un arma descargada
¿será posible pasar casi todo el día inexplicable e insuficientemente triste?, últimamente es como me siento, y sólo logro ahogar -una a una- cada lágrima que siento que está por salir de mis pequeñísimos ojos, avergonzada, las detengo, preguntándome a mí misma qué está pasando, buscando uno y mil porqués sobre esas errantes ganas de llorar dulce y profundamente, y no encuentro ni uno ni mil porqués, de pronto -siempre me pasa- me convierto en el (o la) protagonista de la novela japonesa que me encuentro leyendo en esos momentos: tan inseguro (a), depresivo (a), emocionalmente inestable e infinita, y absurdamente solo (a) con aires suicidas, pero con un breve espacio de amor a la vida, en esto se han convertido mis trayectos en camión rumbo al trabajo, y todo me molesta o todo me hace sentir ganas de escupir un raudal de lágrimas por los ojos, me siento un arma descargada, un foco sin chispa, un volcán cansado de hacer erupción, el “chingatumadre” que nunca le dije a quien debía.










