smelhlter:
DÍA DOS // EQUIPO EXPLORACIÓN.
El sonido de balas cargándose (y no es nuevo así como tampoco el frío de una empuñadura contra la espalda, escondida por debajo del calor del abrigo) como melodía de los primeros pasos, fachada hotelera apreciable a los primeros metros de pasos recorridos. “Oye, ¿llevas agua ahí?” el peso en la humilde mochila propia era el mínimo posible, además de la segunda selección de elemento para la defensa y ofensiva, algún que otro precavido objeto si sucesos de tipo violento ponían estabilidad física en peligro, el resto era vacío absoluto. La sequedad en la garganta le obliga a invocar esas silabas, sin detener el rumbo y tan sólo de soslayo buscando adivinar a quién tenía al lado.
Vísceras símiles a un dátil, carentes de líquido y absortas de desgano, suelas que rubrican patrones por el temor a la soledad, que allanan terrenos facilitando el blanco para aquel ente de hipotéticas facciones. Nudillos color del marfil tallan sus ojos, Morfeo elude desamparar su silueta. Cutis oscila de lado a lado acompaña a la mandíbula tensa en vista de una réplica negativa, aturdimiento engendrado por la esporádica exposición de los planes se diluye en la palidez de su dermis. “No, ¿debería de?” Inquiere, peso estimado que reposa sobre su espinazo es el suficiente para no significar un obstáculo a las siluetas paseantes, torpeza inherente adiciona a un traslado sosegado e insoportable; no era algo que deseaba. “Creí que no íbamos a alejarnos tanto como para necesitar un poco.” Conclusión que sus carmines deciden profesar en la oportunidad equívoca, una vez más.










