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En un rincón del gran salón se encontraba la castaña, prácticamente hecha un ovillo en una de las tantas sillas mientras se encontraba completamente sumida en los trazos que llevaba a cabo en su cuaderno, releyendo cada párrafo que con tanta naturalidad podía escribir, en especial cuando contaba con la colaboración de nada menos que la inspiración y la amenidad de la zona no hacía más que mantenerla en su pequeño mundo. Claro que eso no implicaba que Candice fuera la persona más callada del mundo, no cuando realizaba sus tachones y maldecía deliberadamente, tanto así, que se llevó algo parecido a un regaño por la otra persona que estaba en la sala. Disparó sus oceánicas esferas hacia el masculino, frunciendo el ceño. “¿y qué demonios se supone que estás haciendo tú?” Cuestionó con cierta indignación por la frase utilizada, agrediendo más que nada el orgullo de la británica. “¡Ding, ding! Es hora de la cena, genio.”
Atlas frunció el ceño, ambos brazos se cruzaron sobre su pecho y miraba a la otra con una mueca “Estoy creando un programa que hará que las aspiradoras y otros tipos de robots de limpieza funcionen con comando o aprendan rutinas y se manejen solos, y me imagino que tú estás haciendo algo bastante idiota comparado con lo mío” rió mientras se levantaba y se acercaba a la otra, miró hacía abajo y señaló al cuaderno “¿Que escribes en ese diario, las estupideces que has hecho en el día?”












