoluto.
La rubia se había alejado un poco de las cabañas donde había sido acomodada junto a sus hijas e hijos, comenzando a vagar por las zonas de entrenamiento y notando a aquellos feroces guerreros desde lo lejos, sin poder evitar pensar en Ares. ¿Dónde estaría? No lo había visto en el campamento todavía, ni a él ni a Hefesto. Aunque claro, al segundo era mejor perderle que encontrarlo.
For @areioss
Es extraño que aquello que lo enerva sea la calma. Y no cualquier calma. Está bien con aquella que precede a una tormenta, a un ataque en medio de una guerra y que suele dar pie a alguna victoria. Nunca ha sido un hombre que favorezca la tranquilidad, a diferencia de algunos de los otros dioses. No. Es esa sensación de seguridad y quietud en el campamento la que hace que su humor se encuentre en uno de sus peores momentos, en que absolutamente todo le molesta y cualquier excusa para iniciar una pelea es buena. De momento, se encuentra cerca del área de entrenamiento, manteniéndose lo más alejado posible para evitar distracción en aquellos a los que observa, su atención puesta en sus dos hijos varones, mientras una lista de correcciones mentales se expande en su mente. Cualquier otro diría que eran de los mejores, pero Ares era más difícil de impresionar, por no decir imposible. No esperaba nada menos que perfección, en especial de aquellos que llevaban su sangre. Distracción se presenta en la forma de una ostentosa mujer, cabello rubio que atrapa su atención de manera inmediata y facciones que han sido talladas por incontables artistas, cuerpo que incita al pecado y que arrastra consigo hasta al más fuerte. —Afrodita,— pronuncia con parsimonia, simplemente, facciones adustas que apenas muestran una curvatura en la comisura derecha de sus labios. Y es suficiente, para aquellos que le conocen. Además, mentiría si no hubiera estado pensando en encontrarla en ese hoyo infernal en el que los han obligado a estar.











